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Tuesday, March 21, 2006

El plan Humala y las mentiras de Bustamante

Confieso que me es difícil debatir con los que, además de practicar el camuflaje, mienten. Con ellos, no hay aprendizaje alguno. Esta será, por eso, mi última mención a Bustamante. Él sigue criticando el Plan de Humala sin haberlo entendido. No acepta que la globalización también tiene efectos negativos y, claro está, no ha leído a Stiglitz. Este ex gerente de la empresa quebrada Orión nunca comprenderá que la lucha por los mercados externos es un "juego de suma cero".

Su respuesta a mi defensa del Plan de Humala fue una behetría mental. Empezó apoyándose en Stiglitz para afirmar que, de aplicarse el Plan, "se destruiría la economía peruana y daríamos un estúpido salto hacia atrás". Mi reacción a esta injuria fue glosarle unos párrafos del libro de Stiglitz que él citó (con número de página equivocado), para ayudarle a comprenderlo. Pero he recibido una capullada de respuesta. Dice que "analizo la realidad nacional a través de los ojos y pensamiento de un norteamericano". Ciertamente, no puedo exigirle que lea mis libros y artículos sobre nuestra economía, ni menos pedirle que renuncie a su pensamiento meteco para defender el interés nacional.

El ingeniero Bustamante no entenderá jamás que el comercio es de flujos de exportaciones e importaciones, y que la balanza de estos flujos, solo bajo ciertas condiciones –lo decían ya los fisiócratas basándose en Cantillón (1755)--, podría incrementar el ingreso. "En la generación de flujos –sentencia Bustamante– está la creación de riqueza, tanto por la ampliación de los mercados como por la especialización, la división del trabajo". ¿Sabrá lo que dice o será solo un camuflaje?

"Queremos –se dice en el Plan de Humala– que nuestra economía sea capaz de diversificar y expandir sus mercados internos, generar cambios tecnológicos endógenos y aumentos sostenidos en la productividad. Así, al reducirse los costos por unidad producida, la competitividad del Perú crecerá" (página 20). Los mercados en expansión permiten que se extienda la división del trabajo y la especialización y, por lo tanto, que aumente la productividad. Cuando la productividad aumenta, los costos unitarios de producción disminuyen y, en consecuencia, aumenta la competitividad o la capacidad de penetración en los mercados externos. Si una participación acrecentada en el comercio exterior se suma al crecimiento del mercado interno, es decir, no lo reduce, entonces continuará el círculo virtuoso de aumento de la productividad y la competitividad.

Los globalizadores y neoliberales no entienden este argumento, por eso defendieron la tercerización del trabajo y la precarización salarial como medios para aumentar la competitividad. "Esta estrategia de disminución de costos del trabajo para ganar participación en los mercados externos –se dice en el Plan de Humala– tiende a reducir el tamaño de mercado doméstico porque comprime los ingresos de los trabajadores". Además, esta estrategia no es el camino para construir relaciones internacionales armoniosas porque privilegia la participación en los mercados externos a costa de los mercados internos (página 35).

Bustamante me acusa de no creer en el mercado. Su behetría lo lleva a confundir la realidad con un acto de fe. El Plan de Humala es para una economía de mercado. En él se propone una estrategia de incorporación a la modernidad de la población pobre, excluida, de la costa, sierra y selva del país. Se propone construir Nación. "La agenda de un crecimiento integrador del país con un nuevo modo de crecer creando mercados internos, aumentando el empleo e incorporando al mercado a la población excluida y provinciana del país –se dice en el Plan–, es avanzar desde adentro y hacia afuera, sin cerrarse al mundo y sin crear déficit externos" (página 35).

Bustamante afirma que planteamos "suplantar la inversión privada por la inversión pública" y "condenar al país a la falta de inversión". No es una cita; es otra mentira. Lo que en verdad se propone en el Plan de Humala es, además del fortalecimiento de los organismos reguladores y la adecuación del marco legal para una real defensa de la competencia, que "la energía, los hidrocarburos, el gas, la electricidad, los servicios esenciales, el agua y saneamiento, el espacio aerocomercial y los puertos, (sean) actividades estratégicas puestas al servicio del desarrollo de la Nación" (página 41). En este sentido se dice que serán nacionalizadas. Y, para que no quepa dudas, se señala que su régimen empresarial será pluralista: "coexistirán en cada caso las empresas privadas, públicas, mixtas, asociaciones y operadores, y (se establecerán) reglas de juego para asegurar la contribución al desarrollo de las empresas de capital extranjero" (página 41).

Solo los que no conocen las fronteras de lo Nacional pueden decir que estos planteamientos atentan contra la inversión.

Diario La República

Tuesday, March 14, 2006

El mercado y el señor Pablo Bustamante

A Pablo Bustamante le parece increíble que la lucha por los mercados externos sea un juego de suma cero porque, imagino, nunca ha leído un texto elemental de comercio. Si en el mundo hubiera sólo dos países y uno tuviera superávit comercial, el otro tendría que tener déficit. La suma de sus balanzas comerciales tendría que ser, por lo tanto, igual a cero. Si hay países superavitarios tienen que haber necesariamente países deficitarios. ¡No pueden ser todos superavitarios! Stglitz lo menciona en el libro que supuestamente ha leído Bustamante: “…si un país importa más de lo que exporta (es decir, tiene déficit comercial), otro país debe estar exportando más de los que importa (tiene un superávit comercial). Una regla inquebrantable de la contabilidad internacional es que la suma de todos los déficits del mundo debe igualar a la suma de todos los superávits” (“El malestar de la globalización”, Taurus, 2002, página 253). Increíble que no lo sepa el ex gerente de la desaparecida Orión.

Es verdad que la globalización es una realidad, pero también es verdad que tiene efectos nocivos en economías como la nuestra, donde la pobreza sigue siendo superior al 50% de la población después de tres lustros de neoliberalismo. Según Stiglitz: “…las políticas económicas derivadas del Consenso de Washington y aplicadas en las naciones subdesarrolladas no eran las apropiadas…” (Ídem, página 41). “Forzar a un país en desarrollo a abrirse a los productos importados que compiten con los elaborados por alguna de sus industrias, peligrosamente vulnerables a la competencia de buena parte de industrias más vigorosas en otros países, puede tener consecuencias desastrosas, sociales y económicas. Se han destruido empleos sistemáticamente…antes que los sectores industriales y agrícolas de los países pudieran fortalecerse y crear nuevos puestos de trabajo” (Ídem, página 42). Precisamente, en el Plan de Humala se propone fortalecer la industria y el agro nacionales, y sus mercados internos, para competir en mejores condiciones en los mercados internacionales.

Stiglitz no dice que la globalización per se ayuda a eliminar la pobreza. “Los críticos de la globalización acusan a los países occidentales de hipócritas, con razón: forzaron a los pobres a eliminar las barreras comerciales, pero ellos mantuvieron las suyas e impidieron a los países subdesarrollados exportar productos agrícolas privándolos de una angustiosamente necesaria renta vía exportaciones” (Ídem, página 31). Más adelante agrega, “Si los beneficios de la globalización han resultado en demasiadas ocasiones inferiores a los que sus defensores reivindican, el precio pagado ha sido superior, porque el medio ambiente fue destruido, los procesos políticos corrompidos y el veloz ritmo de los cambios no dejó a los países un tiempo suficiente para la adaptación cultural” (Ídem, página 33).

A Bustamante no le gusta que la economía de mercado sea regulada y que el Estado tenga responsabilidad de velar por el interés económico nacional frente a las empresas extranjeras que operan en actividades estratégicas para el desarrollo. Stiglitz dice: “...los avances más recientes de la teoría económica...han probado que cuando la información es imperfecta y los mercados incompletos (es decir: siempre, y especialmente en los países en desarrollo), entonces la mano invisible funciona de modo muy deficiente. Lo significativo es que hay intervenciones estatales deseables que, en principio, pueden mejorar la eficiencia del mercado” (páginas 103-104). Y, como si estuviera refiriéndose al Perú de hoy, Stiglitz afirma: “La privatización, sin políticas de competencia y vigilancia que impidan los abusos de los poderes monopólicos, puede terminar en que los precios al consumo sean más altos y no más bajos. La austeridad fiscal, perseguida ciegamente, en las circunstancias equivocadas, puede producir más paro y la ruptura del contrato social” (Ídem, página 115)

“Los fundamentalistas del mercado -dice Stiglitz- creen que en general el mercado funciona bien y que en general el Estado funciona mal” (página 248). “El Estado puede cumplir y ha cumplido un papel fundamental no sólo en mitigar (los) fallos del mercado sino también en garantizar la justicia social (…). En países que han tenido grandes éxitos… (los) Estados suministraron una educación de alta calidad a todos y aportaron el grueso de la infraestructura (…). Regularon el sector financiero y lograron que los mercados de capitales operaran más como se suponía que debían hacerlo; aportaron una red de seguridad para los pobres; promovieron la tecnología, de las telecomunicaciones a la agricultura, los motores de aviación y los radares. Aunque hay un vivo debate sobre cual debería ser el papel preciso del Estado…, existe un amplio acuerdo de que el Estado cumple una función para que cualquier sociedad y cualquier economía actúen con eficacia –y humanidad-” (Ídem, páginas 273-274).

Diario La República

Thursday, March 02, 2006

Estatismo, Economía Cerrada y Otras Mentiras

Hace unos días, escuché con estupor un diálogo endogámico entre Althaus y Bustamante. Hablaban supuestamente del Plan de Gobierno de Ollanta Humala y, como si lo hubieran «leído», competían en criticarlo. Son practicantes del periodismo amarillo que inventan planteamientos económicos para, luego de adjudicárselo al adversario, criticarlo. Son los mismos que confundieron el verbo revisar, con el verbo aplicar; los mismos adictos a la ponzoña de una prensa que no conoce los valores de la decencia y la honestidad.

