Showing posts with label General. Show all posts
Showing posts with label General. Show all posts

Thursday, June 23, 2011

Lo Nacional en la Concepción Económica del nuevo Perú

La reciente elección presidencial ha mostrado de manera descarnada la existencia de una fractura que persiste desde la fundación de la república. Somos dos países confrontados, poco integrados, que responden a un solo Estado pero no constituyen una sola Nación.

Con esta fractura que las elites empresariales y políticas que usufructuaron del poder, reprodujeron en el tiempo, hemos llegado a la globalización neoliberal. Nuestra mayor integración al resto del mundo ha evidenciado la profundidad de esa fractura histórica, porque la manera de crecer y acumular capital de los últimos años no ha incorporado al Perú de la sierra y de la selva, no ha sido socialmente inclusivo y no ha aumentado notoriamente el nivel de vida de este lado del Perú. Su efecto directo ha sido entonces el debilitamiento de la democracia, el incremento de los conflictos sociales azuzados, además, por la política del perro del hortelano. La globalización ha impuesto, por otro lado, la subordinación de las prioridades de inclusión e integración social, con lo cual se reproduce la heterogeneidad estructural –económica, social y política-- que impide culminar la construcción de la Nación.

El papel articulador e integrador de la economía nacional de mercado
La síntesis social peruana – decía Basadre – no se ha realizado aún. «El Perú sigue siendo una serie de compartimentos estancos, de estratos superpuestos o coincidentes, con solución de continuidad. Por todo ello, el nacionalismo que, en otras partes, no es necesario o, fatalmente, está superado, urge aquí. En otras partes, el nacionalismo es algo destructor; aquí debe ser constructor. Constructor de conciencia y constructor de soluciones. En otras partes es ofensivo; aquí necesita ser defensivo. Defensivo contra el ausentismo y defensivo contra la presión extranjera, de absorción material o mental» (véase Perú: Problema y Posibilidad, Lima 1984, p. 6).

La estrategia de desarrollo de una Economía Nacional de Mercado constituye el sustrato económico del concepto de Nación o comunidad política territorializada. No hemos culminado la construcción de la Nación a pesar de tener cerca de dos siglos de vida republicana, porque hemos descuidado el desarrollo de mercados a lo largo y ancho del país. Por eso tenemos poblaciones rurales y nativas excluidas de la modernidad. Si algo de bueno tiene el neoliberalismo en nuestro país es haber revelado la existencia y la fuerza de estos peruanos olvidados que le han dado el triunfo a Ollanta Humala, es decir, a la opción de un cambio que prioriza el interés nacional. Los tres ejes de política (no los únicos) para desarrollar la economía nacional de mercado son: infraestructura para conectar la economía con la geografía y demografía del país; financiamiento competitivo basado en el mercado de capitales en moneda nacional; y, revolución educativa e inversión en ciencia y tecnología. La creación y expansión de los mercados internos es la base para la construcción de una verdadera comunidad política territorializada e integrada social y políticamente.

Autodeterminación nacional y globalización
En Perú el carácter nacional que debe tener la economía de mercado proviene entonces de su papel integrador, necesario para la culminación de la construcción de la Nación. Pero lo nacional en el desarrollo de esta economía es también una reacción de autodeterminación frente a la presión de la globalización. La pregunta que debemos responder, por lo tanto, es ¿cómo mantener una economía abierta priorizando los intereses nacionales?

Keynes, refiriéndose a Inglaterra de 1933, decía que «el internacionalismo económico que comprende la libre movilidad de capitales y de los fondos prestables así como de las mercancías, puede condenar a este país por una generación venidera a un grado mucho más bajo de prosperidad material que el que pudiera alcanzarse bajo un sistema diferente.» Llamaba la atención así sobre el dilema entre la administración autónoma de la tasa de interés por la autoridad monetaria y la libre movilidad internacional de capitales. Como la libre movilidad supone la igualación de las tasas de interés domésticas e internacionales, él sugería imponer controles al movimiento de capitales para que la autoridad monetaria tenga soberanía sobre la tasa de interés.

Keynes no fue el único que proponía restricciones al movimiento de capitales. Lo hicieron también Tobin y más recientemente, en el contexto de la globalización actual, P. Davidson, J. Kregel, D. Rodrik y J. Stiglitz, para mencionar solo a los más conocidos. Lo que todos destacan es la imposibilidad de lograr simultáneamente la autodeterminación nacional y la globalización económica. Rodrik adiciona el fortalecimiento de la democracia como objetivo imposible de cumplir junto a la globalización económica.

Para Tobin (1978) «Las economías nacionales y los gobiernos nacionales no son capaces de adaptarse a los movimientos masivos de fondos a través de los mercados de divisas, sin las dificultades reales y sin sacrificio significativo de los objetivos de la política económica nacional en materia de empleo, producción e inflación. En concreto, decía, la movilidad del capital financiero limita las diferencias viables entre las tasas de interés nacionales y por lo tanto restringe severamente la capacidad del banco central y el gobierno para aplicar políticas monetarias y fiscales apropiadas para sus economías internas».

