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Sunday, December 20, 2009

El modelo económico depredador de Alan García

El presidente Alan García dice que Michael Porter «cometió un grave error porque repitió en Perú lo mismo que dice en otros países». Mutatis mutandis es su propio error pues su gobierno aplica la misma receta neoliberal recomendada para todos los países. Podría decirse también que le ha dolido que le digan sus verdades. ¿Acaso no propuso, entre otras perlas, subastar las tierras comunales «ociosas», reducir los impuestos a las empresas mineras, privatizar las funciones reguladoras del Estado y que los trabajadores accedan solo «progresivamente» a sus derechos laborales conculcados? Le fastidia que le hagan notar que el modelo que su gobierno patrocina es primario exportador y que además promueve una competitividad exportadora basada en el «cholo barato», sin educación de nivel y sin seguridad social.

Productividad y Modernización en el período neoliberal
El desarrollo productivo tiene que ver con la innovación y modernización tecnológica de las actividades industriales y agropecuarias. Pero Alan García cree que desarrollo productivo es «poner en valor» los recursos (forestales, agrícolas, mineros, marinos, etc.) entregándolos en concesión o vendiéndolos al capital extranjero. Por eso defiende al modelo primario exportador, depredador de recursos naturales, de las comunidades y de los ecosistemas, y anhela una «explosión de las inversiones».

Las inversiones no han modificado los bajos niveles de productividad que se registran desde fines de los años ochenta. La productividad aumentó durante los años de industrialización hasta alcanzar un máximo en 1974-1975; después disminuyó significativamente. Su leve recuperación en últimos cinco años no ha permitido superar los niveles que registró a inicios de los años 60s (véase Gráfico 1).

Gráfico 1






Fuente: BCRP e INEI. Elaboración propia

Las inversiones tampoco sirvieron para superar el estancamiento de la relación capital/trabajo registrado en las últimas décadas. Este importante indicador de modernización crece sostenidamente durante los años de industrialización para luego disminuir y estancarse, al igual que la productividad. Por lo tanto, en todo el período neoliberal no hay proceso alguno de modernización ni de cambio técnico que impacte al conjunto de la economía (véase Gráfico 2).

La ausencia de modernización, o de innovación y desarrollo tecnológico, también se confirma con el cambio en la composición de la inversión. Entre 1950 y 1980, la participación de la inversión en maquinaria y equipo en la inversión total, fluctúa pero alrededor de una tendencia creciente; después pierde importancia relativa pues aumenta de modo notable la participación de la inversión en construcción (véase Gráfico 2). Es claro entonces que la modernización de las economías de mercado NO se logra con el predomino de las inversiones en construcción sobre las inversiones en maquinaria y equipo. Precisamente en este período la economía se reprimariza y terciariza.

Gráfico 2






Fuente: INEI y BCRP. Elaboración propia


Eficiencia de la Inversión
La inversión pierde eficiencia en una economía primaria y terciarizada. La eficiencia, como concepto macroeconómico, se mide con el ratio incremental capital producto (ICOR, por su sigla en inglés), que resulta de dividir el ratio de inversión neta a PBI entre la tasa de crecimiento económico. Cuanto menor es el ICOR, más eficiente es la inversión. En el período 1950 a 1975, se registra un ICOR de 1.9; lo que significa que para generar una tasa de crecimiento de 1% anual, se requería de una inversión nueva equivalente a 1.9% del PBI. Durante los años de neoliberalismo, 1990-2008, el ICOR es mayor e igual a 2.3.

La baja productividad y la disminución de la eficiencia de la inversión también se explican por la reducción del gasto del Estado. En los años en los que se alcanza el máximo porcentaje de inversión pública con respecto al PBI, la eficiencia de la inversión es mayor (se obtiene un ICOR menor) que en los años de reducciones drásticas de la inversión pública (1990-2008). La reducción del gasto del Estado, ha desmejorado la calidad de la infraestructura, de educación, de salud, afectando tanto la expansión de los mercados internos y la calidad de la mano de obra.

A modo de conclusión
El modelo exportador primario y basado en el «cholo barato» no sirve para aumentar la productividad y desarrollar el país. Lo que se requiere es un nuevo proceso de industrialización, que se sustente en el procesamiento de los recursos primarios, en la expansión de los mercados internos mediante infraestructura y en esquemas de financiamiento nuevos mediante el desarrollo del mercado de capitales en moneda local.


Pubicado en el Diario La República

Sunday, September 23, 2007

Orientar la inversión para construir Nación

Un amigo que había leído mi artículo anterior sobre este mismo tema, me preguntó: ¿Cómo se orientan las inversiones? ¿Estás proponiendo utilizar aquellas medidas «primitivas» del pasado, exoneraciones tributarias y subsidios, que ya fracasaron porque afectaron terriblemente la caja fiscal? ¡No!, le respondí. Convendrás conmigo –le dije-- que muchos de los que gobernaron nuestro país cuando «favorecieron» a la inversión privada, emplearon un lenguaje oblicuo, porque no les importó su orientación ni las condiciones en la que se llevaba a cabo. Y, lo que es peor, siempre miraron hacia afuera cuando declamaron sobre producción y crecimiento económico. No es casual que el llamado modelo exportador tiene, en nuestro país, la antigüedad de sus oligarquías. Para estas, exigirle «condiciones de desempeño» a la inversión extranjera –como la que acaba de hacerle el pueblo piurano a la Minera Majaz-, era considerado una «conspiración» contra el crecimiento y desarrollo. Hay que leer Redoble por Rancas, de Manuel Scorza, para no olvidar a La Oroya convertida en un páramo.

Los gobernantes deben saber que la inversión privada nacional tiene limitaciones de financiamiento y de mercado, que la inversión extranjera no los tiene. Esta última, dirigida fundamentalmente a la producción de «commodities» (minería, petróleo y gas) o de servicios de alta tecnología (telefonía y electricidad), tiene financiamiento y mercados asegurados. No pasa lo mismo con la inversión privada nacional. ¿Por qué las medianas, pequeñas y micro empresas no crecen y aumentan su productividad sostenidamente? ¿Por qué estas empresas también anhelan exportar y ganar, sin hacer cambios técnicos o innovaciones en sus procesos de producción y sin mejorar las remuneraciones de sus asalariados? ¿Por qué cerca del 30% de los trabajadores de las pequeñas empresas y más del 50% de los trabajadores de las micro empresas, perciben salarios menores que el mínimo?

Limitación de Financiamiento
¿Qué hechos –me preguntó mi amigo-- impiden que se produzcan en nuestro país mejoras sostenidas en la productividad? Respondí: los mismos que obstaculizan la inversión privada nacional. No hay financiamiento ni mercados internos en expansión para ejecutar proyectos productivos de mediano y largo plazo. La gran mayoría de empresas (medianas, pequeñas y micros), no pueden innovar sus procesos de producción para hacerse más productivas. No hay proyecto de inversión cuya rentabilidad supere las tasas de 30% o 45% promedio de los créditos que obtienen en el mercado, con una inflación que no supera el 3% anual. Si la «revolución del crédito» que proponía Belaúnde para derrotar a la oligarquía financiera no hubiera fracasado, otra sería la situación. El «ruido político» de la coalición APRA-UNO de esos años, constituido de motu proprio en «primer poder del estado», nos hizo perder la oportunidad de desarrollarnos. Hay que expandir el mercado de capitales, adecuando su marco regulatorio, para que las medianas y pequeñas empresas puedan financiar proyectos de mediano y largo plazo emitiendo bonos con garantías soberanas o de instituciones financieras internacionales. Imagínate –-le dije-- la «revolución capitalista» que ocurriría en el país si las diez o veinte empresas, con los mejores antecedentes crediticios, se asociaran para emitir un bono garantizado de sólo cinco años de plazo, para empezar, a tasas equivalentes a la cuarta parte de la tasa promedio que hoy pagan.

Limitación de mercado
Por otro lado, la limitación de mercado ha generado una propensión a mirar y admirar todo lo que está «fuera de nosotros mismos». Fracasó también la «Colonización Vial» de la que nos hablaba en los años sesenta el presidente Belaúnde, por las mismas razones que fracasó su «Revolución del Crédito». Para crear y expandir los mercados internos, poniendo en valor tierras aun no explotadas de la sierra y de la selva del país, hay que ocupar el territorio con infraestructura económica y social (buenas carreteras, telecomunicaciones, electrificación, aeropuertos, módulos de escuelas y colegios, hospitales, canales de riego, etc.); pero en serio, no la infraestructura de «sierra exportadora» ni los caminos rurales que financian las conocidas instituciones multilaterales. Sólo así los empresarios nacionales arriesgarán sus capitales para producir, abasteciendo tanto el mercado interno como el mercado externo. Con mercados en expansión ya no será imposible que las empresas introduzcan cambios técnicos en sus procesos de producción para producir más y mejor, es decir, para aumentar su productividad y, por ende, su competitividad. Es, además, la manera de integrar la economía con la geografía y demografía del país, de construir una verdadera Nación.

Carrera hacia el fondo
La ideología neoliberal –le dije a mi paciente amigo-- ha resucitado el viejo fenómeno de fines del siglo XIX conocido como la «carrera hacia el fondo» (Race to the Bottom). Es la competencia entre países para atraer inversiones que dio lugar al desmantelamiento de los estándares regulatorios. El mismo fenómeno ocurrió en los Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX, cuando sus estados compitieron entre sí para atraer empresas y capitales a sus localidades. El resultado de este tipo de competencia fue la reducción generalizada de impuestos y el abaratamiento generalizado de la mano de obra, que hicieron más desigual la distribución del ingreso y aumentaron el porcentaje de población en situación de pobreza.
Esta es la receta de nuestros neoliberales criollos. Para estos, la competitividad en los mercados internacionales se conserva o se gana con salarios bajos y, si acaso, manteniendo a la abrumadora mayoría de los trabajadores con salarios por debajo del mínimo. Esta es la base del modelo exportador que preconizan. Poco se habla de los modos de mejorar la productividad que es la manera genuina de ganar competitividad en los mercados internacionales. La razón, imagino, es que hablar sobre este tema necesariamente nos conduce a mirar hacia adentro para mirar mejor hacia afuera.