Los dos se repitieron que el Plan Nacionalista propone cerrar la economía y retornar al pasado estatista, y que en él se rechaza a la inversión privada. No leyeron párrafos ni citaron páginas. Mintieron para favorecer las propuestas de Unidad Nacional, heredera del fujimorismo económico. No saben de Globalización, no han leído a Stiglitz, ni saben que la lucha por los mercados externos es un «juego de suma cero» de consecuencias impredecibles a largo plazo. Por eso apoyaron las propuestas de dolarización de la economía y, en la crisis de los años 1998-2000, se callaron cuando el fujimorismo endeudó al país por más de mil millones de dólares para rescatar al sistema bancario que ellos debilitaron con sus políticas neoliberales.

En el Plan de Ollanta Humala no hay propuestas de retorno al pasado. Por el contrario, se propone cambiar el país desarrollando la industria, la agro-industria y la agricultura, en el marco de una economía abierta y de mercado, con un régimen cambiario estable y competitivo, y con créditos tributarios para la reinversión de las utilidades de los productores privados. Se parte, sin duda, de reconocer que el argumento proteccionista es lógicamente incompleto: hace énfasis en el abastecimiento de los mercados internos con producción doméstica, pero falla en explicar el origen y determinación de la correspondiente demanda agregada doméstica. Por eso sus defensores de los años 60 y 70, exageraron el daño de la apertura comercial, como los neoliberales de ahora exageran el supuesto beneficio de los tratados de libre comercio.

Los dos se dijeron que las propuestas de revisión de los contratos de estabilidad tributaria, de nacionalización de las actividades estratégicas, de fortalecimiento de los organismos reguladores, y de una nueva ley de fomento de la competencia en los mercados de los servicios públicos para favorecer a los consumidores, ahuyentará la inversión extranjera y, al afectar el crecimiento, nos hará más pobres. Esos señores no saben el contenido de lo Nacional. Por eso no pueden entender que la inversión privada extranjera en actividades estratégicas para el desarrollo nacional, puede, con ese fin, cumplir reglas y ciertos requisitos de desempeño. Ponerlas al servicio del desarrollo nacional, no es estatizarlas. Sin embargo, esos señores nos proponen suscribir el TLC negociado por este gobierno, con el argumento de que no hay otro modo de asegurar el crecimiento a largo plazo de nuestra economía. No les importa que se enajene nuestros mercados internos a los productos agropecuarios subsidiados de los EE.UU. Y no dicen abiertamente que creen en el aumento de la competitividad básicamente mediante la reducción de los ingresos de los trabajadores, es decir, en el «cholo barato». Ciertamente, no conocen nada de las modernas teorías del comercio internacional.

El lector debe saber que la estrategia neoliberal es contraria a la estrategia nacional de expandir los mercados internos y crear otros, para integrar económica y socialmente al país. Hay, pues, otra manera de relacionarse al mundo y es la de construir Nación mediante la expansión de los mercados internos, la consecuente descentralización y desconcentración del aparato productivo, y la integración económica y social el país. Para que este proyecto de construcción de Nación sea viable, debe además eliminarse la restricción de financiamiento que enfrentan las empresas pequeñas, medianas y grandes, mediante la movilización de los ahorros nacionales y el fortalecimiento de su relación con la inversión privada de estos productores nacionales.

Diario La República

Saturday, January 28, 2006

Globalización, nacionalismo y democracia

La manera tradicional de hacer política está en crisis. Ningún partido tradicional recogió el mensaje del proceso económico y social que está surgiendo como respuesta a la compulsión por globalizarse y, más específicamente, como rechazo a las políticas neoliberales que aumentaron la pobreza y el desempleo, que redujeron la autoridad del Estado y que debilitaron la Nación al excluir del desarrollo a poblaciones provincianas enteras de la costa, sierra y selva del país.

Globalización

La ola globalizadora sesgó las políticas económicas hacia los mercados externos, embargando nuestros reducidos mercados internos a los intereses de los grupos de poder transnacional, precisamente cuando el desempeño económico de los países industriales desarrollados depende más de sus exportaciones. El resultado fue el deterioro de la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población, junto a la exacerbación de la exclusión y marginación social y económica.

Por la dialéctica de los procesos económicos y sociales, esta situación de deterioro abrió posibilidad de construir e integrar al país como Nación. Por un lado, la crisis financiera internacional de 1998-99 puso fin a la hegemonía económica del neoliberalismo y, por otro, el surgimiento de movimientos nacionales integradores, no excluyentes, está minando, en nuestro país y en la región latinoamericana, su hegemonía política. La institucionalización política de este movimiento dependerá del peso de las fuerzas sociales que luchan por fortalecerlo y consolidarlo en su interacción con las fuerzas, de dentro y fuera, que desean frenarlo o bastardizarlo. Entre estas últimas se encuentran las que visten el disfraz del ‘cambio con rostro social’ y que pugnan por seguir integrándonos al mundo, con la misma estrategia neoliberal de reducción de los ‘costos salariales y no salariales de la mano de obra’ para aumentar la productividad y la competitividad. Junto a estas fuerzas hay, además, otras, corruptas por su pasado fuji-montesinista, que tratarán de impedir que la decencia se constituya en el valor supremo de la práctica política.

Nacionalismo

Para evitar que la economía y la política sigan caminos distintos o contradictorios, ahora hay que seguir la ruta de la construcción de la Nación y de la legitimación del Estado ante la población pobre y excluida, es decir, hay que soldar la democracia con el desarrollo nacional. Esta es la ruta del llamado ‘nacionalismo’, del movimiento cuyo norte es construir Nación, integrando su economía con su geografía y demografía, para insertarse al mundo en mejores condiciones, en un proceso, simultáneo y no secuencial, de fortalecimiento de sus mercados internos y penetración de los mercados externos.

Los partidos políticos tradicionales permitieron que la dictadura fujimorista impusiera las políticas del Consenso de Washington que reprimarizaron la economía y empeoraron la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población. El 2001 triunfó la democracia sobre la dictadura, pero sin una concepción de Estado y de Nación. Para fusionar la democracia con el desarrollo hay que refundar la política mediante una agenda de crecimiento integrador del país, con un nuevo modo de crecer, creando mercados internos, aumentando el empleo e incorporando al mercado a la población pobre y provinciana del país; es decir, avanzando hacia adentro sin cerrarse al mundo y sin crear déficit externos ni presiones inflacionarias.

Democracia

Si la democracia es un proceso que genera nuevas situaciones que “obligan a su discusión y a darles cauce”, la contribución a la institucionalización política del movimiento que encarna lo que hemos llamado ‘nacionalismo’ es un deber de demócrata. “No se puede frenar la serie de cambios que la propia sociedad promueve por su huida hacia adelante, y que obliga a tomar decisiones sobre ellas –dice Castilla del Pino–. Lo que vaya a ocurrir lo desconocemos porque ocurrirá de una manera absolutamente inédita. Un demócrata es el que se enfrenta al problema y da soluciones razonables y no inmovilistas”.

Por otro lado, a diferencia de la derecha inmovilista, patrimonialista y conservadora, la participación en la institucionalización de ese movimiento nacional es apostar por el cambio de la sociedad; y esta es una posición de izquierda. Por lo demás, en nuestro país la derecha nunca tuvo ‘conciencia de la dinámica y evolución sociales’; por eso participó o apoyó muchas dictaduras. En consecuencia, el demócrata, el de izquierda, tiene que enarbolar la libertad “como fuerza creadora, como motor de la evolución de la sociedad”. Hoy los pobres y excluidos están haciendo audible su protesta y su anhelo de Nación ante el resto del país, y en abril lo harán en la urnas eligiendo a los que han recogido esta protesta y anhelo, convirtiéndolos en ‘palabras precisas’.

Diario La República

Wednesday, January 25, 2006

Proteccionismo, Populismo y Otras Mentiras

La confrontación de ideas, decente y honesta, no es práctica común en nuestro país. Justamente porque creo en los valores de la decencia y la honestidad, considero importante denunciar la práctica de inventar planteamientos económicos para, luego de adjudicárselo al adversario, criticarlo con la ayuda de cierta prensa adicta a la ponzoña.

Se dice que han vuelto a aparecer temas arcaicos, populistas, proteccionistas y contrarios a la inversión privada, que significan un retorno al pasado. Pero los autores de esta afirmación, no citan fuentes. Son los mismos que esconden las propuestas que heredaron del fujimorismo económico. Incapaces de aceptar que la estabilidad macroeconómica actual no es fruto de las políticas neoliberales, temen evidenciar su propuesta electoral de flotación cambiaria libre, sin intervenciones de la autoridad monetaria. Son los que promovieron la dolarización de la economía y que, en la crisis de los años 1998-2000, endeudaron al país por más de mil millones de dólares para rescatar al sistema bancario que ellos mismos debilitaron.

No hay, pues, propuestas de retorno al populismo ni al proteccionismo. Por ejemplo, el plan de gobierno de Ollanta Humala propone industrializar el país en el marco de una economía abierta y de mercado, con un régimen cambiario estable y competitivo, y con créditos tributarios para la reinversión de las utilidades de los productores de bienes manufacturados y agroindustriales. Se parte, sin duda, de reconocer que el argumento proteccionista es lógicamente incompleto: hace énfasis en el abastecimiento de los mercados internos con producción doméstica, pero falla en explicar el origen y determinación de la correspondiente demanda agregada doméstica. Por eso sus defensores exageraron el daño de la apertura comercial, como los neoliberales de ahora exageran el supuesto beneficio de los tratados de libre comercio.