En consecuencia, para que la economía tenga un carácter nacional se tiene que desalentar los flujos especulativos de capital de corto plazo, cuya intensidad y volatilidad podría «amenazar seriamente el desempeño macroeconómico del país, especialmente mediante la reducción de la autonomía de la política monetaria». Estos flujos, además, como señala Tobin, impactan sobre el tipo de cambio, con lo cual alteran los precios relativos y afectan la competitividad de las exportaciones.

Conclusión
La economía nacional de mercado es no solo una estrategia de construcción de la Nación, sino también una propuesta de autodeterminación nacional en el manejo de la política macroeconómica: monetaria, cambiaria y fiscal.



Nota:
Este artículo será publicado en la revista dominical del diario La República, el 26 de junio

Monday, May 23, 2011

La carta extraviada y el déficit de compresión de lectura: Por qué cambiar el modelo económico extractivista

Recientemente una periodista exhibió la carta que envié a Max Hernández, presidente del Acuerdo Nacional, para, citando frases y párrafos fuera de contexto, “mostrar” mi supuesto rechazo a la economía de mercado, mi supuesta adhesión a un modelo de economía cerrada y, por lo tanto, mi supuesto rechazo a una estrategia exportadora para el país. La revista Caretas del jueves 12 de mayo hizo lo mismo. Dice: en la carta que envió a Max Hernández “Jiménez rechaza de plano la estrategia de exportación y remarca que no hay evidencia robusta que permita afirmar que el libre comercio es favorable al crecimiento y desarrollo”. Estas lecturas de mi carta muestran, como veremos en seguida, una proclividad hacia el infundio.

Nuestra crítica al Plan Bicentenario elaborado por CEPLAN
El propósito de mi carta (que ciertamente no era una carta abierta) era contribuir a mejorar el contenido del documento del CEPLAN en el que se propone un conjunto de objetivos estratégicos y de políticas para lograr el desarrollo de nuestro país: el ejercicio universal y pleno por los peruanos de sus derechos fundamentales.

Nuestra crítica hacía énfasis en la necesidad de cambiar el actual patrón de crecimiento económico construyendo una economía dinámica y diversificada, con un patrón de comercio distinto al actual y con mercados internos integrados y desarrollados para acercarnos a una sociedad más justa e integrada socialmente. Señalamos que la concepción estratégica del Plan Bicentenario no deslinda claramente con el modelo primario exportador que reproduce la exclusión social. La estrategia que proponen, afirmamos, no es nueva. Es la misma de la CEPAL y otros, que privilegian el lado de la oferta (creación de capacidad productiva diversificada) y dejan de lado el papel de la demanda. Preguntábamos ¿de dónde provendrá la demanda? ¿La fuente principal de la demanda será externa o interna? Si es externa, ¿cómo se asegurará que haya demanda internacional para lo que se produce? Si se supone que la fuente de demanda se encuentra en los mercados internacionales, decíamos que esto era apostar por un crecimiento exógeno, dependiente y vulnerable a sus fluctuaciones. La historia de nuestro país ha mostrado que esta ruta no conduce al desarrollo.

El documento de CEPLAN “reconoce a los mercados internacionales como la principal fuente de oportunidades para el desarrollo económico y a los recursos naturales como la principal riqueza que posee el Perú, razón por la cual la estrategia de desarrollo debe impulsar su uso sostenible con inversión nacional y extranjera” (pág. 12). Esta estrategia se basa en la desregulación y la liberalización del comercio como elementos importantes para desarrollar competitividad. En este contexto (sobre la base de trabajos de Blecker, 2000; Rodríguez y Rodrik, 2001; Easterly, 2005; y, Estevadeordal y Taylor, 2007), afirmé que no hay evidencia robusta sobre los efectos positivos de la liberalización comercial sobre el crecimiento. Ciertamente, de aquí no se puede concluir que hay que cerrar el comercio.

La propuesta de economía nacional de mercado abierta al mundo
Apostar, en estas condiciones, por competir entre todos los países subdesarrollados por una porción de demanda externa de los países industrializados, mediante el desmantelamiento de los estándares regulatorios, conduce a un callejón sin salida. Los países como el nuestro no pueden mejorar sus estándares regulatorios porque perderían competitividad con sus pares.

La solución es optar por una estrategia de crecimiento endógeno; por una economía menos dependiente de los mercados externos, que endogeniza la fuente de generación de demanda e ingresos al interior del país. Es decir, se tiene que abandonar el modelo primario exportador, cuya fuente de demanda y crecimiento, no se encuentra dentro de la nación, sino en los mercados externos. En la estrategia que hemos llamado Economía Nacional de Mercado, el Estado debe generar las condiciones de mercado y financiamiento para que la inversión privada se expanda a lo largo y ancho del país, mediante inversión en infraestructura, desarrollo del mercado de capitales en soles, inversión en ciencia y tecnología, y cambio de la matriz energética.