El Perú como commodity
Para terminar –dije--, la creación de mercados internos y el desarrollo del mercado de capitales, adecuándolos al objetivo de construir Nación, son tareas que deben ser parte de la lucha política, en esta primera década del siglo XXI, para enfrentar a la derecha y al entreguismo de nuestro país. Para enfrentar a los que hoy reencarnan a José Rufino Echenique (1851-1855), el de la consignación del guano, con su peculiar lotización del mercado internacional; a Mariano Ignacio Prado (1876-1879), el de la inefable ley de bases de la minería; a Eduardo López de Romaña (1899-1903), el del primer Código de Minería; a Manuel Apolinario Odría (1948-1956), el del segundo Código de Minería y de la primera depreciación acelerada de activos; y, a Alberto Fujimori Fujimori (1990-2000), el de los contratos de estabilidad jurídica y tributaria, y restaurador de la depreciación acelerada de activos. Esta es, pues, también la manera de enfrentar en estos años, al gobierno del aprismo alanista, el del «óbolo» minero, que, al igual que los anteriores, representa, como dice ese ilustrado periodista César Hildebrant, «la economía primaria del saqueo colonial, la subasta invertida del Perú como commodity».


Publicado en El Diario de La República

Thursday, September 06, 2007

¿Aceleración u orientación sectorial y geográfica de la Inversión?

«La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo amablemente:
--Ahora puedes descansar un poco.
Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.
--Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!
--¡Pues claro que sí! --convino la Reina--. Y ¿cómo si no?
--Bueno, lo que es en mi país --aclaró Alicia, jadeando aún bastante-- cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte...
--¡Un país bastante lento! --replicó la Reina--. Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio».
A través del Espejo
Lewis Carroll

Hace unos días el Presidente García pidió a los empresarios adelantar sus inversiones. «Si iban a invertir en febrero (próximo) pueden hacerlo… a partir de octubre y noviembre…porque si adelantan las inversiones –dijo--, el Perú crecerá más de lo que hubiera crecido sin el sismo». ¿Sabe el presidente lo que dice? ¿Es suficiente el crecimiento de las inversiones para remontar los obstáculos al crecimiento y desarrollo equitativo del país?

La historia económica de los países de nuestra región revela que tasas altas de crecimiento de las inversiones no han generado necesariamente desarrollo ni han dado lugar a una sistemática reducción del subempleo y la pobreza. En 18 de los últimos 56 años, la inversión, en nuestro país, creció a tasas superiores al 13.0% anual hasta un máximo de 36.8%. Por ejemplo, las tasas en los años 1980 y 1981 fueron de 30.9% y 19.9%, respectivamente; en los años 1986 y 1987 del primer gobierno de García, la inversión creció a tasas de 21,7% y 17%; en los años 1994 y 1995 del fujimorato, se alcanzaron tasas de 33.7% y 21.9%; y, en el año 2006 la tasa fue de 19.0%. La tasa de crecimiento de la inversión que se logre este año, aún acelerándola como quiere el Presidente, puede ser mayor, pero no habrá cambiado por eso el estilo de crecimiento que mantiene a la mayoría de la población por debajo del nivel de subsistencia.

Desde Prebisch sabemos que no es sólo la tasa de crecimiento de la inversión, ni su aceleración, la que asegura el crecimiento y la superación del subdesarrollo de países como el nuestro. Ni tampoco es, como se demostró en el primer gobierno de García, la mayor utilización de la capacidad productiva, la que asegura el crecimiento con estabilidad y con una distribución del ingreso más equitativa. Lo que importa es la orientación de la inversión, es decir, hacía que actividades productivas se dirige la inversión. Y esta orientación debe reflejarse en su composición. En las últimas dos décadas, a diferencia de lo que ocurrió en las décadas de los años 50 a 70, la inversión en construcción es la que domina en el total, es decir, ha disminuido el peso relativo de la inversión en maquinaria y equipamiento.

En otras palabras, si los recursos de inversión se orientan a la producción de materias primas, a la explotación de recursos naturales y a la industria de la construcción, y no al desarrollo y expansión de actividades que generen valor agregado, seguiremos consolidando un crecimiento volátil con un comercio exterior especializado en la producción primaria y en actividades con escaso grado de modernización y con salarios relativamente bajos.
El actual gobierno no tiene un plan de desarrollo del país, sectorial y geográficamente balanceado, y socialmente equitativo. No hay visión de desarrollo, no tiene siquiera grandes lineamientos orientadores para la asignación de recursos privados y públicos. La improvisación está dominando a los deseos anunciados el 28 de julio de poner en ejecución el Centro de Planeamiento Estratégico (CEPLAN). Hay que recordar que el «aceleracionismo y la improvisación» nos han mantenido en el mismo sitio o nos han llevado sólo a alguna parte, como en el país de la Reina o de Alicia en el cuento de Lewis Carroll, A Través del Espejo.

Por último, la propuesta «aceleracionista» de Alan García fue acompañada, con candorosa transparencia, de su desconocimiento acerca de la importancia y contenido de la reforma del Estado. Al pedirles a los empresarios que digan cuáles son los obstáculos en los reglamentos o leyes que deben levantarse para acelerar la inversión, el Presidente García reveló que su gobierno no tiene ni metas ni proyectos claros de una reforma del Estado para contribuir al desarrollo del país. Otros dirían que en realidad lo que Presidente anunció, fue la formalización de la privatización de las funciones del Estado, para destrabar la inversión privada.
Publicado en el diario La República

Sunday, June 03, 2007

¿Aumenta vulnerabilidad de la economía?

Diversos economistas que antes se quejaban de las intervenciones esterilizadas del Banco Central de Reserva en el mercado cambiario, hoy nos dicen que el elevado nivel de Reservas Internacionales que tiene en su poder constituye un seguro que permitirá anular las presiones cambiarias y monetarias en casos de choques externos negativos. En efecto, las RIN ahora superan los US$ 21 mil millones y la posición de cambio se acerca a los US$ 15 mil millones.
Ciertamente, si el BCRP optara por utilizar sus reservas para enfrentar un choque externo adverso, sus efectos negativos en la economía serían notoriamente morigerados.


De aquí, sin embargo, no se deduce que los cambios en la política monetaria efectuados durante los últimos nueve meses, sean irrelevantes. A nuestro juicio, estos cambios están configurando un proceso nocivo para la estabilidad económica y financiera del país. La actual política fiscal también participa en la configuración de este proceso, en un contexto internacional incierto no sólo para los términos de intercambio de nuestros productos minerales sino también para el volumen de exportaciones no tradicionales, por la desaceleración del crecimiento de la economía de los Estados Unidos. ¿Cuáles son esos hechos que confluyen en la formación de ese proceso nocivo para la estabilidad económica y financiera del país?


En primer lugar, el reforzamiento de las expectativas apreciatorias de nuestra moneda alentadas por las declaraciones del presidente del directorio del Banco Central a favor de una mayor flotación del tipo de cambio. Esta modificación de las expectativas ha originando un proceso sui géneris de carry trade cambiario, que es una apuesta especulativa a la baja del tipo de cambio. Un banco, digamos, extranjero, vende dólares a futuro (forwards) a un banco local. El banco extranjero apuesta a que, al vencimiento del contrato de ventas a futuro, el tipo de cambio de mercado sea menor que el tipo de cambio forward. Es decir, apuesta a que comprará dólares «baratos» para entregárselos al comprador de forwards, haciendo ganancias extraordinarias. Y, ¿cómo se cubre el banco local que compra los forwards (dólares a futuro)? Vende sus dólares con anticipación para, con los soles que obtiene, efectuar la compra de dólares en la fecha de vencimiento del contrato forward. No debe sorprendernos, entonces, que este proceso especulativo haya provocado un incremento de las compras por encima de las ventas de forwards por parte de las empresas bancarias locales (véase gráfico).


















En segundo lugar, el aumento del margen de fluctuación potencial del tipo de cambio, con la decisión del directorio del BCRP de subir, por segunda vez, el límite operativo de las inversiones en el exterior de las AFP. Del nuevo límite de 15%, las AFP están utilizando sólo el 9%. El 6% restante equivale a US$ 1, 170 millones que, si es utilizado en el contexto de un shock externo adverso, provocaría un overshooting del tipo de cambio, haciendo inmanejable el proceso inflacionario que con ello se desataría en el país. Además, ello llevaría al incumplimiento de la meta de inflación, que ha sido reducida por el actual directorio del BCRP, lo que erosionaría su reputación, reforzando el proceso inflacionario desatado por el overshooting.


En tercer lugar, la apreciación cambiaria y un margen más amplio para las inversiones de las AFP en el exterior, facilita, como acabamos de ver, movimientos especulativos en la Bolsa de Valores. Los inversionistas de este mercado se deshacen de sus tenencias de papeles o acciones, para comprar dólares baratos y sacarlos del país. El resultado es una caída del precio de los papeles, un rebote cambiario y una recompra de papeles a precios más bajos. Los grandes especuladores hacen ganancias cambiarias y ganancias de capital en la bolsa.


En cuarto lugar, el efecto negativo de la creciente apreciación de la moneda local sobre las exportaciones no tradicionales, la balanza comercial y la balanza en cuenta corriente. Durante el primer trimestre de este año, según el INEI, las exportaciones reales crecieron en 1% y las importaciones en 15%. Ya desde el 2006 se registra una caída en el crecimiento de las exportaciones: de una tasa de 14.9% registrada en el 2005, se reduce al 1% en el 2006, mientras la tasa de crecimiento de las importaciones aumenta de 10.6% a 12.4%. En consecuencia, puede afirmarse que el superávit comercial que todavía se registra desde el 2006 a la fecha, se debe fundamentalmente a los términos de intercambio favorables. Esta disminución de los volúmenes de nuestro comercio, que ocurre en un contexto de desaceleración de la demanda norteamericana, está siendo acentuada por la apreciación de la moneda local, alentada por la autoridad monetaria.


En quinto lugar, las cuentas externas de nuestro país siguen siendo vulnerables a choques adversos de términos de intercambio, debido al predominio de las exportaciones tradicionales y al notable aumento de la propensión a importar (de 17.9% en el 2004, pasa a 18.8% en el 2005 y a 19.2% en el 2006). La demanda interna tendría que contraerse en magnitudes superiores a las registradas en períodos históricos de crisis parecidas, provocando reducciones mayores en la tasa de crecimiento del PBI. Considérese que el mercado interno, debido a los bajísimos sueldos y salarios, no es un factor de compensación de los efectos de una crisis externa.