Se dice que las propuestas de revisión dialogada de los contratos de estabilidad tributaria y de mayor intervencionismo estatal en asuntos tarifarios y regulatorios, aumentarán la pobreza. Sus autores son los mismos que nos proponen suscribir el TLC negociado por este gobierno, con el argumento de que no hay otro modo de asegurar el crecimiento a largo plazo de nuestra economía. No les importa que se enajene nuestros mercados internos a los productos agropecuarios subsidiados de los EE.UU. Y no dicen abiertamente que creen en el aumento de la competitividad básicamente mediante la reducción de los ingresos de los trabajadores, es decir, en el «cholo barato».

El lector debe saber que la estrategia neoliberal es contraria a la estrategia nacional de expandir los mercados internos y crear otros, para integrar económica y socialmente al país. Los tratados comerciales no son buenos per se; son útiles siempre que no reduzcan los mercados internos ni impidan su crecimiento. De otro lado, el argumento de que estos tratados de libre comercio favorecen a los consumidores, es también incompleto, porque el bienestar de los consumidores no mejorará con la competencia entre productores cuando, por sus efectos negativos sobre los ingresos y el empleo, se reduce el tamaño del mercado doméstico y, visto dinámicamente, se inhibe la creación de otros.

Si el tamaño del mercado doméstico y la actividad económica declinan a medida que los productores extranjeros capturan una larga porción del mismo, el nivel de bienestar de los consumidores nacionales tendrá que declinar debido a la reducción del empleo y de los ingresos. Sólo bajo el supuesto de pleno empleo, la competencia internacional podría no afectar los niveles de ocupación de la mano de obra. Pero, además, los economistas saben que con altos niveles de desempleo y subempleo, con una notable distribución desigual del ingreso y con exclusión social a lo largo y ancho del país, ya no es posible una asignación eficiente de los recursos. En consecuencia, el argumento que el libre comercio mejora el bienestar de los consumidores mediante una localización más eficiente de los recursos, es totalmente cuestionable.

Hay, pues, otra manera de relacionarse al mundo y es la que propone construir Nación mediante la expansión de los mercados internos, la consecuente descentralización y desconcentración del aparato productivo, y la integración económica y social el país. Para que este proyecto de construcción de Nación sea viable, debe además eliminarse la restricción de financiamiento que enfrentan las empresas pequeñas, medianas y grandes, mediante la movilización de los ahorros nacionales y el fortalecimiento de su relación con la inversión privada de estos productores nacionales.

Gestión, Diario de Economía y Negocios

Thursday, December 29, 2005

Perú: ¿el fin de la hegemonía neoliberal? (final)

En materia de salud seguimos atrasados: los hospitales no han renovado su equipo ni han incrementado su capacidad para atender la demanda creciente. Pero en medio de este panorama desolador, por primera vez en la historia moderna del Perú, la economía y el empleo crecen más en provincias; y la pobreza disminuye, muy poco es verdad, pero más allí donde el neoliberalismo meteco envileció la moral de los excluidos.

Estos problemas sociales constituyen la herencia pesada del fujimorismo y, ciertamente, también su límite social que hoy, con la aparición en el escenario político de un discurso y movimiento nacional y popular, se convierte en su límite político, en el inicio del fin de la hegemonía política del neoliberalismo. Y, por la dialéctica de los procesos sociales, en ese límite del neoliberalismo se encuentra la base social de aquel movimiento que tiene la obligación de soldar la democracia con el desarrollo nacional y de refundar la política mediante una agenda de crecimiento integrador del país. En el Perú actual, lo dijimos hace ya varios meses, esto implica basar la concepción del desarrollo nacional en ese nuevo modo de crecer y acumular capital.

Valor moral de la política

Pero para que no se trunque esta nueva oportunidad de desarrollo nacional integrador, hay que culminar la transición política hacia la democracia, practicando la decencia y combatiendo la indecencia. La transición política a la democracia se pervirtió durante el gobierno de Toledo. Este alimentó la práctica del cinismo como forma de negación de su fujimorismo en todos aquellos que apoyaron al dictador o actuaron como sus cómplices. El país necesitaba de una cura moral, de la práctica de la decencia como el "supremo valor moral en toda clase de relación –personal, social, política y profesional". Sin embargo, nada de esto ocurrió, pues en el propio seno del gobierno de Toledo se ubicaron aquellos que colaboraron con el sátrapa, que practicaron la hipocresía o afectaron sin pudor los intereses nacionales. El típico operador del fujimorismo económico y político es el primer ministro actual. Es el que dijo que "la economía crece porque se mantiene lo bueno del fujimorismo". Y, es el mismo que apela a la ética para criticar la licencia, totalmente legal, de Gonzalo García Núñez, candidato a la primera vicepresidencia en la plancha de Ollanta Humala. Ese operador del "fujimorismo", hoy encarnado por el partido Unidad Nacional, ese "experto en negocios", que imagino no conoce las fronteras de lo nacional, sabe que está infringiendo la ley y la moral, pues como primer ministro del gobierno tiene la obligación de garantizar la pulcritud del proceso electoral. Los adjetivos que usó contra García Núñez nos parece la revelación de que los "plagiarios" como él ya sienten el fin, ahora en la política y en la moral, de la hegemonía neoliberal.

Diario La República

Wednesday, December 28, 2005

Perú: ¿el fin de la hegemonía neoliberal? (I)

El propósito de este artículo no es analizar los cambios en el escenario político de la región y su influencia en nuestro país. Ciertamente estos cambios tienen importancia, y bastante; pero, para ponderar su efecto dentro de nuestras fronteras, es preciso evaluar lo que ha ocurrido y está ocurriendo en nuestro país en los últimos cinco años, es decir, en el período posterior a la década fujimorista del envilecimiento. Es este el objetivo de este artículo. Empezaremos dando cuenta de los cambios en la economía y terminaremos describiendo lo que está en germen en el campo de la política y la moral.

Fujimorismo y economía

El fujimorismo económico utilizó la apertura indiscriminada del comercio y el atraso cambiario como instrumentos antiinflacionarios. Su política monetaria alentó la dolarización del sistema financiero y su política fiscal procíclica conspiró contra la inversión pública.

Los neoliberales de los noventa tuvieron la suerte de contar con un escenario internacional, con el clima y con flujos de inversión extranjera que favorecieron el crecimiento de la producción primaria. Por su parte, la producción de no transables –como la del sector construcción– se expandió con el relativo abaratamiento del crédito por la masiva entrada de capital extranjero de corto plazo en forma de pasivos internacionales del sistema bancario. Así se reprimarizó y dolarizó la economía, haciéndola más vulnerable a los shocks externos.

La hegemonía de este modelo económico terminó cuando, al disminuir la liquidez por efectos de la crisis financiera internacional de 1998-1999, la economía entró en recesión. La presión al alza del tipo de cambio y el encarecimiento del crédito afectaron la capacidad de pago de las empresas endeudadas en dólares y con ingresos en soles, poniendo al sistema financiero dolarizado al borde de una crisis general de deuda.

Con la ruptura de la "cadena de pagos", el modelo económico neoliberal entró en una crisis terminal que reveló sus límites tanto en el patrón de acumulación y estructura del aparato productivo configurados por las políticas neoliberales, como en la inoperancia de su política macroeconómica para combatir la recesión económica.

Con el triunfo de la democracia surgió una nueva manera de crecer y acumular capital impulsado por una nueva política macroeconómica. En mayo del 2002 el BCRP introdujo un nuevo esquema institucional de política monetaria que contribuyó a modificar la estructura de precios relativos a favor de la producción no primaria orientada al mercado interno y externo.

El MEF implementó un programa de reperfilamiento de la deuda externa y un programa de desarrollo del mercado de deuda pública doméstica, tanto para asegurar la sostenibilidad de las cuentas fiscales reduciendo sus riesgos de mercado y refinanciamiento, como para fortalecer el círculo virtuoso entre el ahorro, la inversión local y el crecimiento económico mediante la expansión del mercado de capitales en moneda local. Todo esto se hizo sin la participación, directa o indirecta, del ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski y a contrapelo de su conspiración contra la nueva política macroeconómica.

Para muestra, un botón: en febrero del 2002 él aumentó el riesgo de refinanciamiento de la deuda pública, al sacar del mercado bonos Brady con tasas de interés bajas y que vencían en los años 2017 y 2022, y colocar, en su lugar, bonos globales con tasas de interés más altas y que vencen en el 2012. Además, desde que empezó su segunda gestión como ministro de Economía, hizo y aún sigue haciendo lo posible para cambiar la correlación de fuerzas en el directorio del BCRP apelando a la ética que él no practica.

Sobre el neoliberalismo

El patrón de crecimiento actual, lo hemos dicho, es distinto al neoliberal porque está creando mercados internos; está incorporando al mercado a la población pobre y provinciana del país; está avanzando hacia adentro sin cerrarse al mundo y sin crear déficit externos ni presiones inflacionarias; ya no es adicta al dólar; y, su financiamiento no depende de los flujos de capitales extranjeros. Pero, debido al corto período de crecimiento (52 meses) no han aumentado significativamente los puestos de trabajo ni ha mejorado la calidad del empleo; tampoco han aumentado los ingresos. La calidad de vida de la mayoría de la población no ha mejorado, el sistema educativo está en crisis. (Continúa mañana).