Recusamos el modelo estatista y queremos basar el crecimiento en la productividad
Sólo el que no comprende lo que lee puede decir que la Economía Nacional de Mercado es una estrategia estatista y de economía cerrada. Se propone justamente desarrollar mercados internos para integrar socialmente al país y al mismo tiempo expandir las exportaciones. En una economía con mercados internos en expansión, aumenta la productividad y, por lo tanto, bajan los costos unitarios de producción, con lo cual mejora la competitividad y, por lo tanto, se acrecienta la capacidad exportadora de la economía. Las exportaciones refuerzan el círculo virtuoso del crecimiento. Por eso hicimos notar que en el Plan Bicentenario no se dice nada sobre el tipo de cambio. Es difícil, dice el economista Rodrik, generar empleo en un entorno en el que la moneda está sobrevaluada. La apreciación cambiaria afecta la competitividad de los productores del país favoreciendo a los productores extranjeros.

La administración del tipo de cambio para promover exportaciones con procesamiento y conocimiento tecnológico, la exclusión social y la superación de la actual distribución desigual del ingreso, no son temas que se abordan en el Plan Bicentenario.



Publicado en la revista Dominical de La República, el 22 de mayo de 2011.

Wednesday, August 01, 2007

Balance del Primer año del Gobierno de Alan García: Crecimiento y Política Económica

“The idea of a self-adjusting market implied a stark utopia”
Kart Polanyi

“I don’t understand why the most important deity is the increase of gross domestic product. It is not about GDP. It is about the quality of life, and that is something else”
Vaclav Havel

Las cifras de pobreza publicadas recientemente revelan, con absoluta claridad, que el crecimiento económico está exacerbando la desconexión de la economía urbana con la población rural, de la economía de la costa con la población de la sierra y de la selva. No hay reducción significativa de la pobreza en las zonas rurales ni en las regiones de la sierra y la selva (véase Cuadro 1).


En el año que lleva el actual gobierno no se han producido cambios en este modo de crecer. La comparación de las tasas de variación del empleo por ciudades y en empresas de 10 y más trabajadores, del período Enero-Mayo 2006/2007 con las registradas en el período de Junio 2005 a Junio 2006, muestra que la tendencia y composición de su crecimiento se mantienen. El incremento del empleo sigue respondiendo fundamentalmente al dinamismo de las actividades extractivas, como la agricultura y la minería, y de la agroindustria orientada a la exportación (véase Cuadro 2).


En consecuencia, el modo de crecer sigue siendo primario exportador, pro mercado internacional, pro urbano y contrario al desarrollo del mercado interno, del sector rural y de la sierra y selva del país. El gobierno de Alan García no está enfrentando los grandes problemas del país. El primero, la pobreza y, consecuentemente, la insuficiencia de empleos e ingresos «decentes», es decir, las condiciones precarias de vida en la que vive la inmensa mayoría de la población. El segundo, el estilo de crecimiento y las restricciones que enfrenta para autosostenerse o ser viable a largo plazo. Y, el tercero, la desarticulación sectorial y la creación de mercados internos, mediante el uso autónomo de las políticas económicas.

Inversión, crecimiento y desequilibrio externo
Desde el año 2006 el crecimiento del PBI (8%) se explica fundamentalmente por el crecimiento de la demanda interna y, el de esta última, por la inversión privada. Más precisamente, la inversión privada y el consumo privado explican el 57.5% y el 55.0% del crecimiento del PBI, respectivamente; y, por primera vez después de cerca de diez años de crecimiento exportador, la demanda externa neta registra una «contribución» negativa de -27.2%, es decir, en lugar de aportar, reduce el crecimiento del PBI en esa magnitud. La contribución de las exportaciones fue de apenas 0.9%; esto contrasta notablemente con la cifra de 46.9% que corresponde a su aporte al crecimiento del PBI del año 2005.


El mismo patrón de crecimiento descrito se repite en el primer trimestre del año 2007. El consumo privado y la inversión privada explican el 69.6% y el 65.1% del crecimiento del producto, respectivamente. Lo que destaca, sin embargo, es el aumento, en valor absoluto, de la «contribución negativa» de la demanda externa neta, que ahora es de -36.4%. La contribución de las exportaciones es de sólo 2.7% (véase Cuadro 3).


Este comportamiento no cambia cuando se analiza la contribución al crecimiento del PBI nominal de los componentes de la demanda interna y externa. En el año 2005 la demanda externa neta explica el 31.9% del crecimiento del PBI nominal. Este porcentaje baja a 25.0% en el año 2006 y a sólo 2.7% en el primer trimestre del año 2007. Asimismo, la tendencia de la contribución de las exportaciones es notoriamente decreciente: 58.7% en el 2005; 46.1% en el 2006; y, 32.8% en el primer trimestre del año 2007 (véase Cuadro 4). Estos datos revelan que durante todo el primer año del gobierno de Alan García la cuenta corriente de la balanza de pagos, en términos reales, se ha hecho más deficitaria. De otro lado, la tendencia a una clara disminución del superávit nominal de la balanza comercial de bienes y servicios, ya ha generado un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos del primer trimestre de este año, equivalente a -0.3% del PBI (véase Tabla 99 de la Nota semanal No 28 del 20 de julio).