En sexto y último lugar, los mayores créditos suplementarios solicitados por el ejecutivo y la flexibilización de la regla de crecimiento del gasto, agrega «más leña al fuego». Esta política fiscal procíclica es contraproducente para el objetivo de estabilización de la producción. No se incrementa el Fondo de Estabilidad Fiscal, ni menos se planifica la inversión pública en infraestructura para sostener el crecimiento de la demanda interna y, de este modo, morigerar la vulnerabilidad de la economía a choques externos. Peor aun, no se ha avanzado en una reforma tributaria que asegure, a futuro, un manejo fiscal responsable, con un incremento de la base tributaria, con menos peso de los impuestos indirectos y con menos exoneraciones o gastos tributarios que no cumplen su cometido.


Por las razones anteriores, hay que evitar que la actual oportunidad de desarrollo del país se trunque como en los años sesenta, cuando en la política dominaban los que tenían mayoría en el llamado, por ellos mismos, «primer poder del Estado».


Publicado en el Diario La República

Sunday, May 06, 2007

¿Por qué el Perú sigue creciendo?

Hay tres fuentes que explican el crecimiento económico. Dos corresponden al mercado interno y la tercera al mercado externo. Las dos primeras provienen del crecimiento de la demanda interna y de la sustitución (o desustitución) de importaciones. La demanda en el mercado interno se satisface con producción nacional y/o con importaciones. Si el crecimiento de esta demanda es acompañado con un menor crecimiento de importaciones, entonces crece la participación relativa de la producción nacional en el abastecimiento del mercado interno: este fenómeno es conocido como «sustitución de importaciones». Si ocurre lo contrario, la producción extranjera desplaza a la producción nacional: se pierde mercado interno. La tercera fuente es el crecimiento de las exportaciones que se expresa en un incremento de la penetración de nuestros productos en el mercado externo.

Los primeros datos
De 1990 al 2000, el PBI y la demanda interna crecieron a tasas anuales promedio parecidas (3.97%). Las exportaciones e importaciones también crecieron a tasas anuales promedio prácticamente iguales (8.0%). Pero, lo más destacable es la pérdida relativa de mercado interno (la propensión a importar aumenta a una tasa de 3.9% promedio anual), aunque también aumenta a la misma tasa (3.9%) la penetración de nuestros productos en el mercado externo medido por el coeficiente de exportaciones a PBI.

Durante los años 2000 al 2006, la situación cambia notablemente. El PBI crece a una tasa anual promedio cercana al 5%, la demanda interna lo hace a una tasa ligeramente menor (4.5%), mientras que las exportaciones crecen a una tasa que supera a la tasa de las importaciones en 1.4%. Ambas tasas (8.43% y 7.0%, respectivamente) son significativamente mayores que la tasa de crecimiento del PBI. Además, la pérdida de mercado interno se desacelera (la propensión a importar crece a una tasa promedio anual de 2.3%), mientras que la penetración de nuestros productos en los mercados externos (es decir, el coeficiente de exportaciones a PBI) crece a una tasa superior de 3.4%.

Las fuentes del crecimiento
En ambos períodos el crecimiento del PBI estuvo básicamente influido por el efecto demanda interna, aunque este disminuye relativamente su importancia del 2000 al 2006. Por otro lado, el efecto de las exportaciones en el crecimiento del PBI aumenta al paso de los años: en el periodo 1990-2000 fue de 27.6% y de 31.9% en el periodo 2000-2006.

El efecto demanda interna fue de 88.8% en el período 1990-2000. Este porcentaje se obtiene manteniendo constante la propensión a importar del año inicial. Pero, durante el fujimorismo se produjo una importante pérdida de mercado interno que afectó el crecimiento del PBI con -16.6%. Este efecto, que Chenery llama el «efecto desustitución de importaciones», fue prácticamente compensado con el efecto que sobre el crecimiento económico tuvo el aumento del coeficiente de exportaciones a PBI.

En el período 2000-2006 la composición de las fuentes de crecimiento se modifica significativamente: el 78.4% corresponde al efecto demanda interna; 16.5% al crecimiento de las exportaciones sin cambios en su relación con el PBI; 15.3% al aumento de la penetración de nuestros productos en los mercados externos; y, solo -10.3% a la «desustitución de importaciones».

Políticas que acompañaron el crecimiento
Entre las que nos importa destacar hay dos. En el período 1990-2000 se aplica una política monetaria que encarece el costo del dinero y que, además, favorece la dolarización del sistema bancario. Por esta razón el crecimiento de la demanda interna fue acompañado por el crecimiento de los créditos al consumo en moneda extranjera. De otro lado, esa misma política, cuyo objetivo fue bajar drásticamente la inflación, deprimió el tipo de cambio real restando competitividad de nuestros productos en los mercados externos.

Tipo de Cambio Real Bilateral

El régimen de política macroeconómica cambia durante los años 2000-2006. Se adopta un esquema de política monetaria basada en metas de inflación que reduce el costo del dinero. Esta política se acompaña con intervenciones esterilizadas en el mercado cambiario, cuyo efecto fue elevar el tipo de cambio real. Por último, se introdujo el «programa de creadores de mercado de deuda pública interna» que, al estimular el desarrollo del mercado doméstico de capitales en soles, contribuyó no sólo con la eficiencia de la nueva política monetaria, sino también con la desdolarización del sistema bancario.

Tasas de Interés Activas en MN y ME














Crédito en MN y ME

A modo de conclusión, podemos decir entonces que los riesgos que enfrenta el actual crecimiento del PBI no están solo por el lado de los shocks externos adversos (como la caída de los precios de los minerales que exportamos o una salida de capitales al extranjero), sino también por el lado de la política monetaria que está promoviendo una mayor disminución del precio del dólar, poniendo en riesgo el crecimiento liderado por las exportaciones.
Publicado por el Diario La República

Thursday, March 22, 2007

Neoliberalismo, Educación y Crecimiento

En un artículo anterior mostramos que las políticas del Consenso de Washington afectaron el crecimiento de largo plazo porque frenaron el aumento del stock de capital: disminuyó el porcentaje de la inversión privada a PBI y la participación de la inversión en equipo. Pero, además, esas políticas también afectaron el crecimiento de largo plazo y la competitividad, a través de su influencia negativa en el desarrollo tecnológico.
Las políticas orientadas a mejorar la calificación de los trabajadores, aumentan su eficiencia y, en consecuencia, su capacidad para utilizar las tecnologías modernas. Como se sabe, trabajadores con mayor conocimiento son capaces de generar mayor valor agregado. Esto no es posible cuando las políticas afectan la inversión en capital humano, particularmente, cuando limitan el gasto en educación, en salud y en investigación. En los países industrializados la contribución relativa del capital humano al crecimiento es grande y son ellos los que más invierten en este tipo de capital.
Desde el año 1973 hasta fines de los ochenta, el gasto en educación registró una tendencia decreciente que se acentuó dramáticamente en los años del primer gobierno de Alan García. Después, en los años noventa, cuando se recupera la economía y se supera la hiperinflación, el gasto en educación como porcentaje del PBI retoma sus valores de inicios de la década de los años ochenta; pero, no llega a superar los niveles registrados en los años setenta (ver gráfico 1). Lo que es peor, las «reformas estructurales» y el énfasis en la reducción del tamaño del Estado, afectaron significativamente la calidad de la educación. La recuperación relativa del gasto fue parte de la política fiscal procíclica y no de un plan de mejoramiento de largo plazo de la calidad del sistema educativo.

Gráfico 1

Fuente: INEI, SIAF-MEF

No puede decirse que los neoliberales de nuestro país buscan hacer de la educación el pivote del crecimiento económico de largo plazo. Los recortes de gastos junto a la ausencia de una auténtica reforma tributaria, han empobrecido a las escuelas y universidades públicas. Nótese, además, que un sistema impositivo que grave más a los que más tienen, no es visto por los neoliberales como parte integrante de la reforma del Estado.
El neoliberalismo ha convertido en guetos de «pobreza» a los espacios y bienes públicos. A diferencia de lo que ocurría en los años previos a la moda neoliberal, hoy las escuelas y universidades públicas son lugares exclusivos de los «pobres» o de los que forman parte del 54% de la población. El Estado parece que se está retirando del país. Esto lo expresa bien el actual gobierno de Alan García, quien ha calificado de «pedilones» a los pobladores de los barrios pobres, al mismo tiempo que ha institucionalizado el «óbolo» de las empresas transnacionales que explotan nuestros recursos naturales.
Con un sistema educativo que ha perdido calidad y que no invierte adecuadamente en investigación, tiene que haberse afectado la productividad de los trabajadores y, por ende, su capacidad de operar con tecnologías más modernas. Este hecho, el freno al crecimiento del stock de capital y la disminución relativa de la inversión en equipo, son los responsables del largo estancamiento de la relación capital-trabajo (ver gráfico 2).