Diario La República

Sunday, April 22, 2001

“Elección de Alan García sería frustrante para el desarrollo del país”

“Elección de Alan García sería frustrante para el desarrollo del país” dice el catedrático Félix Jiménez

¿Constituyen las ofertas electorales del candidato García, un programa económico serio de reactivación de la economía con generación de empleo?. ¿Qué hay detrás de las demandas de auxilio hechas a Silva Ruete y a Richard Webb?. ¿Perderemos otras vez como el 85-90 las posibilidades abiertas por la eclosión social de nuestro pueblo?

Escribe: Samuel Morales Chavarría

Para despejar estas preguntas entrevistamos en fecha reciente al Dr. Félix Jiménez, Ph.D. en economía, profesor de la Universidad Católica, y autor precisamente de una obra capital, que con el título de Macroeconomía ha publicado últimamente en dos volúmenes.

L: ¿En que términos debe plantearse el debate económico entre los candidatos Toledo y García?

FJ:
De la discusión económica y de los resultados electorales de la primera vuelta ha quedado mas o menos claro que el tema que interesa a la mayoría de los peruanos es el de la reactivación y crecimiento económico con generación de empleo. Cómo se va a reactivar la economía y cómo se va a lograr que crezca sostenidamente creando puestos de trabajo con ingresos estables y decentes, ese es el tema. Creo que ya han dicho algo sobre este asunto los dos candidatos que han pasado a la segunda vuelta. Diría, por ejemplo, que uno encuentra planteamientos más consistentes al respecto en Perú Posible que en el discurso de Alan García. No se entiende qué plan de reactivación y crecimiento puede ser aquel que expresa la intención de Alan García de bajar las tarifas de los servicios públicos, de abaratar el crédito y crear un banco agrario, de buscar mejores condiciones de pago de la deuda externa y de organizar el Plan Perú con los países europeos. Esta propuesta, como es fácil de comprender, no tiene argumento económico a favor de la reactivación y el crecimiento.

L: ¿Por qué?. ¿Qué elementos se contienen en una propuesta de reactivación y crecimiento que no se encuentren en la propuesta del candidato del APRA?.

FJ:
Los economistas sabemos que la reactivación es un asunto ligado estrechamente a la política macroeconómica. Alan García no dijo ni dice hasta la fecha con que tipo de política fiscal y monetaria reactivaría la economía. Por el contrario, ahora que empieza la campaña por la segunda vuelta este candidato se esfuerza por convencer a los bancos extranjeros, al capital financiero internacional, que respetará la disciplina fiscal y monetaria, es decir, que seguirá la política macroeconómica del fujimorismo, la política macroeconómica que impidió el crecimiento sostenido y que nos condujo a la crisis actual.

L: Pero, la intención de Alan García de bajar la tasa de interés ¿no tiene que ver con la política monetaria?

FJ:
No sé lo que piensa el abogado Alan García, no sé si la bajaría respetando las leyes del mercado, o mediante un decreto, o sólo creando el banco agrario y ordenándole que fije una tasa muy baja, más baja que la del mercado, porque supone que así se van a reducir también las otras tasas del mercado de crédito. Sinceramente creo que él no sabe con qué instrumentos monetarios bajaría la tasa de interés y con qué otros se aseguraría la expansión del crédito doméstico.

L: ¿Pero no es acaso que hay un gran componente de recursos del gobierno metidos precisamente en los bancos y que es el mecanismo de subastas de esos fondos lo que ha encarecido el crédito?

FJ:
La política monetaria, es decir, la disciplina monetaria del fujimorismo económico nunca estuvo orientada a abaratar el crédito y a estimular, por esta vía, el crecimiento y el empleo. El régimen fujimorista --que utilizó la política económica contra el crecimiento--, incrementó los depósitos del gobierno en el conjunto del sistema bancario, en moneda extranjera y en moneda nacional, para evitar una crisis financiera de envergadura entre 1998 y mediados de 1999. Esta fue su respuesta a los efectos de la crisis financiera internacional. Pero, quebraron algunos bancos y otros fueron auxiliados por el gobierno con operaciones de salvataje financiero utilizando los recursos del Estado, como el banco Latino, o ayudados a fusionarse con bancos internacionales, como el banco Wiese. Cuando por necesidad fiscal el gobierno empezó a retirar sus depósitos mantenidos en el sistema bancario, la fragilidad de éste sistema fue puesto en evidencia otra vez. Esta fragilidad se agudizó con la recesión del segundo semestre del año pasado, provocado por la caída espectacular de la inversión pública. El resultado fue la quiebra de los bancos NBK y Nuevo Mundo.

L: En un contexto más general ¿cómo deben entenderse los intentos de aproximación del candidato aprista a Silva Ruete y a Richard Webb?

FJ:
El candidato Alan García que dijo que su propuesta era no sólo contra el fujimorismo político sino también contra el fujimorismo económico, ahora está mostrando que no tiene ningún reparo en aparecer como el continuador de las políticas económicas fujimoristas. ¿Qué quiero decir con esto? Mantener la actual política fiscal es mantener la política fiscal procíclica del fujimorismo. Esta política fiscal, invariante ante la crisis financiera internacional de los años 1998-1999 y fundamentada por la doctrina neoliberal de la disciplina fiscal, provocó una recesión dentro de la recesión con la caída de la inversión pública de aproximadamente 30% en los dos últimos trimestres del año pasado. Y esta recesión ha agravado la fragilidad financiera al aumentar la cartera morosa de los bancos. Alan García se ha declarado, además, continuador de la política monetaria del fujimorismo al anunciar que facilitará el retorno de los economistas neoliberales al directorio y presidencia del Banco Central. ¿Qué cambio puede usted esperar en la política monetaria en estas condiciones?. Ninguno, si se va a mantener un Banco Central que durante el fujimorismo actuó de espaldas a la producción y el empleo, que se preocupó de controlar férreamente la inflación mediante la “fijación sucia” (no la “flotación sucia”) del tipo de cambio haciéndonos perder competitividad internacional y que, en consecuencia, agravó el desequilibrio externo de la economía. En resumen, Alan García está diciéndole a los organismos financieros internacionales que va a mantener la política fiscal y la política monetaria del fujimorismo económico. Está decidido a hacer lo que su compadre Carlos Andrés Pérez hizo en Venezuela, o lo que De la Rúa está haciendo en Argentina. Estamos advertidos. Él seguirá el camino de los que en algún momento fueron pésimos populistas y después terminaron siendo los más ardientes defensores de la política económica neoliberal.


L: ¿En todo caso, no es un signo de buena conducta, más dirigido al exterior que al interior?.

FJ:
Efectivamente, el candidato García está haciendo su campaña para la segunda vuelta ante los mercados financieros internacionales. Como quiere ganar a toda costa y carece de credibilidad en estos mercados, les está diciendo que respetará la disciplina fiscal y monetaria, es decir, que no hará política macroeconómica para reactivar y hacer crecer la economía. Así entienden la disciplina fiscal y monetaria los neoliberales. Es la música celestial de la que hablaba Candessus cuando se refería a la política económica del fujimorismo. Por eso Alan García ya no insiste que su propuesta es contra el fujimorismo económico y por eso ha encandilado a las Martas y a los Abusadas. Este cambio de discurso y de auditorio sólo revela que estamos ante el mismo personaje ambicioso de poder, revestido de simpáticas maneras. Él se pinta respetuoso de la disciplina fiscal y monetaria ante los que dictaron, durante una década, directa o indirectamente, las políticas económicas del régimen fujimorista. Ya no es capaz de decirle al pueblo del Perú que utilizará las políticas fiscales y monetarias para sacar al país de la recesión, para cambiar los precios relativos y favorecer, de este modo, el crecimiento sostenido de la producción y el empleo. Por lo tanto, un candidato que nos dice que va a hacer más o menos lo mismo en materia de políticas macroconómicas, no es el candidato que el país actual necesita.


L: ¿Está diciendo usted que sería frustrante para el desarrollo del país la elección de Alan García para un segundo período?

FJ:
Sí. Su reciente viraje del populismo hacia el neoliberalismo es la amenaza de una aplanadora a la eclosión democrática y de justicia social surgida en plena crisis del modelo económico neoliberal. Estamos viviendo una situación, social y políticamente, similar a la de los años 80. En esos años, Alan García, con su gobierno desastroso de 1985-1990, mató la eclosión democrática y de justicia social que surgió de la crisis del modelo sustitutivo de importaciones. Él le abrió las puertas al fundamentalismo neoliberal y ahora, después de diez años, en plena crisis del modelo económico neoliberal, se muestra ante los mercados financieros internacionales como su salvador. Esta segunda eclosión es la segunda oportunidad que tiene nuestro país para iniciar el camino del desarrollo y no debemos desperdiciarla.

L: ¿Y qué hay por el lado del candidato Alejandro Toledo de Perú Posible?

FJ:
A mi juicio el equipo económico de Toledo está decidido a rescatar la utilidad de las políticas monetarias y fiscales, no sólo para reactivar la economía, sino también para, modificando su modo de crecer y acumular capital, asegurar su crecimiento sostenido. Los que no saben de economía (y ciertamente no tienen por qué saber los que no son economistas), no saben la importancia teórica y técnica que tiene el rescatar la utilidad de las políticas monetarias y fiscales de la actual estructura económica y financiera del país. Emprender ese rescate significa, en primer lugar, enfrentar una serie de obstáculos de tipo institucional y administrativo heredados del fujimorismo económico. Me explico. ¿Cómo restituirle a la política fiscal su papel reactivador?. Cambiando su objetivo y transformándola de procíclica en anticíclica. La política fiscal procíclica del fujimorismo tuvo como objetivo esencial generar superávit primarios para servir la deuda externa, para transferir recursos del sector privado al gobierno y de este al exterior.