¿Será transitoria la desaceleración del crecimiento de las exportaciones? ¿Surgirán nuevos proyectos en la minería tradicional o en otras actividades que impulsarán el crecimiento de las exportaciones a tasas que superen el aumento del producto por lo menos en los próximos cinco años y no en los próximos diez, como lo fue en el pasado reciente? No se puede responder a estas preguntas en forma taxativa. Sin embargo, si se toma en cuenta, por un lado, el escenario internacional y la apuesta que hizo este gobierno por la firma del TLC con Estados Unidos --una economía cuyo crecimiento de largo plazo es incierto-- y, por otro lado, el crecimiento de las importaciones a tasas que casi duplican el aumento del PBI, podríamos afirmar que, si las exportaciones no se recuperan de manera significativa o caen los términos de intercambio, el desequilibrio externo acompañará la gestión del gobierno actual.


Podrá decirse que, ante el debilitamiento de la demanda externa, la demanda interna sostendrá el crecimiento del PBI impulsada fundamentalmente por la inversión privada. Esta última, como se sabe, está creciendo, desde el año 2006 y en lo que va del año, a tasas cercanas al 20%. Hay que recordar que también al inicio del primer gobierno de Alan García, en los años 1986 y 1987, la inversión privada creció a tasas altas, mucho más altas que las que se registran actualmente: 38.8% y 26.7%, respectivamente. Lo que ocurrió después ya lo sabemos.
Es absolutamente claro que existe una correlación positiva entre las tasas de crecimiento de la inversión y del PBI (véase Gráfico). Pero, en realidad no es esta correlación, ni la magnitud de la tasa de crecimiento de la inversión, ni su tamaño relativo respecto al PBI, las que importan para discernir sobre la sostenibilidad del crecimiento a largo plazo. Lo que importa es la actividad o actividades económicas a las que se dirige esta inversión.


En efecto, durante los años de desarrollo industrial, es decir, de la construcción de capacidad productiva industrial, la inversión en Maquinaria y Equipo crece sistemáticamente. En el año 1954 representaba el 32.3% de la inversión bruta fija total y alcanza su máximo de 55.0% en el año 1974. Por lo tanto, durante todo este período, la participación de la inversión en construcción, decrece. En los años de crisis y de aplicación de las políticas neoliberales, la inversión total crece fundamentalmente impulsada por la inversión en construcción; por lo tanto, su composición cambia a favor de esta última. La creación de capacidad productiva mediante la inversión en Maquinaria y Equipo pierde importancia relativa no sólo porque las inversiones se dirigen básicamente a actividades minero extractivas, sino también porque las políticas que acompañan al crecimiento son contrarias al desarrollo del mercado interno.
En consecuencia, los choques externos favorables (buenos términos de intercambio) y/o el sector construcción, son los que impulsan el crecimiento y explican el ciclo del PBI, desde la década de los años ochenta. Lo poco que queda de manufactura no primaria después de la desindustrialización neoliberal, alcanza rápidamente los límites de capacidad cuando la demanda externa neta le «cede» el liderazgo del crecimiento económico a la demanda interna. La tasa de utilización de la capacidad instalada de la manufactura no primaria ha aumentado de 65.5% en el 2004 a 80% en mayo del presente año. Por otro lado, entre diciembre de 2004 y junio de 2007, los créditos bancarios totales aumentaron en 70.2%: de US$ 11 013 millones a US$ 18 741 millones.


Según el Banco Central de Reserva, el crecimiento del PBI de 7.6 durante el primer semestre del año se explicaría por el «avance de diversos sectores productivos, sobre todo por el crecimiento de la construcción». ¿Acelerará, el «boom» del crédito la reducción de la brecha de la producción no primaria hasta generar presiones inflacionarias antes del término del segundo año de gobierno de Alan García y poner, así, en aprietos al directorio del Banco Central? No es fácil responder a esta pregunta sin información acerca de la magnitud de los aumentos en la capacidad de producción de la manufactura no primaria. Sin embargo, lo que sí podemos afirmar es que la historia reciente de nuestro país muestra que el tipo de crecimiento descrito involucra ciclos de corta longitud que no hacen más que aumentar la volatilidad del PBI. Por otro lado, como mostraremos más adelante, las políticas macroeconómicas no han contribuido a sentar las bases para sostener el crecimiento por largos períodos.