Gráfico 2










Fuente: INEI


Publicado por La República

Tuesday, March 13, 2007

Neoliberalismo afectó crecimiento de largo plazo


Se sabe que las políticas económicas pueden acelerar o retardar el crecimiento económico de largo plazo a través de su influencia en el desarrollo tecnológico y en la tendencia de la relación capital-trabajo (o intensidad de capital). En este artículo vamos a mostrar los efectos negativos de las políticas del Consenso de Washington en el crecimiento del stock de capital (equipos y máquinas, edificios, puertos, etc.) a disposición de un trabajador promedio. En otra entrega abordaremos sus efectos negativos en el desarrollo tecnológico. Una economía intensiva en capital es más productiva y genera mejores condiciones de bienestar para la población. El neoliberalismo, que hoy ha retomado el Poder Ejecutivo, afectó la productividad, la competitividad de la economía y el bienestar de la población. Reprimarizó la economía y sacrificó el dinamismo de la demanda interna al hacer posible el ajuste de los ingresos de los trabajadores hacia abajo, sin límite legal alguno que lo evite compulsivamente. Una economía reprimarizada y con una participación decreciente de los salarios en el ingreso, no genera estímulos para aumentar el stock de capital y, por lo tanto, la capacidad productiva orientada al mercado interno.
La inversión privada cae estrepitosamente durante el primer gobierno de Alan García: desde un 24.4% del PBI que alcanzó en el año 1981 hasta un promedio de 14.8% durante 1985-1990. Los años siguientes fluctúa generando una tendencia decreciente. La inversión pública tiene un comportamiento parecido: cae de 8.6% a 4.8%. La recuperación de la inversión privada durante el primer gobierno de Alberto Fujimori asociada al «boom privatizador», no reprodujo sus niveles históricos como porcentaje del PBI. Después, de 1990 al 2005, reanudó su tendencia decreciente a una tasa de -2.4% promedio anual. Pero lo que más llama la atención es la dramática reducción de la inversión en equipamiento en comparación con la inversión en construcción (véase gráfico). La tendencia creciente de la inversión en equipamiento termina en el año 1981, cuando alcanza el 48.8% de la inversión total. Alan García, en su primer gobierno, lo deja en 22.7% y, durante los últimos quince años, el crecimiento de la inversión privada es liderado por la construcción, pues la inversión en equipo se mantiene en un promedio de 21.3% del total.
La pérdida de importancia relativa de la inversión en equipamiento ocurre junto a una significativa disminución de la inversión en equipo producido localmente, mientras aumenta la inversión en equipo importado: entre 1987 y 2005, esta última aumenta de 50% a 72%. Tómese en cuenta, además, que la inversión extranjera adquiere con el neoliberalismo reprimarizador un papel dominante en desmedro de la inversión privada nacional.
Finalmente, hay que señalar que la reducción de la inversión en equipamiento tiene que haber afectado la capacidad productiva per cápita y, por consiguiente, la productividad y la competitividad de la economía. Este es el resultado de una política económica que no incorpora entre sus prioridades la modernización el aparato productivo del país y que apuesta por un patrón de crecimiento que resta importancia a la producción industrial para el mercado interno.

Publicado por La República

Tuesday, January 23, 2007

Aranceles, inversión nacional y crecimiento

La reducción de aranceles a las importaciones de bienes de capital e insumos industriales (DS Nº 211- 2006 EF), ha sido elogiada por diversos analistas, empresarios y hasta políticos opositores. Ellos creen que aumentará la productividad y el empleo, porque casi todas las 2,894 partidas afectadas pertenecen a la agricultura y a la industria. Los entusiastas creen que su efecto en el crecimiento se ubicará entre 0.2% y 1% promedio anual.
Para Alan García la medida beneficiará directamente a 50 mil empresas. En la revista Caretas del 28-12-2006, sentencia: «tiramos los aranceles a cero para 3247 partidas», para favorecer a las pequeñas empresas. (¡353 partidas más que el total que figura en el DS!). Además, García revela un peculiar conocimiento de la economía y del desarrollo: cree que el Banco Central mantiene reservas internacionales en exceso y que la gran inversión extranjera es la «gallina de los huevos de oro», la «punta de lanza» detrás de la cual está «la infantería, que es un ejército enorme de la pequeña empresa del Perú». A este ejército le dice, con una seguridad que sorprende: «Te bajo los costos. Reindustrializate, remaquinizate».
A nuestro juicio, no se puede afirmar que esa medida arancelaria reindustrializará el país. Las razones son las siguientes:
1) La reducción de costos es marginal: el 97% de las partidas tenían sólo 4% de arancel. Podría decirse que este efecto se potencia con el abaratamiento de las importaciones debido a la apreciación monetaria que se acerca al 5%. Pero, precisamente esta apreciación conspira contra las exportaciones no tradicionales que, según García, son las que permiten a la infantería empresarial «sintonizar con el mercado mundial». Además, la apreciación, al desalentar las exportaciones y estimular las importaciones, puede erosionar la tendencia al superávit comercial.
2) El alto costo del crédito es la restricción más importante a la inversión de las pequeñas empresas. Estas, para importar insumos y bienes de capital, tendrían que endeudarse a tasas de interés que superan el 40% y donde sólo un tercio de sus demandas de crédito son satisfechas. Nótese que con una inflación de cerca de 2% anual, la tasa de interés real resultante presupone inversiones con rentabilidades posibles, en nuestro país, solo para las empresas bancarias, las AFP, la telefónica, etc.
3) El bajo costo del dinero es clave para que aumenten las inversiones que mejoran la productividad e introducen cambios técnicos en la producción. El gobierno no tiene propuestas sobre este tema y la SBS no promueve competencia en el mercado crediticio. Peor, no hay reformas a favor del desarrollo del mercado de capitales y de la participación de las empresas pequeñas y medianas. Las grandes, sobre todo las de capital extranjero, están aprovechando lo poco que se avanzó en el desarrollo de dicho mercado. Por ejemplo, EDEGEL acaba de emitir bonos por 50 millones de soles, con un plazo de 7 años y a una tasa de 6.16%. Si las pequeñas y medianas empresas también pudieran hacerlo, recién se abrirían posibilidades reales de reindustrializar el país.
4) Las empresas pequeñas y medianas requieren además que el mercado interno crezca. Para ello es indispensable realizar inversiones en infraestructura a lo largo y ancho del país. Tampoco hay avances en este terreno. Se destinó cerca de 600 millones de dólares para un «shock de inversiones» y se gastó sólo el 8.6%. ¡El déficit en infraestructura es de cerca de 25 mil millones de dólares!
5) Las empresas extranjeras no tienen restricción de financiamiento ni de mercado. Estas, por lo tanto, aprovecharán más la reducción arancelaria. Las mineras serán las más beneficiadas: su óbolo de US$ 158 millones anuales representa sólo el 60% de los US$ 259 millones que pierde el fisco por la reducción arancelaria.
6) Finalmente, el lector habrá advertido que las políticas que configuran precios relativos favorables a la industria y contrarios al actual patrón primario exportador, son las que realmente impulsan la inversión privada nacional y, por lo tanto, permiten sostener el crecimiento económico a largo plazo.

Publicado en La República el 23 de enero de 2007

Sunday, December 31, 2006

Política Económica y Crecimiento Económico

I. Crecimiento Económico, Ahorro-Inversión y Condiciones Iniciales

Las «condiciones iniciales» y políticas económicas pueden acelerar o retrasar el crecimiento de largo plazo a través de su influencia en el desarrollo tecnológico y en la intensidad de capital o relación capital trabajo, es decir, en la cantidad de stock de capital (equipo, edificios, autopistas, puertos, máquinas) que tiene a su disposición un trabajador o promedio. Una economía intensiva en capital es más productiva y genera mejores condiciones de bienestar para la población.
La cantidad y calidad del gasto en educación e investigación, mejoran la tecnología y aumentan el nivel de eficiencia del trabajo, es decir, su capacidad para utilizar las tecnologías modernas. Por su parte, la proporción del PBI que se ahorra y se invierte, y la inversión necesaria para dotar de capital a los nuevos trabajadores o para reponer el stock de capital gastado u obsoleto, ambas, determinan la intensidad de capital.
Las políticas económicas que afectan el gasto en educación e investigación, así como a los coeficientes de ahorro e inversión, y aquellas que estimulan la inversión para por lo menos mantener la intensidad de capital, son las que específicamente afectan la tasa de crecimiento económico a largo plazo. Pero, la influencia negativa o positiva de estas políticas sobre el crecimiento económico puede acentuarse dependiendo de las «condiciones iniciales». En nuestro país, estas «condiciones iniciales» están constituidas por tres grandes problemas estructurales: a) la desigualdad y pobreza y, por consiguiente, la insuficiencia de empleos e ingresos decentes; b) las débiles o inexistentes relaciones sectoriales y espaciales que hacen difícil crear nuevos mercados internos o expandir los ya existentes; y, c) el estilo de crecimiento liderado por la producción primaria, la misma que tiene reducidos efectos sobre el empleo y los ingresos.

El gobierno actual no tiene una propuesta integral de políticas para enfrentar estos problemas estructurales y sostener la tasa de crecimiento económico a largo plazo. La opción por la propuesta económica de la derecha se expresa en el énfasis que hace este gobierno en el papel de la inversión extranjera, descuidando la inversión privada nacional. Desde que se introdujeron las políticas neoliberales en el país, el coeficiente de inversión privada ha disminuido en lugar de aumentar. Entre los años 1996 y 2005, el coeficiente de inversión privada a PBI se redujo de 18.6% a 15.7%. Esto ocurrió cuando, en el mismo período, el coeficiente de ahorro privado a PBI aumentó de 12.5% a 17.4%. Así, desde el año 1999 la brecha Ahorro-Inversión privados se hace positiva y, desde el año 2004, el país exporta capitales. Esta situación se exacerba en el último semestre, cuando el ahorro externo se hace notoriamente negativo: está por encima del 5% del PBI, en valor absoluto.









El país registra en su historia hipos de coeficientes de inversión originados por los aumentos intermitentes en la inversión extranjera, después de los cuales vuelve a sus bajos niveles promedio consistentes con la persistencia de los problemas estructurales mencionados anteriormente. El «imperialismo como primera fase del desarrollo del capitalismo en nuestro país» no tuvo éxito. Hoy, con la pérdida de soberanía del Estado ante las empresas de capital transnacional, como las mineras y la telefónica, el gobierno aprista habrá convertido al ahorro interno en un «perfecto cipayo». Nótese, además, que la Renta de Factores de la balanza en cuenta corriente, como porcentaje del PBI, ha pasado de -6.4% en el 2005 a cerca de -8% en el 2006.








La exportación de capitales debilita la relación entre el ahorro y la inversión internos, ahondando los problemas estructurales de la economía cuyo déficit de inversión en infraestructura supera los 23 mil millones de dólares. Esta exportación es estimulada por un manejo cambiario que favorece el aumento de las inversiones de las AFP en el exterior.