L:. ¿Las dificultades son similares en lo que respecta a la política monetaria?

FJ:
Efectivamente. Hay que resolver procesalmente la enorme dificultad creada por el fujimorismo económico para utilizar la política monetaria con propósitos de producción y empleo. ¿Cuál es esa dificultad? Es la contradicción entre el objetivo de corto plazo de estabilización y el objetivo de largo plazo de crecimiento económico sostenido. El control de la inflación se hizo atrasando el tipo de cambio y estimulando la dolarización del sistema bancario. El resultado fue la real desvinculación de la política monetaria de los objetivos de reactivación y crecimiento. Al estimular y fortalecer el proceso de dolarización, se redujo notablemente la posibilidad de poner el tipo de cambio al servicio de la producción y el empleo, como corresponde en una economía abierta y de mercado. Los aumentos del tipo de cambio amenazan la estabilidad del sistema bancario debido a que aumenta su cartera morosa al disminuir la capacidad de pago de las familias y empresas que perciben sus ingresos en soles, pero que se encuentran endeudadas en dólares. Rescatar la utilidad de la política monetaria es, por lo tanto, imaginar medidas que estimulen el uso generalizado de la moneda nacional o reduzcan gradualmente la proporción dolarizada del portafolio bancario heredado de la dictadura fujimorista.


L: En ese contexto o panorama ¿cómo explica usted la presencia de Kucsynski en el equipo económico de Perú Posible?

FJ:
Creo que es de conocimiento de la opinión pública que el Sr. Kucsynski es parte de un equipo de economistas convencidos de la utilidad de las políticas monetarias y fiscales para reactivar la economía y para estimular su crecimiento.


L: Finalmente, ¿cuáles deberían ser los aspectos puntuales de la agenda del debate entre Toledo y García?

FJ:
Los candidatos o sus equipos tienen la obligación de decirle a la población con qué instrumentos monetarios y fiscales van a reactivar la economía; y, cómo van a utilizar estos instrumentos y con qué otras políticas complementarias para modificar la actual estructura de precios relativos y, de este modo, rentabilizar las inversiones privadas en las actividades productoras de bienes comercializables no-primarios y generadoras de empleo. En fin...deben decirle a la población si van a mantener el modelo primario exportador heredado del régimen fujimorista; modelo que no genera empleo con ingresos estables, y que ha empeorado la calidad de vida de la población.

Entrevista publicada en el diario Liberación, Año II Nro. 523

Monday, June 26, 2000

El posible descenlace de la crisis actual: democratización y reindustrialización

En este mismo diario hemos argumentado que los cuatro años de crecimiento económico ( 1993,1994,1995 y 1997) que el régimen fujimorista exhibe como un logro suyo, en realidad no lo fue. Este régimen tuvo suerte de contar con una demanda mundial y con el clima que favoreció el crecimiento de la producción primaria. Y el financiamiento de este crecimiento, junto con el de la producción de no transables (como la del sector Construcción), fue posible únicamente por la masiva entrada de capital financiero internacional. Cuando el flujo de este capital se frenó por efectos de la crisis internacional, el modelo económico se paralizó, evidenciando su notable fragilidad y dependencia del mismo. La relativa abundancia de capital extranjero, dada la estructura de precios relativos configurada por las políticas neoliberales de estabilización y ajuste, favoreció la reprimarización de la economía y la instauración del actual régimen antidemocrático.

El propósito de este artículo es mostrar que la escasez de este capital, agudizada por la crisis política derivada de la fraudulenta re-relección del Ing. Fujimori, está poniendo en cuestión no sólo a su régimen político sino al propio modelo neoliberal.

La restricción financiera de corto plazo

Entre los que discuten los efectos de la actual crisis política sobre la economía, están los que sostienen que habrán tiempos difíciles debido a la paralización de las inversiones domésticas y extranjeras. Se dice que éstas dependen mucho del estado de confianza existente en el país y, como este estado de confianza se ha deteriorado, se frenarían dichas inversiones. Si bien es cierto que esta es también una dificultad real, en nuestra opinión no es la más importante, pues no es la que definirá el escenario posible de corto plazo. Las inversiones productivas responden a planes de mediano y largo plazo, y sus rendimientos nunca se producen en el muy corto plazo. Los que se sitúan en este lado del debate sugieren que la tempestad amainará si el gobierno da curso al proceso de reforma judicial, avanza hacia el "verdadero" equilibrio fiscal, y relanza el proceso de privatizaciones y concesiones.

En nuestra opinión los tiempos difíciles provendrán del propio modo de crecimiento económico configurado por las políticas de estabilización y ajuste neoliberales. Este modo de crecimiento es dependiente de los flujos de capital financiero internacional y estos flujos son los que explican en último término el estado de las finanzas domésticas, públicas y privadas. En consecuencia, el límite que a corto plazo enfrentará la economía se encuentra por el lado del capital financiero internacional. Su escasez, agudizada por la crisis política, puede ser el factor causante del derrumbe del propio modelo económico.

Crisis política y escasez de capital financiero internacional

La probabilidad de este derrumbe está en relación directa al grado de necesidad de capital financiero internacional para financiar el presupuesto público y fortalecer la capacidad crediticia del sistema bancario doméstico. Si la crisis política retarda el desembolso de los créditos de los organismos financieros internacionales (BID, BM y FMI) y bloquea la posibilidad de nuevos préstamos, se exacerbarán los efectos de la reciente paralización de los flujos de capital extranjeros que fueron la base de la expansión crediticia doméstica durante los años de crecimiento y el recurso fundamental para el financiamiento del presupuesto público que incluye el pago puntual de los servicios de la deuda externa. Así, la escasez de este capital financiero pondrá en jaque al manejo fiscal y al desempeño bancario.

Las razones son las siguientes. En primer lugar, la creciente necesidad de financiamiento externo de los gastos públicos debido a los efectos negativos de la recesión y del creciente déficit público. El gobierno no puede legalmente recurrir al crédito interno. Su déficit ya bordea el 2 por ciento del producto y un nuevo ajuste fiscal para cumplir con las metas del FMI (1.9% de déficit en el año), agravaría la recesión y por tanto, agudizaría aun más la necesidad de financiamiento externo. En consecuencia, el gobierno debe utilizar las reservas internacionales (RIN) que tiene depositadas en el Banco Central o endeudarse en el exterior. Pero, en las condiciones políticas actuales, sólo puede optar por el uso de las reservas internacionales. Sin embargo, esta forma de financiamiento, empeorará la situación al generar fuertes presiones devaluatorias.

Entorno internacional y la escasez de capital financiero

La segunda causa de escasez de este capital tiene origen externo y está asociada a la tendencia al alza de las tasas de interés en los Estados Unidos y Europa. Los Estados Unidos, después de haber aumentado periódicamente sus tasas de interés en un cuarto de punto desde hace un año, recientemente optaron por incrementarla en medio punto. Esto indica que la tendencia al alza no se revertirá en el corto plazo, por lo tanto, las economías como la nuestra ya no serán la plaza preferida de los flujos de capital extranjeros. Un entorno de este tipo, además, no es favorable para recurrir a nuevos endeudamientos externos. En consecuencia, este segundo factor reforzará las dificultades financieras que enfrentará el modelo neoliberal.

Por lo demás, las tasas de interés en aumento tienen efectos directos en la carga del servicio (intereses y amortizaciones) de la deuda externa. El flujo de intereses aumenta y si a esto se añade la elevación programada de los pagos de la deuda pública externa, se acentuará el drenaje de las reservas internacionales del Banco Central. Ciertamente, el gobierno puede optar por la compra de dólares en el mercado para atender el creciente servicio de su deuda, pero al hacerlo incrementaría aún más las presiones devaluatorias.

Consecuencias de las presiones devaluatorias

La recurrente presión al alza del tipo de cambio agudizará la fragilidad del sistema bancario. Este es un factor que reforzará el efecto de la recesión en morosidad del pago de los créditos, debido a que este sistema esta dolarizado no sólo en sus depósitos sino en sus colocaciones. Aproximadamente dos tercios del total de sus colocaciones en dólares corresponde a empresas deudoras cuyas ventas se efectúan en el mercado doméstico. Si en estas condiciones el uso de las RIN para financiar el déficit genera presiones devaluatorias significativas, los agentes económicos cambiarán sus expectativas generando una mayor presión devaluatoria.

La acumulativa presión al alza del tipo de cambio puede generar dos consecuencias. En primer lugar, que los depositantes retiren sus dólares del sistema bancario, intensificando aun más las presiones devaluatorias. Para ponderar la gravedad de este resultado, recuérdese que el proceso de depósitos y créditos en dólares desarrollado durante el régimen fujimorista ha expandido mediante el multiplicador bancario los llamados Perú-dólares, es decir, dólares ficticios que no tendrían respaldo ante una corrida bancaria.

Las crecientes presiones devaluatorias situarán al gobierno ante un dilema: o salva nuevamente al sistema financiero como lo hizo en el período de la crisis internacional socorriéndolo con sus depósitos y alentando las fusiones y concentraciones, o lo deja finalmente quebrar. La primera posibilidad ya parece haberse agotado como freno definitivo a la crisis bancaria. Aumentar los depósitos del gobierno en el sistema bancario como antes, añadiría más leña al fuego pues inmovilizaría nueva liquidez en momentos en que aumenta su necesidad de financiamiento.