Las políticas monetaria y fiscal
Las políticas económicas, y no sólo las condiciones iniciales, pueden acelerar o retardar el crecimiento económico. A partir de este convencimiento evaluamos lo que ocurrió durante el gobierno de Toledo, destacando, en primer lugar, la adopción de un nuevo esquema institucional de política monetaria que redujo las tasas de interés y recuperó el tipo de cambio real; en segundo lugar, la implementación del programa de creadores de mercado de deuda pública interna y de un programa de reperfilamiento de la deuda, que permitieron prepagar sustituyendo deuda externa por interna, alargar la vida media de la deuda pública y reducir el porcentaje de deuda pública a PBI. Con ello se contribuyó a la sostenibilidad de las cuentas fiscales, reduciendo los riesgos de refinanciamiento y de mercado (cambiario y de tasas de interés); al desarrollo del mercado de capitales en soles; y, a la desdolarización del mercado financiero. No fue posible, sin embargo, introducir una regla fiscal contra cíclica y una «regla de oro» para la inversión pública que hubiera permitido, mediante inversiones en infraestructura, expandir y desarrollar mercados internos. Y, menos, ciertamente, fue posible introducir una reforma tributaria integral basada más en impuestos directos que en indirectos.


Este gobierno insiste en la política fiscal pro-cíclica; mantiene casi estancado el Fondo de Estabilización Fiscal (no llega ni al 0.5% del PBI) sin previsión para la fase recesiva del ciclo; no tiene un plan de inversiones públicas en infraestructura económica y social, con un objetivo de «ocupación del territorio» y desarrollo de mercados internos; y, lo que es peor, se ha renunciado a una auténtica reforma tributaria optando por el «óbolo» y los impuestos anti-técnicos. Pero, donde más destaca su carácter retrógrado, es en los cambios contraproducentes introducidos en la política monetaria. Mencionemos sólo algunos, para no repetir lo que ya mencionamos en otro artículo publicado en el primer número de esta revista.


En primer lugar, se ha acentuado las expectativas apreciatorias de nuestra moneda con las recurrentes declaraciones del presidente del directorio del Banco Central a favor de una mayor flotación del tipo de cambio. Si bien no se ha producido todavía una caída del tipo de cambio real (por las compras de dólares, en magnitudes notables, efectuadas por el Banco Central), las recientes presiones inflacionarias junto a la reducción de la brecha de la producción no primaria pueden conspirar contra su estabilidad. Considérese, además, que ya se registra desde el año 2006 una disminución de los volúmenes de nuestras exportaciones y que puede ser acentuada por la apreciación de la moneda local, alentada por la autoridad monetaria.


En segundo lugar, el actual directorio del Banco Central ha aumentado la remuneración al encaje en moneda extranjera de 2.5% a 3.25%, en tres armadas. De esta manera ha «premiado» --sin razón técnica alguna-- a los bancos comerciales con algo más de US$ 22 millones, por los dólares que están obligados a depositar en las bóvedas de la autoridad monetaria. Esta medida puede estimular la dolarización de los depósitos y/o de los créditos, aumentando la vulnerabilidad financiera de la economía, en lugar de reducirla.


En tercer lugar, la disminución de la meta inflacionaria a 2% y de sus límites inferior y superior a 1% y 3% respectivamente, erosiona la credibilidad del Banco Central. Con una inflación de 1.91% en lo que va del año, no habría sido necesario aumentar la tasa de interés interbancaria de 4.5% a 4.75% de haberse mantenido la meta de inflación de 2.5% y sus límites de 1.5% y 3.5%. El directorio del Banco Central le ha hecho «autogol» a su institución, afectando su reputación. Por otro lado, como era de esperarse, el impacto del incremento en la tasa interbancaria fue inmediato en el mercado de capitales: las tasas de interés de los bonos de mediano y largo plazo subieron entre 11 y 13 puntos básicos, antes de que el MEF colocara su bono de 30 años a una tasa de 6.9% para prepagar la deuda del Club de París. ¿Cuánto se hubiera ahorrado el fisco si la operación hubiera sido coordinada por el ministro de economía y el presidente del directorio del BCRP?

Conclusiones
Como habrá advertido el lector, el primer año de gobierno ha transcurrido sin «cambio responsable» alguno. Por el contrario, no hubo «piloto automático» en la economía, sino algunos «cambios contraproducentes», sobre todo en materia de política macroeconómica, cuyos efectos son todavía impredecibles.


El país necesita expandir y desarrollar sus mercados internos para sostener el crecimiento de largo plazo y, también, para sostener la ruta exportadora. Para ello es importante que el Estado contribuya a eliminar las restricciones de mercado y de financiamiento que enfrenta la inversión privada nacional. Este es el único modo de integrar a todos los peruanos, de conectar la economía con la geografía y la demografía del país, resolviendo los problemas de pobreza, subempleo y exclusión social. Pero también, es el único modo de construir una economía social de mercado abierta al mundo.