Tipo de Cambio Real Bilateral y Multilateral
II. Crecimiento Económico, Tipo de Cambio Real y Política Monetaria

En una economía abierta y de mercado, la estructura de precios relativos es fundamental para orientar la asignación de los recursos; ella influye en la constitución de un patrón o estilo de crecimiento. Al respecto, es importante mencionar que el tipo de estructura de estos precios, que favoreció a la exportación no-tradicional, fue configurado por la «nueva» política monetaria introducida por el anterior Directorio del BCRP. Uno de los precios relativos clave, el tipo de cambio real, se mantuvo en niveles que, a diferencia de lo que ocurrió en los años 90, no conspiraron contra la competitividad de los exportadores no tradicionales.
En consecuencia, el aumento de las exportaciones no-tradicionales a los EE.UU. no fue sólo resultado del ATPDEA, sino también de un tipo de cambio real que se mantuvo en niveles competitivos. Además, la baja inflación, la más baja de nuestra historia, y las bajas tasas de interés (otro precio relativo importante), son también resultados de esa «nueva» política que impidió la ocurrencia de bruscas fluctuaciones del tipo de cambio.

Tasa de Interés Activa promedio en MN
Y ¿qué podemos esperar del Directorio actual presidido por Julio Velarde? Sus deseos de flotar más el tipo de cambio pueden crear expectativas hacia una cada vez mayor apreciación de la moneda, con lo cual se estaría remando a contracorriente en un contexto en el que los volúmenes de las exportaciones han empezado a desacelerarse por la relativa contracción de la economía internacional. Y, quizás, también, la apreciación monetaria sea el pretexto construido para seguir aumentando el límite operativo de las inversiones en el exterior de las AFP. Ya lo elevó una vez de 10.5 a 12.5% y ha anunciado que lo seguirá haciendo. De continuar en esta ruta, el Directorio actual pasará a la historia por haber acentuado la exportación de nuestros ahorros en lugar de generar canales adecuados para invertirlos en la economía nacional.
Aparte de la tasa de interés interbancaria, el BCRP tiene como otro instrumento independiente la compra o venta esterilizada de dólares. Cuando compra, simultáneamente inyecta soles en la economía. El BCRP esteriliza estos soles, retirándolos de la economía con la venta de sus certificados de depósitos. Ahora bien, a diferencia de lo que ha ocurrido con el uso del instrumento tasa de interes, donde no hay anuncios de cambios, el nuevo Directorio del Banco Central está, al parecer, introduciendo modificaciones en el uso del instrumento compra-venta esterilizada de dólares: su presidente ha dicho que habrá una mayor flexibilidad cambiaria. Para el mercado cambiario este es el anuncio de una especie de via libre hacia la apreciación de la moneda nacional (una caída del precio del dólar) y, por lo tanto, ha empezado a apostar en esa dirección.
En este mercado no sólo se transan dólares que se pagan y se entregan hoy. Los bancos comerciales tambien venden y compran dólares para entrega en el futuro. Si alguien que gana en soles tiene que pagar una deuda en dólares dentro de, por ejemplo, seis meses y no quiere correr el riesgo de una fuerte subida del tipo de cambio, puede acudir a este mercado de dólares a futuro, o forwards. El banco le venderá dólares para entrega dentro de seis meses a un precio que se fija hoy. El saldo de ventas netas de forwards es el total de dólares que los bancos han vendido a futuro a sus clientes menos el total de dólares que los bancos han comprado a futuro a sus clientes.
Si el mercado espera que el tipo de cambio suba, como ocurrió durante el periodo electoral, el saldo de ventas netas de forwards normalmente aumentará. Y viceversa, si el mercado espera que el tipo de cambio baje, como ocurrió una vez terminado el proceso electoral, el saldo de ventas netas de forwards normalmente disminuirá. El siguiente grafico ilustra estos movimientos del saldo de ventas netas de forwards y su relacion con el tipo de cambio.

Entre octubre y la tercera semana de diciembre, este saldo de ventas netas de forwards ha caído notoriamente, mientras que el tipo de cambio se acercaba a la barrera de 3.20 soles por dólar. No obstante, hay que señalar que el BCRP ha comprado durante este mismo periodo casi $ 1,400 millones, elevando sus reservas de divisas (posicion de cambio) hasta un record de $ 10,480 millones.



Publicado en La República el 31 de diciembre de 2006

Friday, July 08, 2005

¿Estamos creciendo hoy por lo que hizo Fujimori ayer?

Diversos políticos y economistas, entre ellos sorprendentemente al Ministro PPK, sostienen que la economía crece porque se mantuvo “lo bueno de Fujimori”. El propósito de este artículo es mostrar que esto no es verdad, en otras palabras, mostrar que el crecimiento económico de los últimos tres años se debe, por el contrario, a la aplicación de una política económica radicalmente distinta de la fujimorista. En primer lugar, hay que recordar que la crisis financiera de los años 1997-1998 puso en evidencia el carácter insostenible del modelo neoliberal y de sus políticas macroeconómicas. Esta crisis financiera, que produjo una recesión de cuatro años, junto a corridas y quiebras bancarias en los años 1999-2000, ayudó a terminar con el fujimorismo. El notable efecto nocivo que tuvo esta crisis sobre el producto, el empleo, la banca y las finanzas públicas, se debió precisamente a la política monetaria del fujimorismo que fomentó la dolarización de la banca comercial con la aplicación de encajes efectivos diferenciales (0% para las líneas de créditos externas y cerca de 44% para los depósitos domésticos en dólares). Esta política acrecentó la vulnerabilidad de la economía ante shocks externos adversos porque promovió la dolarización de las deudas privada y pública, estimuló la expansión de las líneas de créditos externas y desalentó el desarrollo del mercado doméstico de capitales.

El gobierno actual cambió radicalmente esta política. Para empezar, la autoridad monetaria aumentó la tasa de encaje marginal de 20 a 30% para los depósitos en moneda extranjera y las líneas de crédito a corto plazo del exterior. También disminuyó la remuneración al encaje de dichos depósitos. Por otro lado, desde el año 2002, introdujo un nuevo esquema de política monetaria que incluye: a) metas explícitas de inflación para anclar las expectativas inflacionarias de los agentes económicos; b) una regla monetaria donde el instrumento tasa de interés es administrado ante desvíos de la inflación de su valor meta o ante la brecha del producto efectivo respecto al potencial; y, c) un régimen de tipo de cambio relativamente flexible bajo libre movilidad internacional de capitales, con intervenciones esterilizadas de compra-venta de dólares para morigerar la volatilidad del tipo de cambio. Como resultado de esta nueva política, la tasa de interés overnight bajó, desde un nivel cercano al 19%, a 3% promedio anual y, ciertamente, disminuyó significativamente su volatilidad. También aumentaron las RIN. Mientras la economía no tenga un mercado doméstico de capitales en soles plenamente desarrollado, se debe acumular reservas para protegerla de shocks externos adversos. En otras palabras, mientras las deudas pública y privada no estén totalmente desdolarizadas, el tipo de cambio no puede actuar como un pleno absorbedor de shocks en situaciones de alta volatilidad.

Recientemente la calificadora Standard & Poors ha señalado que con una deuda pública dolarizada, el país nunca podrá obtener grado de inversión. La volatilidad y la vulnerabilidad fiscal de un país provienen de la deuda predominantemente en moneda externa y no sólo de su nivel respecto al PBI. La dolarización aumenta el riesgo de enfrentar una repentina pérdida de flexibilidad y solvencia fiscal. Lo mismo sostiene Moodys cuando refiriéndose a la calificación de los bancos locales, asocia la dolarización de las deudas privadas con la fragilidad financiera y la vulnerabilidad de la economía.

También cambió la política fiscal fujimorista. Esta fue procíclica. Pero lo que hay que destacar es que el fujimorismo enfrentó el proceso electoral del año 2000, elevando el déficit fiscal hasta 3% del PBI, lo que fue aplaudido por los mismos que ahora hablan de farra fiscal. Nótese que el déficit actual es de 1% del PBI y, sin duda, estará alrededor de este porcentaje en el año electoral 2006. Debemos recordar también que el fujimorismo respondió a la crisis recesiva de los años 1998-2001, disminuyendo el encaje de los depósitos domésticos en dólares, en un contexto de creciente morosidad y de urgencia de los bancos por repagar su deuda externa de corto plazo; y que provocó una recesión dentro de la recesión con nuevas quiebras bancarias, al retirar los depósitos del gobierno del sistema bancario para enfrentar el déficit fiscal exacerbado por el efecto negativo de la recesión.

En consecuencia, sin el cambio radical de las políticas fiscal y monetaria fujimoristas, y sin la reducción de aranceles a los bienes no producidos en el país, el crecimiento económico actual no habría sido posible. Este crecimiento está liderado por las exportaciones no tradicionales y por la demanda interna. No es el patrón de crecimiento fujimorista liderado por la entrada de capitales con un enorme déficit externo, desindustrializador y reprimarizador.

Gestión, Diario de Economía y Negocios

Wednesday, March 30, 2005

Historia Reciente del Crecimiento Económico (II)

Durante los tres últimos años del gobierno fujimorista, es decir, en el período de recesión 1998-2000, se aplicó una política monetaria restrictiva en soles, orientada a neutralizar las presiones al alza del tipo de cambio, y una política fiscal contractiva procíclica que redujo significativamente el gasto de inversión pública. Ambas políticas se mantuvieron en lo sustancial durante todo el Gobierno de Transición.

La recesión de esos años no podía terminar por sí sola, de muerte natural, como decíamos en un trabajo publicado en su oportunidad por el CIES. Tenía que cambiar el sistema neoliberal de políticas, fiscal y monetaria. En efecto, con el gobierno actual cambió radicalmente la política monetaria. Se adoptó un nuevo esquema consistente en: a) una meta de inflación para anclar las expectativas inflacionarias de los agentes económicos; b) una regla de Taylor que fija la tasa de interés en función de la brecha de la inflación y la brecha del producto; y, c) una regla de intervención esterilizada de compra-venta de dólares para morigerar la volatilidad del tipo de cambio.

Este nuevo esquema de política monetaria es en esencia contra cíclico y, por supuesto, contrario a la dolarización del portafolio bancario. Sus instrumentos tasa-de-interés y compra-venta-de-dólares, se combinan para influir conjuntamente sobre la inflación, el nivel de actividad y, eventualmente, sobre la posición de cambio y el nivel de reservas internacionales. Como resultado de la aplicación de estos instrumentos, se configuró una estructura de precios relativos favorable a la reactivación de la economía: bajaron las tasas de interés, mejoró el tipo de cambio real multilateral, y se estabilizó la inflación en niveles inferiores al 3.5% anual. Al mismo tiempo, la nueva política monetaria contribuyó a reducir significativamente la volatilidad de la economía ante eventos internos y externos adversos: estimuló la desdolarización y se acumularon reservas internacionales.