Democratización y reindustrialización como desenlace

Lo que ocurra en los próximos meses, como resultado de la evolución de la crisis política interna y del trabajo de la misión de la OEA que en breve llegará al país, tendrá efectos ciertamente sobre el curso de la descrita fragilidad financiera. ¿Qué escenario puede imaginarse como resultado de la interacción entre la crisis política y la crisis económico-financiera?. La respuesta no es fácil. Sin embargo, si se produce una crisis financiera junto a una modificación de la estructura de precios relativos con un tipo de cambio al alza, las fuerzas democráticas pueden verse acompañadas de una creciente corriente pro-industrialista y, claro está, a favor del cambio en la estructura de precios relativos para la producción de transables y la generación de puestos de trabajo estables. Si el desenlace es a favor de las fuerzas democráticas y en contra de los que fueron beneficiarios-rentistas del modelo neoliberal de los últimos diez años, podemos imaginar que ellas tendrán que abrazar indefectiblemente las banderas de la reindustrialización, ciertamente, en el contexto de un mundo abierto y de mercado.

Diario La República

Sunday, April 09, 2000

La monomanía fujimorista de los economistas neoliberales


Los economistas neoliberales que acusan de “populista” a Toledo adolecen, por alguna razón, de monomanía fujimorista. No les importa que en diez años de fujimorismo los ingresos reales de los trabajadores formales e informales no recuperaron sus altos niveles registrados en los años 80; que los salarios reales de los trabajadores se estancaron en el nivel que alcanzaron en 1989; que no disminuyeron los empleos de refugio, de mala calidad y precarios por inestables y carentes de beneficios sociales; que en lugar de crear más puestos de trabajo asalariado estables el fujimorismo los disminuyó en cerca de 20% comparado con el múnero de estos puestos que existía en 1988-1992; que el fujimorismo ha reducido el porcentaje de la PEA asegurada del 48% que heredó del anterior gobierno a 27%; que no ha disminuido la pobreza a pesar de ser usufructario de ingentes donaciones internacionales; en fin…que el fujimorismo ha sido incapaz de superar la difícil situación social y económica que heredó de los ochenta.

La monomanía fujimorista de los neoliberales

El uso peyorativo del adjetivo “populista” es una práctica sin ética. Todos los que ponen en duda las “monsergas neoliberales” de equilibrio fiscal, de banca sin participación del Estado, de flexibilidad laboral (que congela sueldos y salarios), de combate a la pobreza sólo con programas de ayuda, de privatización antinacional, de simultánea apertura comercial y financiera, etc., etc., son acusados por los economistas del fujimorismo de tener vínculos con el cuco Alan García. Pero si el régimen que apoyan sube los salarios mínimos y ofrece crear un banco magisterial, si acude a salvar a los bancos incrementando los depósitos del gobierno, si convierte al Estado en accionista mayoritario de un banco conocido, etc., etc., estos economistas callan en todos los idiomas.

Y, ¿por qué callan?, preguntará el lector. Porque no tienen un comportamiento moral. Varios de estos economistas han sido funcionarios de alto nivel. Uno de ellos nos bombardeó con propaganda sobre las virtudes de las AFPs (antes de su creación) y cuando después se crearon apareció muy orondo como principal accionista de una de ellas. Otro funcionario estuvo en el comité de privatización de una empresa pública de transporte aéreo y después de consumada la venta apareció como miembro o presidente del directorio de la empresa privatizada. Ninguno de estos economistas funcionarios se preocupó de dar detalles sobre la compra de papeles de la deuda externa. Ninguno de estos economistas denunció como una intromisión estatal el rescate de varios bancos privados con fondos públicos, etc. etc. El lector podrá deducir por qué la monomanía fujimorista de estos economistas. ¿Qué les ocurriría si pierde Fujimori?.

Las monsergas neoliberales y el populismo

Estos mismos economistas que temen a los déficit fiscales que se producirían, según dicen, con los aumentos de sueldos que propone uno de los canditatos que acusan de “populista”, no pueden explicar por qué el déficit de cerca de 3% generado el año 1999 no fue inflacionario sino que por el contrario se produjo simultáneamente con la disminución de la inflación de 6% a 3.5%. Para estos economistas, todo aquel que ose violar las monsergas económicas neoliberales --por ejemplo, aumentando los sueldos de los maestros, haciendo accesible el crédito a los agricultores, reduciendo el IGV y el ISC, modificando la composición del gasto fiscal para orientar los recursos hacia un programa de inversiones que haga sostenible el crecimiento, renegociar la deuda, o elevar el salario mínimo al nivel del costo de una canasta de consumo masivo— es un “populista”. Este adjetivo no se aplica a su gobierno si es este el que hace las violaciones.

El Ing. Fujimori no sabe, ni tiene por qué saber, qué es populimo, qué es estabilidad económica, qué es equilibrio fiscal y qué es manejo monetario responsable, pero a fuerza de repetir ha logrado, con el apoyo y coreo de sus nefandos economistas y medios de comunicación que controla, que académicos, políticos y periodistas bien intencionados e ilustrados, y también algunos intonsos, utilicen peyorativamente esos términos. El desprestigio del concepto populismo –como nos recuerda Nicolás Lynch—hace que se ignore la influencia populista en la democratización de América Latina, en términos de acceso a derechos sociales y políticos, de la construcción de ciudadanía, y del desarrollo de la sociedad civil y de los espacios públicos. El sesgo económico de este concepto es igualmente peyorativo: “populismo económico” es excesivo gasto fiscal, uso activo de las políticas fiscal y monetaria, orientación redistributiva de las políticas y, en general, intervención económica del Estado. El desprestigio de estos conceptos económicos y la aceptación conmovedora del adjetivo “populista” para calificarlos por parte de periodistas y también de políticos de la oposición, hace que reine la mediocridad y la ausencia de rigor en el debate económico.

Hay que afirmar cada vez que sea necesario y posible, que el gasto fiscal deficitario (o la política fiscal expansiva) es útil cuando el sector privado de una economía concreta, registra superávit financiero. Que el carácter excesivo o no del gasto fiscal es un concepto relativo. ¿Alguien puede decir si es excesivo el gasto fiscal asociado a un déficit de 4.5%?. ¿Qué tendría que pasar para que sea inflacionario?. Por otro lado, si el objetivo de la política fiscal es mantener una cuenta corriente de la balanza de pagos en niveles sostenibles y consistentes con la tasa de crecimiento de la economía, no puede utilizarse la camisa de fuerza del llamado equilibrio fiscal. El signo de las metas fiscales dependerá de los déficit o superávit financieros del sector privado. ¿Saben nuestros economistas neoliberales que uno de los criterios de convergencia para la adopción de una moneda única por los países europeos fue el de operar, si fuera el caso, con un déficit fiscal que no exceda el 3% de su PBI?

La importancia de las políticas de demanda

Los economistas neoliberales no entienden cuál debería ser el papel de un Estado Moderno. Rechazan las políticas de reactivación de la demanda y se espantan frente a políticas redistribucionistas como los aumentos de sueldos y salarios. Han impuesto, con la ayuda de los hilos del poder, una moda apabullante de rechazo a toda política de demanda. Peor, no toleran hablar ni escuchar de la necesidad de alguna intervención económica de Estado. Creo que es hora de defender las políticas de demanda, pero ciertamente sin olvidarnos que el problema del país es también de oferta efectiva. Hay que rechazar la trampa neoliberal.

Los neoliberales no saben que las políticas de demanda y de redistribución son útiles en economías que operan con un sector importante que no está limitado por el lado de la oferta. No saben que se puede utilizar la composición de los gastos e ingresos fiscales como instrumentos de política para propiciar una recomposición del gasto interno de modo de hacerlo compatible con los propósitos de reactivación o para generar, a mediano plazo, una composición del gasto interno entre consumo e inversión que contribuya al crecimiento económico sostenido. Tampoco saben que un gasto deficitario transitorio originado, por ejemplo, por el aumento de sueldos – y, ciertamente, como parte de un programa económico alternativo—, podría tener un efecto reactivador significativo.

Los neoliberales no creen en las políticas de demanda porque adhieren a una corriente teórica que privilegia los factores de oferta y postulan que la economía de mercado libre tiende automáticamente al pleno empleo. Como han regresado a la economía del siglo XIX, esperan que nuestra economía salga automáticamente de la recesión. No saben que las políticas fiscal y monetaria se usan para estabilizar la economía y que, por lo tanto, las políticas de demanda permiten administrar el auge y las recesiones. Y no saben qué es estabilización porque creen que este gobierno ha estabilizado la economía al bajar notoriamente la inflación y no se sorprenden que lo hizo a costa de agudizar el desequilibrio externo.

Diario La República

Friday, December 31, 1999

Si el fujimorismo se perpetúa será responsable de grave reacción social

El profesor de Economía de la Universidad Católica Félix Jiménez analiza a continuación las opciones de política económica que enfrentará el país a partir del primer día del 2000 anticipando un horizonte recesivo y la gestación de una explosión social nunca antes vista si el presidente Fujimori consigue, con todo el apoyo del Estado, continuar en el poder cinco años más. Aquí una síntesis del diálogo:

-¿Cuáles son sus proyecciones sobre el comportamiento de la economía peruana en el 2000?
No obstante las cifras que maquilla y difunde el gobierno, creo que la recesión continuará. Si no hay cambios en la política económica neoliberal, lo que ocurra en el contexto internacional explicará las fluctuaciones del PBI. Si el régimen fujimorista no hubiera tenido un entorno internacional favorable en los años 1993-1997, con bajas tasas de interés, buen clima, demanda mundial creciente por productos primarios y afluencia de capitales extranjeros (en su forma financiera y de inversión directa), la economía no hubiera crecido. Ahora este gobierno sigue, como lo hizo desde su inicio, apostando al buen clima, a la recuperación notoria de la demanda mundial y al regreso de los capitales extranjeros. Mientras espera, está prácticamente "subsidiando" a los bancos con sus depósitos inmovilizados para que estos no se derrumben. El crédito caro y la morosidad de pagos se refuerzan frente a una política económica que ha mostrado ser inoperante tanto para estimular el crecimiento como para combatir la recesión. Si la Reserva Federal sube las tasas de interés a comienzos del 2000 y, ciertamente, si no hay cambios drásticos en la política económica, es muy probable que la recesión se prolongue por mucho tiempo más. Este gobierno será así recordado por haber provocado la recesión más larga de la historia moderna del país.