Para eliminar la restricción de mercado debe adoptarse un plan de infraestructura que incluya carreteras interoceánicas, vías longitudinales y transversales, aeropuertos regionales, puertos, electrificación, canales de riego, etc., pero con una perspectiva de «integración nacional» y de solución de las disparidades regionales. Y, para eliminar la restricción de financiamiento hay que fortalecer el mercado doméstico de capitales en soles, modificando o adecuando el marco regulatorio de la CONASEV y de las AFP, para que, entre otras cosas, las pequeñas y medianas empresas tengan acceso a financiamiento de mediano y largo plazos a tasas mucho más bajas que las que obtienen actualmente.









Publicado en la Revista Actualidad Económica, Año I No 2

Tuesday, January 09, 2007

La deuda de Alan García con el Perú:Qué debemos entender por «cambio responsable»

Nadie duda que las políticas económicas pueden retrasar o acelerar el crecimiento económico y, por lo tanto, empeorar o mejorar la calidad de vida de un país. Lo que ocurrió en el primer gobierno de Alan García es un trágico ejemplo del primer tipo de políticas: se atrasó el crecimiento económico y se empeoró la calidad de vida de nuestra población, al haber provocado una espectacular caída de su principal determinante: la productividad por trabajador promedio. Entre 1987 y 1990, esta productividad se redujo en 26% y el PBI per cápita en 30.2%. Como resultado de esta brutal contracción, los hogares por debajo de la línea de la pobreza pasaron de 16.9% a 44.3%; el consumo per cápita se redujo en 47% y las remuneraciones cayeron en 53%.
Alan García ha vuelto por segunda vez al gobierno bajo la promesa de un «cambio responsable». ¿Qué debe significar esta promesa si tomamos en cuenta el perjuicio que originó en su primer gobierno? Sus recientes medidas --austeridad, sanciones a los que incumplen las metas fiscales, formalización del óbolo de la mineras, shock (¿?) de inversiones, sierra exportadora, etc.-- y su obsesión por la legalización de la pena de muerte, descubren no sólo su medianía intelectual, sino también, como dice Alberto Adrianzén, la inconsecuencia respecto a sus ofertas hechas durante la campaña electoral (revisión del TLC, eliminación de la renta básica de la telefonía, regreso a la Constitución del 79, libre desafiliación de las AFP, etc.). Pero, lo que es peor, nada de lo que esta haciendo ahora Alan García permite aproximarnos a las políticas económicas que definirían su promesa de «cambio responsable». Lo que sí destaca en su actual gobierno, es la presencia de un comportamiento político amoral porque se ha formalizado el «cinismo político», al haberse cobijado en puestos importantes del Estado a connotados fujimontesinistas, varios de los cuales antes negaban calculadamente su pasado.
Para aproximarnos al significado económico que debería tener una genuina promesa de «cambio responsable», imaginemos que a un gerente que provocó importantes pérdidas en una empresa se le permite, después de cierto tiempo de «saneamiento», una nueva gestión bajo el compromiso de un «cambio responsable». Si aceptamos este supuesto absurdo (porque no ocurre en el mundo de los negocios privados), tendríamos que convenir que se le permitiría una segunda oportunidad sólo con el objeto de resarcir a la empresa de las pérdidas que originó, es decir, para pagar el daño que causó, pero sin afectar el rumbo de la empresa en las nuevas condiciones.
Aplicando esta figura a la promesa de «cambio responsable», tendríamos que exigirle al actual gobierno de Alan García que implemente un conjunto preciso de políticas para que, por lo menos, se recupere el producto per cápita perdido por la irresponsabilidad de su primera gestión gubernamental. Esto es fundamental para no confundir los resultados de su actual gobierno. Por lo tanto, si «cambio responsable» significa «pagar» esa pérdida, Alan García debería adoptar medidas para culminar su mandato con un PBI de 283,561 millones de soles y un PBI per cápita de 9,697 soles, ambos a precios de 1994. En otras palabras, el PBI debería crecer a una tasa de 12.3 % promedio anual durante los años 2007 a 2011 y el PBI per cápita a una tasa de 4.6% (que es la que en promedio se registró en los años 2003 a 2005). El gráfico que ilustra de manera elocuente este ejercicio se ha construido bajo el supuesto de un crecimiento del PBI durante los años 1987 a 1990 a la misma tasa de crecimiento de la población de esos años. En resumen, sólo con un PBI per cápita que en el 2011 sea mayor en 77.8% que el del año 2005, se habrá recuperado responsablemente lo que se perdió entre los años 1987-1990, sin alterar la senda de crecimiento de los últimos años del Toledismo.

Publicado en La República el 9 de enero de 2007

Tuesday, July 25, 2006

Democracia, Cambio Social y Oposición Política

La ex candidata de la derecha, Lourdes Flores, acaba de pedirle al próximo gobierno el control del BCR, del INDECOPI, de la SBS y de los organismos reguladores, para de esta manera –dice--, realizar una «oposición moderna». Su pedido se suma a la propuesta de modificación de la ley orgánica del BCR y a la ratificación del TLC por el actual Congreso de la República. Todos estos hechos, en conjunto, definen el rumbo económico y político que, según la derecha, debe adoptar el próximo gobierno. Para ello desarrollaron desde la segunda vuelta electoral, una campaña de descrédito de la oposición nacionalista, con la directa colaboración del gobierno de Toledo y de los medios de comunicación.