Mientras cambió radicalmente la política monetaria, no ocurrió lo mismo con la política fiscal. Por el lado del gasto, se contrajo la inversión pública y, por tanto, se redujo su contribución al crecimiento. Esta inversión disminuyó de 3.1% del PBI en el año 2001 a 2.8% en el 2004. La evidencia empírica muestra que el tipo de inversión pública que necesita nuestro país, no desplaza a la inversión privada (crowding out); por el contrario, la complementa (crowding in). Por el lado de los ingresos, no se emprendió una reforma tributaria integral: los ingresos tributarios del gobierno general pasaron de 12.8% del PBI en el año 2001 a sólo 13.6% en el año 2004. Ni siquiera se alcanzó el promedio del período 1994-2000, que fue de 13.7%, y menos el 14.5% registrado en el año 1997. Con ingresos relativos más bajos, en los cuatro años del actual gobierno se generó, en promedio, un déficit fiscal de 1.9% del PBI, menor que el déficit de 2.1% del periodo 1994-2000.

Lo que sí cambió notablemente fue una parte del esquema institucional de la política fiscal. El programa de creadores de mercado de deuda pública interna en soles, los modelos de sostenibilidad y programación de la deuda, y el programa de reperfilamiento de la deuda, modernizaron la gestión fiscal, pero no alteraron su carácter procíclico. A la propuesta fallida de una regla contracíclica que acompañó a nuestro trabajo sobre la sostenibilidad, se juntaron otras que tampoco fructificaron: la separación de los gastos de inversión pública de la contabilidad del déficit, la regla de endeudamiento sólo para gastos de inversión (Golden Rule) y la indexación de los pagos de los servicios de la deuda al ciclo económico con las instituciones financieras internacionales.

De todas las reformas mencionadas, hay que destacar los efectos del programa de creadores de mercado, por su vinculación con los efectos de la nueva política monetaria. Este programa estimuló la expansión del mercado doméstico de capitales en soles, promovió la desdolarización y, consecuentemente, fortaleció el mecanismo de transmisión de la política monetaria. No sólo bajaron relativamente las tasas de interés durante los dos últimos años, sino también la vulnerabilidad de la economía, al haber propiciado, junto con la política monetaria, un mayor uso de instrumentos financieros denominados en moneda local. La nueva política monetaria y el programa de creadores de mercado iniciaron así la creación de las condiciones para que la inversión productiva privada local encuentre financiamiento de mediano y largo plazos en el mercado doméstico de capitales.

Gestión, Diario de Economía y Negocios

Tuesday, March 29, 2005

Historia Reciente del Crecimiento Económico (I)

La tasa promedio de crecimiento económico de los últimos tres años fue de 4.6%. En realidad ya son 42 meses de crecimiento sostenido. ¿Quienes son los autores de este éxito económico? ¿Es la cosecha, como dicen algunos, de la siembra neoliberal de la década de los noventa? ¿Cómo se superó la recesión de los años 1998-2000? ¿El gobierno actual continuó aplicando las mismas políticas económicas de esos años? Para responder a estas preguntas nos circunscribiremos al examen de las políticas monetaria y fiscal, porque son éstas las que configuran una estructura de precios relativos, a partir de la cual se puede inferir el patrón de asignación de recursos y, por tanto, de crecimiento económico. Lo que buscamos es contribuir a evitar que nuestra corta memoria termine por confundir a los autores de este éxito económico, con sus apropiadores.

Para empezar, hay que recordar que el carácter insostenible del modelo neoliberal reprimarizador y de sus políticas macroeconómicas fue puesto en evidencia por la crisis financiera internacional de los años 1997-1998. La política monetaria de esa época fue responsable de la magnitud del efecto nocivo que tuvo esta crisis sobre el producto y el empleo. Fomentó el endeudamiento externo de la banca comercial y, por tanto, acrecentó la vulnerabilidad de la economía ante eventos internacionales adversos, mediante la aplicación de encajes efectivos diferenciales: 0% para las líneas de créditos externas y cerca de 44% para los depósitos domésticos en dólares. La política fiscal fujimorista, por su parte, fue fundamentalmente procíclica y se aplicó en un contexto de crecimiento del nivel de actividad. Los gastos aumentaron pari pasu con los ingresos, y se generaron déficit fiscales que en los años 1992-1997 alcanzaron un promedio de 2.7% del PBI. Estos déficit se financiaron con endeudamiento externo y con recursos de la privatización. El monto utilizado de estos recursos, durante ese mismo período, fue equivalente al 2.1% del PBI.

¿Cómo enfrentó el neoliberalismo el efecto recesivo iniciado por la crisis asiática de julio de 1997 y agravado después por la crisis rusa de setiembre de 1998? Por el lado de la política monetaria, se respondió disminuyendo progresivamente el encaje de los depósitos domésticos en dólares. Pero esta reducción no produjo el aumento esperado en la liquidez para créditos al sector privado, debido a la creciente morosidad y a la urgencia de los bancos por repagar su deuda externa de corto plazo. El sistema bancario fue socorrido, además, por los depósitos que efectuó el gobierno en moneda nacional y extranjera desde el año 1997. El socorro gubernamental también incluyó un subsidio implícito durante el aumento del tipo de cambio: el gobierno disminuía sus depósitos en dólares y aumentaba sus depósitos en soles favoreciendo a los bancos con el diferencial cambiario, al mismo tiempo que disminuía la tasa de encaje de los depósitos en moneda extranjera. Entre setiembre de 1998 y fines del año 2000, se redujo el encaje para depósitos domésticos en dólares en aproximadamente 10 puntos, de 44% a 34.1%

La recesión económica, como era de esperarse, repercutió negativamente sobre las cuentas fiscales. Aumentó el déficit; con un plus en el año 1999 por la campaña electoral reeleccionista. Precisamente a fines de ese año, el gobierno optó por un drástico ajuste fiscal bajo el liderazgo del entonces ministro Boloña. La ausencia de recursos de la privatización y de financiamiento externo, obligó al gobierno a bajar el encaje en moneda extranjera de 37.2% a 34.1%, para, de este modo, enfrentar el desequilibrio fiscal postelectoral mediante el retiro de sus depósitos del sistema bancario. Este ajuste procíclico provocó una recesión dentro de la recesión, que fue posteriormente exacerbada por las sucesivas disminuciones del gasto, en especial el destinado a inversiones públicas.

En resumen, la política monetaria de los años noventa fomentó la dolarización de los créditos, con lo cual creó las condiciones para que la fuga de capitales que siguió a la crisis rusa, provocara una corrida bancaria. Entre setiembre de 1998 y diciembre de 1999, los bancos República y Banex quebraron y cerraron; el banco Latino fue rescatado directamente con recursos del gobierno y, por último, el banco Wiese se fusionó, mediante directo auspicio del gobierno, con un banco extranjero. Finalmente, el tipo de contracción fiscal postelectoral aplicado en setiembre del año 2000, generó una recesión dentro de la recesión que también provocó una corrida bancaria. Dos bancos chicos, directamente afectados por el retiro de los depósitos del gobierno, el NBK y Nuevo Mundo, quebraron en el mes de octubre de ese año.


Gestión, Diario de Economía y Negocios

Sunday, March 06, 2005

El carácter de la crisis y el actual modelo de crecimiento

Tres años de crecimiento sostenido (4.6% promedio anual) en un contexto político permanentemente adverso, pone en evidencia, a mi juicio, la dramática desconexión entre el modelo actual de crecimiento económico y la manera de hacer política en el país. Es dramática, porque las diferentes manifestaciones de la política son más que un ruido recurrente. El sistema político e institucional es retrógrado y, por tanto, contrario al nuevo modo de crecer, es decir, a un proceso económico que está abriendo la posibilidad de reconstruir e integrar al país como nación. La visión fragmentada, socialmente caritativa y conceptualmente centrífuga de los partidos políticos tradicionales, puede hacer fracasar este nuevo germen de desarrollo nacional, el segundo en los últimos 50 años. Mientras la economía crece de modo distinto a sus antecedentes históricos, un elevado porcentaje de la población manifiesta no interesarse en la política y, peor aún, la identifica con corrupción, engaño, mentira, robo y beneficio personal.

Esta desconexión que opera como rémora o como lastre de la nueva economía, es la que le da el carácter de crisis a la coyuntura actual. Es impredecible el producto de su culminación. Un posible desenlace puede ser el retorno a una relativa estabilidad política basada en un consenso en torno al estado de derecho, junto con una bastardización de ese nuevo germen de desarrollo como ocurrió con el proceso sustitutivo de los años sesenta. Otra vez se confirmaría que la economía y la política pueden seguir caminos distintos o contradictorios. No se legitimaría el Estado ante la población mayoritariamente pobre y, ciertamente, no se soldaría la democracia con el desarrollo nacional. Esta es la ruta que pintan los que desean exportar nuestros ahorros, los que no entienden la actual política monetaria, los lobbies económicos, los neoliberales patrimonialistas (que todavía usufructúan del Estado) y... en fin, los que condicionan el futuro del país a la firma del TLC. No está muy lejos el proceso sustitutivo de importaciones para recordar que devino en espurio por el dominio de una oligarquía financiera sobre un estado de derecho de corta duración. La secuela de ese proceso bastardo fue el dominio del Estado bajo un régimen militar: la dictadura.

Pero hay otro desenlace posible: la superación de la actual desconexión mediante la refundación de la política con visión de país. Desde hace ya más de dos décadas (desde el fracaso del proceso sustitutivo y la crisis de la deuda externa, pasando por el fracaso del modelo neoliberal patrimonialista, hasta nuestros días), no se ha construido una concepción de desarrollo nacional que oriente la forma de hacer política en el país. Empleo temporal, crédito barato, banco agrario, tarifas públicas y medicinas a bajos precios, disminución de sueldos de congresistas y altos funcionarios, reformas de segunda generación, etc., son parte de tantos listados inconexos de lavandería que acostumbraron a ofrecer y aún ofrecen los partidos tradicionales.