Dependientes del extranjero

-¿Puede decirse que la economía peruana después de dos lustros de neoliberalismo es más sólida que antes?
La economía peruana es otra vez primario exportadora, altamente dependiente del capital extranjero, más vulnerable a los shocks externos, y contraria al desarrollo social del país. No genera puestos de trabajo permanentes y con ingresos decentes. El neoliberalismo fujimorista ha empobrecido a la clase media y deteriorado las condiciones de vida de las grandes mayorías. Nos ha hecho más pobres no sólo económicamente sino culturalmente. Ha acentuado el estrangulamiento externo no sólo por el lado de la balanza comercial, sino también por el lado de los servicios financieros (remisión de utilidades de la inversión extranjera y pago de intereses de la deuda externa). En fin, nos ha regresado en condiciones económicas, sociales y políticas peoresñ al mismo sitio de donde partimos hace cincuenta años.

Se perdieron 200 mil empleos

-¿Esto se grafica en la situación del empleo?
Por supuesto. La tasa de desempleo ha aumentado comparada con la registrada en los años 80. Mientras el promedio de desempleo entre 1986 y 1988 fue de 5.5%, este promedio asciende a 8.6% entre 1992 y 1997. En el último año de recesión se han perdido cerca de 200 mil puestos de trabajo en una economía en la que 260 mil personas se incorporan anualmente al mercado laboral. Ha aumentado el empleo informal, de refugio, de mala calidad y precario por ser inestable y carente de beneficios sociales. En 1990 este empleo informal representaba el 52.0% del empleo total y en lugar de reducirse aumentó hasta alcanzar la cifra de 56.9% en 1997. Una economía que no descansa en el dinamismo de la demanda interna y, en particular, del consumo privado, tiene el camino expedito para ajustar el mercado de trabajo mediante la llamada flexibilidad salarial, es decir, ajustando los ingresos de los trabajadores hacia abajo, sin límite legal alguno que lo evite compulsivamente. Los ingresos reales en los años 90, de trabajadores formales e informales, no han recuperado sus altos niveles registrados durante la reactivación económica de 1986-1987. Además, la pobreza no se ha reducido. En 1985 representaba el 41.0% de la población. Subió a 53.0% en 1995 y sólo disminuyó a 51.0% en 1997.

-El período electoral, ¿afectará la marcha de la economía?
No creo que esto ocurra por el lado de la política económica. El gobierno ha optado por la contracción de la actividad económica, es decir, por un ajuste por cantidades y no por precios que sería el caso de una devaluación. Esta es una de las razones por las que sostengo que la recesión se prolongará. El gobierno está haciendo gastos improductivos y los acrecentará de optar por la re-reelección. Y, en estas condiciones, la prolongación de la recesión difícilmente morigerará la fuerte presión sobre las reservas internacionales del Banco Central de Reserva.

-¿Alguna señal de reactivación?
Ya que continuará el atraso del tipo de cambio real, no habrá crecimiento importante de las exportaciones manufactureras. Y, mientras el flujo de créditos no se restablezca, seguirá la contracción de la industria de la construcción y de la manufactura no procesadora de recursos primarios orientada al mercado interno.

-¿Qué puede ocurrir en el sistema bancario?
Actualmente hay una demanda acrecentada de fondos o capitales extranjeros, dada la internacionalización de la crisis financiera. El entorno macroeconómico generado por la política neoliberal es complicado. Junto al agravamiento del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, la política neoliberal es responsable de la fragilidad financiera en términos de cartera pesada y de dolarización del portafolio bancario. Los bancos son reacios a expandir los créditos. Cualquier política destinada a aumentar sus fondos prestables (compra de dólares al sector privado o reducción de encaje en moneda extranjera) tendría efectos contraproducentes. La inyección de oferta de crédito en moneda nacional bajaría la tasa de interés en soles, pero presionaría al alza del tipo de cambio acentuando la fragilidad del sistema bancario. Sería además la renuncia expresa a uno de los instrumentos antiinflacionarios por excelencia.

Política monetaria

-¿No se podría optar por una reducción del encaje?
Si se reduce el encaje en moneda extranjera para aumentar la oferta correspondiente al crédito, se agudizaría la disminución de las reservas internacionales netas del BCRP. Esta política, por lo demás, estimularía a los bancos locales a pagar sus deudas con los bancos extranjeros y, en el mejor de los casos, el correspondiente aumento del crédito favorecería más a las grandes empresas. En consecuencia, la política monetaria es inoperante en el esquema neoliberal fujimorista.

-En su esquema los márgenes de maniobra del gobierno parecen limitados ¿No puede aplicar otra vez una política contracíclica?
Tampoco puede optar decididamente por una política fiscal contracíclica (aumento del gasto orientado a reactivar la demanda interna o disminución de impuestos en la actual recesión), no obstante el ciclo político actual. Los fondos acumulados de la privatización financiarían con creces un gasto deficitario productivo. Pero, optar por esta política significaría no sólo renegar de la premisa neoliberal de neutralidad del Estado, sino enfrentarse a los acreedores de la deuda externa. El gobierno ha optado por gastos improductivos inundando las calles y cerros del país con "pintas" de propaganda oficial. Y, como el lector comprenderá, la industria de pinturas y los bajos ingresos del empleo transitorio asociado a estas "pintas" no tienen un efecto multiplicador suficiente para reactivar el conjunto de la producción para el mercado interno.

Oposición debe prepararse

-¿La alternativa sería el cambio de política económica?
La recesión actual y las consecuencias sociales del neoliberalismo están generando las condiciones para un cambio drástico de las políticas y de su concepción neoliberal. La oposición debe estar preparada para enfrentar este reto. Si el fujimorismo se perpetúa, será responsable de una reacción social sin precedentes en el siglo que termina. Considérese que la pobreza es más triste y deprimente que antes. Hay una especie de perversión moral asociada a la precarización de los espacios públicos y colectivos que puede devenir en un conflicto social de consecuencias imprevisibles.

-¿Por qué?
Porque las condiciones de sobrevivencia son más difíciles que antes. Los empleos permanentes disminuyeron de un 80% del empleo asalariado formal en 1991 a 39% en 1997. Si se considera que el asalariamiento formal (público y privado) es del orden de 45% del empleo total, el porcentaje de trabajadores con una relación formal permanente disminuyó de 36% del total de trabajadores a la cifra inverosímil de 18%. Con los ajustes y políticas neoliberales, la magnitud del aseguramiento en salud ha disminuido en las distintas modalidades de seguros públicos y privados. El porcentaje de personas con seguro de salud disminuyó de 37.7% en 1994 a 23.5% en 1997. La población con seguro privado, además de EsSalud, es la que sufrió la mayor disminución entre 1994 y 1997: a más de la mitad. EsSalud disminuyó en algo más de un tercio y los que sólo tenían seguro privado disminuyeron en casi un tercio. El régimen neoliberal heredó en 1990 un 47.6% de PEA asegurada para después reducirlo sistemáticamente hasta el 27.1% en 1998. Compárese con el porcentaje registrado en 1987 (41.2%).

-Proyectando el escenario para después del 28 de julio del 2000, ¿qué tareas prioritarias tendrá que ejecutar el nuevo gobierno?
Las tareas de un nuevo gobierno que asuma el poder en julio del 2000 tienen que ver con la superación de esta situación social de cuya perversión es responsable el fujimorismo. Hay que cambiar el liderazgo de los sectores primario exportador y no transables. Hay que modificar la dependencia al capital extranjero y la vulnerabilidad de la economía a los shocks externos. Para participar competitivamente en la actual economía mundial abierta y de mercado, hay que poner el tipo de cambio al servicio de la producción y el empleo y hay que recuperar el rol auténticamente regulador del Estado así como el manejo autónomo de la política fiscal y monetaria.

Diario La República

Friday, March 19, 1993

Mercado, Estado y Ciencia Económica

Los profesionales y militantes de la economía neo-liberal, están propalando, en nuestro país, la idea de que existen dos tipos de economistas que se diferencian, supuestamente, por su adhesión al mercado o a la intervención del Estado. El objetivo de este basto razonamiento dicotómico no es otro que el efectismo político. Se trata de hacernos creer que hay economistas y políticos partidarios o del sistema de libre mercado o del sistema estatal de planificación centralizada. Luego, para mostrar que la verdad y la realidad están de lado de los primeros, se nos recuerda el desmoronamiento, acaecido en 1989, de los regímenes totalitarios de Europa Oriental. Así, ya no parece difícil persuadirnos que el libre mercado es la fundación de la libertad y la democracia.

Ciencia económica y Competencia

Pero, un momento. ¿No es verdad acaso que en países como el nuestro, como dice Eduardo Galeano, cuanto más libres son los mercados, menos libres y más pobres son sus pueblos?. El autor de Días y Noches de Amor y Guerra, nos recuerda, además, que en nuestros países el mercado libre precisa de Mussolini. Lo que nos interesa aquí, sin embargo, no es destacar el costo social y político de los programas liberales, sino situar el debate sobre el neoliberalismo, en el terreno del objeto y método de la ciencia económica, para revelar su carácter ideológico.