Hay continuidad en el carácter de los regímenes políticos de Fujimori y de Toledo. Aunque el primero fue un régimen de excepción que contó con los medios de comunicación como instrumento de «cohesión» social y política, ambos fueron regímenes de transacción con el poder económico transnacional. Peor aun, el gobierno de Toledo que nació de un proceso electoral democrático, frustró el proceso de transición a la democracia iniciado por el breve gobierno del Valentín Paniagua. En lugar de consolidar la democracia, Toledo gobernó, al igual que Fujimori, con la derecha neoliberal. Recordemos que en el siglo XIX los emisarios del gobierno de Washington venían a «presionar» por la liberación de los puertos, la disminución de aranceles o la firma de tratados comerciales; hoy, ese gobierno tiene a Toledo como su emisario «especial». Por otro lado, el crecimiento económico que exhibe Toledo como éxito de su gobierno, no le pertenece. El nuevo esquema institucional de política monetaria y el escenario internacional de precios favorables, son los que explican dicho crecimiento. ¿Habría crecido la economía si el BCR dejaba de intervenir en el mercado cambiario y aumentaba a 20% el límite operativo de las inversiones en el exterior de las AFP? Al respecto, es importante señalar que el ministro Pedro Pablo Kuczynski intentó varias veces copar el directorio del BCR con economistas neoliberales y que, ciertamente, no hizo nada destacable para reducir de la pobreza cuando se desempeñó como ministro de economía.

Mantener este es el tipo de régimen de transacción fue el objetivo de la conspiración de la argentocracia contra el nacionalismo en la segunda vuelta electoral. A los hechos mencionados anteriormente, hay que agregarle la aceptación de García Pérez de no renegociar los contratos de «estabilidad jurídica y tributaria» y de otros firmados violando los intereses nacionales, es decir, de no cambiar las reglas que impuso el fujimorismo económico. Como señalamos en otro artículo, se ha optado por la mediatización del cambio económico, social y político, es decir, se ha renunciado a promover una autentica justicia e integración social y, por lo tanto, a desarrollar la democracia en la sierra y la selva del país. Según el racista Pedro Pablo Kuczynski, «esto de cambiar las reglas, cambiar los contratos, nacionalizar que es un poco una idea de unas partes de los Andes, lugares donde la altura impide que el oxígeno llegue al cerebro, es fatal y funesto» (Gestión, 10 julio).

Estamos entrando entonces a un régimen político que no es de ruptura con el modelo neoliberal. El gobierno de Toledo permitió el cinismo como forma de reciclaje de los fujimontesinistas. Por eso Kuczynski fue capaz de afirmar que la economía crece porque se mantuvo «lo bueno de Fujimori». La perversión de la transición es la que hoy domina el escenario político. Este tipo de régimen obstaculiza la democracia concebida como «sistema para la dinámica de la sociedad, que exige una actitud proclive a la aceptación del cambio social». No hay transición a la democracia si se frena no sólo el progreso, sino el «el proceso lógico de cambio que la sociedad, como organismo móvil, suscita reiteradamente».

Por las razones anteriores, la oposición política nacionalista debe ser leal a la democracia como proceso de cambio social. Esta lealtad no se riñe con la confrontación a un régimen que no está dispuesto a «recibir lo nuevo y a darle una estructura formal mediante leyes». Confrontar, en este sentido, es «hacer audible» las propuestas de cambio ante el resto de los conciudadanos y ante el nuevo gobierno. Para entender a cabalidad este planteamiento, es importante reconocer que los países como el nuestro siguen lógicas económicas, sociales y políticas distintas a las de los de los países del centro. Estos tienen sociedades y economías más homogéneas. Por ello, en nuestros países el problema fundamental de la economía y de su desarrollo se encuentra en el tipo de orientación de la asignación de los recursos productivos. Y, el tipo de orientación que sigue dicha asignación de recursos, es el que determina la manera cómo se crece, cómo se acumula capital y, ciertamente, cómo se distribuyen sus frutos.

Publicado en el Diario La República

Tuesday, July 11, 2006

La conspiración de la argentocracia: BCR y TLC

Tres hechos caracterizan la coyuntura política actual: la arremetida oficiosa y mediática contra la oposición nacionalista; el proyecto de modificación de la ley orgánica del BCR impulsado por el APRA y la ratificación del TLC o Acuerdo de Promoción Comercial. Los dos últimos son parte, sin duda, del pago puntual a los grupos de poder que conspiraron contra el proyecto nacionalista, para hacer posible la elección del señor García Pérez. Curiosamente, analistas de canteras opuestas coinciden en culpar a Ollanta Humala de la polarización política de estos días, como si esta no hubiera sido fruto de la conspiración del dinero durante la segunda vuelta electoral. La cortedad de este punto de vista es evidente porque no toma en cuenta el editorial irrespetuoso e insidioso de El Comercio en contra de Ollanta ni el saludo del APRA al tránsfuga Carlos Torres Caro como ejemplo de valentía democrática.