Por la carencia de visión de país, las políticas del Consenso de Wa-shington, fueron impuestas por la dictadura fujimorista con el apoyo de unos y la indiferencia de otros. Esta dictadura reprimarizó la economía, hizo dependiente al sistema bancario del capital extranjero de corto plazo, fomentó la especulación crediticia, exacerbó el desequilibrio externo, promovió la dolarización y restó capacidad a la política monetaria para administrar el ciclo, atrasó el tipo de cambio conspirando contra la competitividad, pervirtió la política fiscal con una práctica procíclica, empeoró la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población y, en suma, sacrificó el crecimiento a favor de objetivos de corto plazo en medio de una corrupción organizada desde el Estado que no tuvo precedentes en la historia del país.

Cuando los partidos políticos se sumaron al movimiento por la democracia, el modelo económico neoliberal y el propio régimen fujimorista habían sido heridos de muerte por la crisis financiera internacional de 1997-1998. Se evidenció su fragilidad y su vergonzante dependencia del capital extranjero. Aquí se originó la crisis que aún no termina. Triunfó la democracia, pero disociada de una concepción de desarrollo para un país pobre y con una economía desconectada de su geografía y demografía. Para soldar la democracia con el desarrollo, hay que refundar la política mediante una agenda de crecimiento integrador del país. Este es el camino del “compromiso democrático” (que anhela Nicolás Lynch), pero de compromiso con un desarrollo que no sea excluyente y que, por tanto, incorpore la erradicación de la pobreza en un nuevo modo de crecer y acumular riqueza. En el Perú actual, esto implica basar la concepción del desarrollo nacional en ese nuevo modo de crecer, cuidando su autenticidad. Este es distinto al neoliberal patrimonialista porque está creando mercados internos y aumentando más el empleo en las provincias; está incorporando al mercado a la población pobre y provinciana del país; está avanzando hacia adentro sin cerrarse al mundo y sin crear déficit externos ni presiones inflacionarias; ya no es adicta al dólar; y, su financiamiento no depende de los flujos de capitales extranjeros.

Diario La República

Friday, December 24, 2004

Una Nueva Oportunidad para el País

Los políticos actuales y los mercantilistas neoliberales siguen dominados por el razonamiento centrífugo cuando se enfrentan a los temas básicos del crecimiento económico. Como ayer, están convencidos que debemos buscar mercados fuera de nuestras fronteras --no crearlos adentro-- y promover al mismo tiempo la inversión extranjera. Al igual que en los años del primer gobierno de Belaúnde y del gobierno militar que le siguió, no discuten cómo desarrollar y expandir las cadenas productivas, cómo aumentar la inversión en infraestructura vial y portuaria, ni indagan en las formas, distintas a los créditos convencionales, de expandir el financiamiento para la inversión productiva local. Unos buscan la proliferación de tratados comerciales y otros se organizan para promover fundamentalmente la inversión extranjera.

Si bien estos temas son también relevantes, pocos debaten cómo sostener el crecimiento de los últimos 40 meses e impedir que se bloquee o que se pervierta su patrón actual. ¿Tendrá que venir un out-sider con una visión de país, para apoyar la actual configuración de un nuevo estilo de crecimiento liderado, como a fines de los años 50, por los sectores productivos no primarios, pero que en esta oportunidad es acompañado con superávit externos, con bajísima inflación, con relativa flexibilidad cambiaria bajo libre movilidad internacional de capitales, con apertura comercial, y con un cambio significativo en la composición de las exportaciones, donde las más dinámicas son las manufactureras y agro-industriales?.

Para apuntalar este nuevo patrón de crecimiento se necesita expandir la inversión privada local. Y para que esta inversión crezca y se expanda, a lo largo y ancho del país, hay que superar las dos restricciones que ella enfrenta en economías como la nuestra: en primer lugar, el tamaño reducido y la poca diversidad del mercado nacional, factor que influye en su rentabilidad; y, en segundo lugar, la inexistencia de financiamiento de mediano y largo plazos. Estas restricciones no las tiene la inversión privada extranjera.

La restricción del tamaño y diversidad del mercado doméstico no se resuelve cabalmente sólo mirando a los mercados externos. Es harto sabido que entre la economía y la geografía del país no existe vinculación estrecha. No se desarrollan relaciones entre la agricultura y la industria, porque los espacios geográficos y demográficos provinciales no están interconectados. La marginación de grandes masas campesinas y, ciertamente, su atraso tecnológico, se explican por el desarrollo de actividades manufactureras modernas que no generaron encadenamientos con el sector agropecuario. Esta economía desarticulada hace imposible crear nuevos mercados en sus vastos espacios geográficos y demográficos provinciales. Por tanto, hay una tarea urgente de colonización vial, como reclamaba Belaúnde, que fue incumplida o marginada históricamente por otros intereses. Las conexiones viales entre las distintas zonas geográficas y demográficas ampliarán los mercados existentes y harán posible la creación de otros nuevos, condición indispensable para el aumento sostenido de la productividad y, consecuentemente, de la competitividad.

Por otro lado, la restricción de financiamiento en moneda local que enfrenta la inversión privada doméstica, es mayor para plazos medios y largos cuando los sistemas financieros están dominados por la intermediación bancaria. La revolución del crédito que preconizaba Belaúnde, es la segunda tarea urgente para sostener la nueva modalidad de crecimiento económico surgida en los años recientes. Esta tarea, en los tiempos actuales, significa implica expandir y diversificar el mercado doméstico de capitales en moneda local. El gobierno actual empezó esta tarea con su Programa de Creadores de Mercado, pero todavía falta mucho por hacer.

Para terminar, pregunto si podrá surgir otro out-sider como Fernando Belaúnde, después de 50 años de su incursión partidaria, que nos convenza ahora sí a todos que para integrarnos bien al mundo como país, hay que «salir del villorrio para buscar fortuna» mediante la colonización vial creadora de mercados internos y mediante la expansión del mercado de capitales, en nuestra propia moneda, para canalizar los ahorros hacia la inversión productiva a lo largo y ancho de nuestro territorio. Si la historia se repite, ojalá que no sea como farsa, sino como esperanza.

Diario La República

Thursday, December 23, 2004

Una Vieja Oportunidad Perdida

Por segunda vez en la historia moderna del país, durante los años 2005-2006 se realizará un proceso electoral en el marco de una economía que crece sostenidamente y que se encuentra en los albores de un nuevo patrón de crecimiento. La primera vez fue el proceso de los años 1961-1962 que terminó en un golpe y en un contragolpe de estado. En el año 1959 se había promulgado la ley de industrialización y la economía crecía a tasas por encima del 8% anual. Eran los primeros años de un nuevo estilo de crecimiento basado en la industrialización por sustitución de importaciones, pero que nació espurio por el dominio del mercantilismo liberal en la política económica y en los procesos políticos del período que va del régimen militar de Odría a la crisis económica de 1967-1968.

El gobierno surgido del contragolpe, convocó a nuevas elecciones generales para 1963. La economía crecía a la tasa de 5.4%, menor que la de años anteriores. El nuevo partido Acción Popular --fundado en 1956-- resultó vencedor a medias, pues su líder Fernando Belaúnde asumió la presidencia huérfano de mayoría parlamentaria. Los años de su gobierno fueron dominados por el llamado primer poder del estado, es decir, por un congreso dominado por el APRA y su aliado, antes su represor, la Unión Nacional Odriista. Desde este lugar se generaba un recalcitrante ruido político en el contexto, como ahora, de una economía que crecía a una tasa de 6.2% promedio anual entre 1963 y 1967.

Al releer los hechos económicos, sociales y políticos de esos años, uno se pregunta si Belaúnde no habría sido el primer out-sider triunfador y que, sin embargo, era un auténtico in-sider por el contenido nacional de sus propuestas. En efecto, y sólo para destacar la similitud con algunos temas que deben discutirse en la actualidad, debemos mencionar dos de los cuatro componentes del plan de acción política de su partido: la colonización vial del país y la revolución del crédito. Con la primera se pretendía incorporar las mejores tierras para la agricultura y, al mismo tiempo, elevar la calidad del habitat de los hombres del campo. Con la segunda se proponía promover el crédito hipotecario y la utilización del ahorro interno en el desarrollo nacional, reformando el mercado dominado por la intermediación bancaria o, con palabras de Belaúnde, por el oligopolio financiero-comercial. Ninguno de estos temas captó la atención de los partidos tradicionales de la época. ¿No es verdad que la prensa de esos años ridiculizaba el proyecto acciopopulista de la marginal de la selva y de su versión ampliada: la unión vial de países vecinos como paso previo para alcanzar la integración del continente?

Cuando el congreso del gobierno de Prado revisó la ley de industrialización, los citados dos temas brillaron por su ausencia. En cambio, a la ley se le incorporaron incentivos a la participación del capital extranjero y exoneraciones de impuestos a la importación de equipos y bienes intermedios. Además, se adoptó una modalidad de industrialización que hizo inviable la posibilidad de sustituir bienes intermedios y de capital, bloqueando, por tanto, la continuación del propio proceso industrialista. Se creó así una industria incapaz no sólo de articular la economía y el mercado internos, sino también de modificar la composición del comercio exterior y su tendencia recurrente al déficit. Esta industria, surgida de la componenda, exigía una alta protección efectiva para compensar el efecto negativo de la apreciación monetaria sobre la rentabilidad de las inversiones en manufacturas.

Como los políticos tradicionales no miraron hacia adentro para imaginar medidas orientadas a superar el tamaño pequeño del mercado interno, buscaron en la reforma agraria y la integración el remedio para impulsar la expansión manufacturera. El gobierno militar de 1968-1975, más proteccionista que el anterior, precisamente por descuidar la expansión y la creación de mercados internos, no logró impulsar las inversiones privadas para sostener el crecimiento, superar el atraso agrícola, y promover la articulación intraindustrial y sectorial de la economía. Al igual que los neoliberales de ahora, los militares de esos años miraron fuera del país para ampliar los mercados con pactos de comercio e integración, pero con la diferencia de que adherían a la programación industrial conjunta. Además, los militares proteccionistas sustentaron el crecimiento, como lo hicieron los mercantilistas neoliberales en los 90, en las exportaciones de productos derivados de la explotación de los recursos naturales no renovables. Así, durante casi tres lustros se perdió la oportunidad de crecer construyendo país.