Los economistas sabemos que el objeto de la ciencia económica consiste en comprender la operación del sistema capitalista de mercado en términos del modo en que resuelve los problemas económicos básicos referidos a la producción y a la distribución de lo que se produce, y a la organización técnica y social de estos procesos. Su objeto no es el estudio de la asignación de recursos escasos entre fines alternativos. Para decirlo con claridad el objeto de estudio de la economía no es un sistema estatal, sino un sistema que esta operando a través del intercambio generalizado. Los economistas, por lo tanto, no podemos separar la conducta del mercado del análisis de la determinación del producto agregado y del empleo.

Pero, además, la ciencia económica tiene sentido porque la operación del mercado es sistemática, regular, debido a la presencia del proceso de competencia. Este proceso era concebido por Smith como la "ley de la oferta y la demanda" que esencialmente significaba movilidad de medios de producción entre usos alternativos que continuamente conducía al establecimiento del "precio natural". En Ricardo el proceso de competencia también constituía la gravitación de los precios de mercado hacia los precios naturales, pero suponía sólo movimientos del capital provocados por las decisiones de los capitalistas, los mismos que conducían a la modificación de la estructura de la producción. En las versiones modernas de la ciencia económica, la noción de competencia está relacionada no sólo a los movimientos del capital, sino principalmente al desarrollo y creación del capital. Esta es la fuerza reguladora en la economía de mercado y supone la presencia de empresarios afectos al riesgo e innovadores.

Dos concepciones del capitalismo

Los economistas neoclásicos han transformado la "ley de la oferta y la demanda" en la teoría de la oferta y la demanda. Para esta teoría el precio es alto o bajo debido a la presencia o ausencia de escasez. La competencia ya no es vista como un proceso, sino como una estructura de mercado dominada por pequeñas unidades productivas tomadoras de precios. Su objetivo no es describir el proceso de gravitación de los precios de mercado hacia los precios de producción, sino explicar la determinación de precios y cantidades de equilibrio, es decir, precios y cantidades que "aseguran" el bienestar económico y la eficiencia en la utilización de los recursos productivos.

Así, para la teoría de la oferta y la demanda, el libre funcionamiento del mercado conduce al pleno empleo. En esta proposición se encuentra el origen de la profunda división dentro de la profesión de los economistas. No es la adhesión al sistema estatal o de mercado lo que diferencia a los economistas liberales de los no liberales, sino sus distintas concepciones sobre el funcionamiento de las economías capitalistas y sobre el papel de la política económica.

Para la teoría neoclásica, ortodoxa o liberal, el sistema económico capitalista es autorregulable, porque el comportamiento del sector privado es estable o autoestabilizable. La inestabilidad del mundo real proviene de la intervención del Estado, con políticas que dificultan el libre funcionamiento del mercado. Según esta teoría, el nivel de actividad económica no depende del gasto público o de otros factores de demanda, sino de la disponibilidad de factores productivos.

En cambio, para los clásicos la operación del libre mercado no conduce necesariamente al pleno empleo. Para los Keynesianos-Kaleckianos, el apogeo y la crisis son consustanciales al funcionamiento del sistema, y en este el libre mercado no asegura que su tendencia de largo plazo sea el pleno empleo de la fuerza de trabajo. Según el consenso post-Keynesiano desarrollado después de la segunda guerra mundial, el sistema económico capitalista es intrínsecamente inestable por sus efectos adversos en el mercado de trabajo. Como nada garantiza que el nivel de demanda efectiva corresponda al pleno empleo y a las necesidades básicas de la población, la intervención reguladora del Estado aparecía como una necesidad.

Estado y ausencia de competencia en la economía peruana

En pleno consenso post-keynesiano sobre la necesaria regulación del mercado capitalista de los centros, los empresarios peruanos se comprometieron con la estrategia Cepalina de sustitución de importaciones. Aceptaron la estrategia de industrialización basada en el mercado interno y no dudaron en coligarse con el Estado para usufructuar de la protección.

Ellos fueron convencidos por los vientos de la época de que este era el camino hacia la modernidad imperante en los centros. El paradigma industrial de los centros podía ser construido con la directa intervención del Estado en la política comercial, cambiaria, fiscal, monetaria, etc. Pero como este no se reñía necesariamente con el rentismo, los empresarios usufructuaron del Estado y tergiversaron el modelo sustitutivo ganando no lo que ellos gastaban, como ocurría en los "centros", sino lo que gastaba el Estado.

La modernidad que introdujeron en el país fue extranjera, no sólo por la relación comercial dependiente que establecieron entre el aparato productivo industrial y el mercado internacional vía la importación de insumos, tecnologías y bienes de capital, sino también porque adoptaron una conducta rentista y adversa al riesgo, contraria al proceso de competencia capitalista. Fracasaron, así, en la construcción de un mercado interno articulado, condición indispensable para la modernización endógena y el crecimiento económico.

Reformas liberal y nacional

El rechazo a la intervención del Estado es parte de la moda liberal actual. Nuestros empresarios --ciertamente no todos-- han descubierto ahora que el único modo de acumular y hacer crecer sus capitales es sometiéndose al "rigor" del mercado libre y a los efectos adversos que sobre la demanda tiene la austeridad fiscal. En realidad, se trata de una renuncia explícita a la modernidad endógena, la aceptación de la total fragmentación del mercado interno y de la reinserción subordinada al mercado mundial, que podría conducir de modo irremediable a la destrucción de la emergente clase empresarial nacional y de una modernidad no meteca.

La teoría económica no-neoclásica también se funda en la presencia del mercado, pero a diferencia de la economía neoclásica, sostiene que el funcionamiento libre del mercado no conduce al pleno empleo y menos al bienestar general. No existe en ella planteamiento alguno de eliminación o sustitución del mercado. Por el contrario argumenta a favor de su expansión diversificada y articulada. Mercados internos articulados y en expansión potencian la demanda final generando demandas derivadas y estimulan el progreso técnico, el crecimiento de la productividad y el desarrollo de ventajas, no sólo en costos y precios, que aumentan la capacidad exportadora.

En nuestro país, la articulación de los mercados internos y la participación no-subordinada en el mercado internacional requiere la presencia de políticas macroeconómicas activas que orienten la modificación de la composición del vector de inversiones, al mismo tiempo que desalienten el rentismo y estimulen el desarrollo empresarial innovador y competitivo. La propuesta liberal no considera que, en el país, la carencia de homogeneidad tecnológica y las desarticulaciones verticales y las sectoriales, dan lugar a que los efectos multiplicadores de las inversiones sean poco significativos, como tampoco toma en cuenta el desequilibrio estructural existente entre la composición de la oferta doméstica de producción y la composición de la demanda agregada interna.

Economía liberal o economía del ama de casa

Según la economía liberal neoclásica, la crisis es resultado de la ausencia de austeridad, de la acumulación de déficit. Los déficit generan inflación y la inflación provoca desempleo, estancamiento de las inversiones, desaceleración de la tasa de acumulación de capital, etc., etc. Por lo tanto, la estrategia de solución es simple. En primer lugar, hay que eliminar el déficit del gobierno mediante la disminución de los gastos y el aumento de los impuestos. En segundo lugar, hay que estimular el ahorro (la frugalidad). Y, por último, hay que eliminar el déficit acumulado de las empresas y las posibilidades de crédito por encima de sus posibilidades iniciales de repago.

El argumento es trivial. Se reduce la ciencia económica a la economía que practica el ama de casa. Esta economía liberal no entiende como operan los negocios capitalistas ni toma en cuenta la experiencia histórica del crecimiento y expansión de los países capitalistas avanzados.

Toda decisión individual de ahorrar (de no gastar) afecta negativamente al ingreso agregado porque se priva a otra persona del respectivo ingreso. Si todos los individuos decidieran ahorrar todos sus ingresos, el ingreso agregado sería igual a cero, lo mismo que el ahorro y el consumo. Por lo tanto, la única forma de ahorrar que tiene la comunidad es invertir. El gasto en inversión de un agente es reflejado en el ahorro, porque no aumenta el consumo pero aumenta el ingreso. Si el que recibe el ingreso incrementado lo gasta en consumo, el ahorro no desaparece. Ningún beneficio o ahorro puede ser realizado a nivel agregado, si los gastos son sólo en bienes de consumo. Algo en adición al consumo debe ser introducido, es decir, la inversión.


La importancia del mercado y del endeudamiento internos

¿Quien puede negar que la expansión de los negocios capitalistas depende del crecimiento de corto y largo plazo del mercado o, lo que es lo mismo, del crecimiento de las ventas? Una caída de los gastos provocada por la austeridad, produce una caída de la producción y, dependiendo de su magnitud, puede provocar el cierre de empresas. Estos efectos, a su turno, exacerban la reducción inicial del gasto debido al efecto multiplicador y, en consecuencia, deprimen los ingresos. Y, ciertamente, con la disminución de los gastos no se puede aumentar el ahorro, porque disminuyen los ingresos.

Por otro lado, no hay país capitalista con estructuras productivas diversificadas y articuladas, que haya incrementado su capacidad de producción sin recurrir al crédito o al endeudamiento en el mercado de capitales. El empresario innovador y competitivo se endeuda o incurre en un déficit inicial, porque arriesga confiando en el cálculo de sus probables rendimientos futuros asociado al crecimiento de las ventas esperadas. Como se comprenderá, el mercado de capitales desempeña aquí un papel fundamental: este debe financiar la inversión creando nuevos créditos o deudas. Mientras el consumo depende fundamentalmente del ingreso, la inversión es independizada del ingreso por la presencia del mercado de capitales o del sistema del sistema financiero del cual él es parte.

Versión Original publicada en la Revista Actualidad Económica