Diario La República

Friday, August 13, 2004

¿Sabe usted cuál es el modelo económico actual?

En un artículo anterior señalamos que no hay razones para modificar el actual esquema institucional de las políticas fiscal y monetaria. Estas políticas, distintas a las adoptadas en los años noventa, contribuyeron a salir de la larga recesión de los años 1998-2001 y, por cierto, no son responsables de los insuficientes niveles de empleo e ingresos de la población. ¿Qué debe cambiar, entonces? ¿El modelo económico? A juzgar por la información de la prensa de las últimas semanas, existe un cuestionamiento abierto al modelo económico por parte de algunos políticos, economistas y periodistas. El lector recordará que muchos de estos se cuidaron mucho de criticar (sobre todo durante las campañas electorales) tanto las políticas como el modelo económico del fujimorismo.

¿Usted cree, estimado lector, que los citados críticos saben cuál es el modelo económico actual? O, en fin… ¿cree usted que ellos saben qué es un modelo económico? Sin duda saben que el modelo se define, en primer lugar, por la forma cómo se asignan los recursos con el propósito de aumentar la capacidad de producción de una economía. Si esta asignación se hace fundamentalmente a través del mercado, entonces se trata de un modelo económico de mercado. Pero esto no basta. La asignación de recursos a través del mercado presupone la existencia de una determinada estructura de precios relativos. Este es el segundo elemento definitorio del modelo económico, pues la naturaleza de esa estructura determina el patrón de crecimiento de una economía, es decir, nos permite identificar no sólo a los sectores que lideran el crecimiento económico, sino también el carácter de la relación que establece la economía de un país con el resto del mundo. El patrón de crecimiento y la tecnología que se adopta, permite saber si el modelo económico es capaz de generar empleo e ingresos, y también de multiplicarlos. Si este patrón es primario exportador y no se sustenta en la expansión del mercado interno, entonces el crecimiento económico generará relativamente poco empleo y se frenará, más temprano que tarde, por el creciente desequilibrio externo que él origina.

A esta altura, el lector se preguntará ¿cómo se configura una determinada estructura de precios relativos? Son las reformas y los esquemas de política macroecómica los que configuran una determinada estructura de dichos precios. Veamos, por ejemplo, lo ocurrido en los años de crecimiento 1993-1997 de la década pasada. Se trató de un crecimiento fundamentalmente reprimarizador y contrario a la producción de transables no primarios. Se utilizó el tipo de cambio como principal instrumento antiinflacionario en un mercado financiero con altas tasas de interés y que favorecía el crédito en dólares. En consecuencia, las altas tasas de crecimiento de los años 1993-95 y 1997 no incrementaron el empleo ni redujeron drásticamente la pobreza, y fueron acompañadas de crecientes déficit en la balanza comercial.

El patrón de crecimiento económico actual es, a nuestro juicio, totalmente distinto aunque embrionario. El nuevo esquema de política monetaria –que hemos comentado en otro artículo-- no utiliza el tipo de cambio con propósitos antiinflacionarios. El tipo de cambio real bilateral disminuyó a una tasa de 5.9% promedio anual durante los años 1990-1997, período que incluye todos los años de crecimiento de la década pasada. Pero aumentó a una tasa de 0.3% promedio anual durante los años 2001 a 2003. Un comportamiento similar registra el tipo de cambio real multilateral.

De otro lado, la incorporación al mercado del Programa de Creadores de Mercado de Deuda Pública Interna ha fortalecido el mecanismo de transmisión de la política monetaria --que en el esquema mencionado, es la tasa de interés--, con la generación de la curva de rendimientos libre de riesgos, en soles y a distintos plazos. Esto está estimulando el desarrollo del mercado doméstico de capitales. Por primera vez en la historia económica de nuestro país se están creando las condiciones para que la inversión productiva privada nacional encuentre financiamiento de mediano y largo plazos en el mercado doméstico de capitales. Las tasas de interés bajaron durante los dos últimos años y se redujo ligeramente la dolarización del portafolio bancario. Por esta razón, a diferencia del crecimiento de la década pasada, el aumento de los créditos domésticos no está asociado a flujos de capital externos.

Finalmente, ¿qué podemos decir de la composición sectorial del crecimiento actual? A diferencia de lo ocurrido en los años noventa, la tasa promedio de crecimiento de la manufactura es mayor que la del PBI. Lo contrario ocurre con la tasa de crecimiento del conjunto de los sectores primarios. Además, es la primera vez en la historia moderna del país que el crecimiento económico es acompañado de superávit comerciales crecientes. Se trata de un crecimiento económico relativamente menos adicto a importaciones e impulsado también por el repunte de las exportaciones no tradicionales, sobre todo agroindustriales y textiles. Es verdad que tasas más altas de crecimiento económico darán lugar a mayores tasas de importaciones de bienes de capital, pero lo que no podrá restaurarse es la propensión al “stockeamiento” de este tipo de importaciones como ocurrió en la década pasada antes de la crisis financiera internacional, debido al atraso cambiario y la evidente posibilidad de una devaluación monetaria. No hay que olvidar que la autoridad monetaria actual no tiene una meta cambiaria, sino una meta inflacionaria.

El modelo económico actual ha resuelto la contradicción entre la estabilización y el crecimiento que caracterizó al modelo de los noventa. Si bien falta mucho por hacer, visto en perspectiva, su consolidación y mejoramiento irá de la mano con la satisfacción de las demandas de la población.

Gestión. Diario de Economía y Negocios

Sunday, November 24, 2002

Política Económica y Crecimiento en el Gobierno Actual

Para algunos economistas el crecimiento económico de 7.3% registrado en septiembre, según el INEI, y que terminaría con una tasa cercana al 5% en el presente año, no tiene nada que ver con la política macroeconómica de gobierno actual. El propósito de este artículo es mostrar lo contrario.

Antes quisiera recordar que en un artículo publicado en plena dictadura en este mismo diario, sostuve que el crecimiento de los años 1993-1995 y 1997 ocurrió a pesar de la política fiscal y monetaria de ese entonces. El razonamiento era simple y claro. Fueron años de recuperación importante de la demanda mundial, de notables ingresos de capitales externos en forma de pasivos bancarios internacionales, y de inversiones extranjeras significativas en los sectores primarios y de servicios. Como resultado de estos factores creció el crédito doméstico, fundamentalmente en dólares y para consumo importado, y aumentó la inversión privada en minería, servicios y construcción. Consecuentemente creció el PBI --7% promedio anual durante 1992-1997--, pero este crecimiento liderado por los sectores primarios no tuvo importantes efectos sobre el empleo. En esa década ominosa se reprimarizó la economía.

Crecimiento económico actual

A diferencia de lo que ocurrió entonces, el actual crecimiento del PBI está acompañado del aumento del empleo, porque está liderado por las actividades económicas no primarias. La manufactura no primaria, la construcción y los servicios gubernamentales crecieron en septiembre a las tasas de 9.7%, 13.3% y 9.3% respectivamente. El empleo asalariado de empresas de más de 100 trabajadores creció entre agosto del 2001 y agosto del 2002 en cerca de 3% y en lo que va del año en 2.3%.

La composición de este crecimiento es, por lo tanto, cualitativamente distinta. Lo lideran actividades que generan empleo, que multiplican los ingresos en el mercado doméstico y que explican más del 70% de la recaudación tributaria, sin considerar el impuesto a los ingresos. Además, tómese en cuenta que estas son actividades que responden a estímulos de demanda (políticas monetaria y fiscal), a diferencia de las primarias que se encuentran limitadas fundamentalmente por factores de oferta.

Papel de la Política Monetaria

En ausencia de significativos flujos de capitales externos y de privatizaciones, y con una demanda internacional en recesión, el crecimiento tiene que estar vinculado a factores domésticos antes que a factores externos. El crédito real total del sistema bancario al sector privado está aumentando desde el mes de julio, después de un largo período de contracción. Este incremento es, sin duda, resultado de la actual política monetaria que ha dado lugar a una significativa reducción de las tasas de interés de mercado. Las tasas para préstamos en moneda nacional de hasta 360 días y de más de 360 días bajaron de 21.3% y de 31.8% en julio del 2001 a 14.0% y 26.5% en septiembre del 2002, respectivamente. También bajaron las tasas para préstamos en dólares, para los mismos plazos, de 11.9% y 13.6% en julio de 2001 a 8.1% y 9.4% en septiembre del presente año. Por último, la tasa de interés interbancaria actualmente se sitúa alrededor de 4%. Esta notable disminución del costo del crédito no puede desvincularse de la actual política monetaria porque, a diferencia del crecimiento de la década pasada, ahora no hay entrada masiva de capitales extranjeros.

Aumentan Consumo e Inversión privados

Cuando baja el costo del crédito, aumentan la inversión y el consumo privados, dos importantes componentes de la demanda agregada, impulsando así el crecimiento de las actividades no primarias. Pero también la disminución de las tasas de interés aumenta el ingreso disponible de familias y empresas, con lo cual se incrementa sus demandas de gasto en consumo e inversión. Habría que agregar, además, como otro shock de demanda positivo, el relanzamiento del programa MiVivienda.

Finalmente, la disminución de los aranceles a las importaciones de bienes de capital, luego de la aprobación del ATPA, debe, asimismo haber estimulado la producción e inversión sobre todo en actividades exportadoras de productos no tradicionales.

Y ¿la política fiscal?

El déficit está bajo control, y en un porcentaje del PBI inferior a los registrados en los años 2000 (3.2%) y 2001 (2.5%). Este año se terminará con un déficit de 2.3% . Con este nivel de déficit, tasas de interés externas menores y tipo de cambio estable, se mejoraron el nivel y la eficiencia del gasto, haciendo crecer, en el tercer trimestre, el consumo e inversión públicos, otros dos componentes importantes de la demanda agregada. Sin embargo, la contribución de la política fiscal al crecimiento económico durante el año será, en promedio, nula. Podemos convenir entonces que la política fiscal actual es neutral, pero hay avances significativos que todos debemos saber, desde las mejoras en la administración tributaria, la puesta en práctica de procedimientos de transparencia, hasta la incorporación de reglas macrofiscales para la formulación del presupuesto y que permitirán, a futuro, respuestas contracíclicas sin poner en cuestión la sostenibilidad de la deuda pública.

Diario La República