¿Qué pretende el APRA y la derecha con la modificación de la Ley Orgánica del BCR? «Castigar» a sus actuales directores y abrirle el paso a un ex presidente con fama, pero poco calificado, para luego quitarle al BCR la facultad de fijar el límite operativo de las inversiones en el exterior de las AFP. El lector recordará que al inicio de la campaña electoral, en la segunda mitad del año pasado, la especulación de estas instituciones contra la moneda nacional fue parada en seco por el BCR y con serias pérdidas de dinero para ellas y sus cómplices. Se habló del efecto Humala y, cuando les salió «el tiro por la culata», se acusó al directorio del BCR de ser cómplice del nacionalismo. El APRA está jugando con fuego al querer disminuir las atribuciones de la autoridad monetaria en el mercado cambiario. Su ignorancia lo lleva a no reconocer que el crecimiento económico de los últimos años se debe, en gran parte, al nuevo esquema de política monetaria introducido en mayo del año 2002 por el actual directorio del BCR.

Por otro lado, ¿por qué el Congreso ratificó el TLC de madrugada, con un debate breve y a espaldas del pueblo? El lector recordará que en plena segunda vuelta del proceso electoral se restauró la argentocracia, heredera de los librecambistas del siglo XIX entre cuyos integrantes destacaban los comerciantes y cónsules extranjeros que abogaban, con la presión de los Estados Unidos, por la apertura de los puertos y la firma de tratados comerciales. La bancada aprista del Congreso tenía que pagar los servicios conspirativos de la nueva argentocracia y de sus medios de comunicación contra el nacionalismo.

García Pérez faltó a su palabra al apoyar una ratificación que, al igual que el pacto infame APRA-UNO, mediatizará el cambio social y económico que enarboló el nacionalismo. Se ratificó una evidente expresión de engaño al pueblo, porque desde el inicio se mintió. Se dijo que no firmarlo significaría la pérdida de un millón de empleos formales y de 5 millones de dólares de exportaciones a los Estados Unidos, pues en diciembre culminaría el ATPDEA. Nada de esto fue ni es verdad. Con una PEA ocupada de 13 millones 367 mil personas, un tasa de subempleo de 65 %, un 20% del empleo ubicado en el sector exportador y coeficientes sectoriales de empleo iguales, el número de puestos de trabajo formales generados por las actividades exportadoras (tradicionales y no tradicionales) asciende a 930 mil personas. De este total, 279 mil empleos adecuados corresponden a las exportaciones no tradicionales y solo 116 mil pertenecen a las exportaciones no tradicionales dirigidas al mercado de los Estados Unidos. Por lo demás, si con el ATPDEA se duplicaron las exportaciones y el empleo, entonces se habrían creado únicamente 58 mil puestos de trabajo adecuados y no el millón que divulgaron para «persuadirnos» de las bondades del TLC. Se mintió igual cuando se dijo que perderíamos 5 mil millones de exportaciones a los Estados Unidos. Esta cifra corresponde al total de las exportaciones dirigidas a ese mercado, de las cuales solo el 36% corresponde a las exportaciones no tradicionales.

El TLC entrega nuestro mercado interno a productos agrícolas subsidiados de manera permanente por el gobierno norteamericano. Frente a ellas, las compensaciones aprobadas por el Congreso de nuestro país, son ridículas (112 millones de soles anuales y solo por un lapso de 5 años, para el algodón, el maíz amarillo duro y el trigo). El enfoque estático adoptado no toma en cuenta las sustituciones en la producción y el consumo que generaría la libre importación de productos norteamericanos y que, a la larga, atentaría contra la seguridad alimentaria de nuestro país.

Por último, el TLC es más que un acuerdo de promoción del comercio, porque incorpora temas que no han sido motivo de acuerdos en las negociaciones dentro de la OMC como propiedad intelectual y patentes, solución de controversias y tratamiento de inversiones. En especial, el capítulo de inversiones limita la capacidad soberana del Estado para dictar normas tributarias o para exigir requisitos de desempeño a las empresas transnacionales, so pena de ser demandado en los tribunales internacionales con el argumento de «expropiación indirecta» por supuestamente habérseles afectado sus expectativas de ganancia futura. El TLC, por lo tanto, bloquea la posibilidad de un cambio en el modelo de crecimiento y desarrollo de nuestro país, al atarnos a la dinámica de la economía norteamericana cuyo futuro, por lo demás, no es nada promisorio.

Diario La República

Friday, June 02, 2006

La reedición del pacto infame APRA-UNO

La primera vez que en nuestro país se efectuaron elecciones en pleno crecimiento económico y con una población que exigía transformar el modelo primario exportador, fue al inicio de la década de los años 60. En 1959 se había promulgado la ley de industrialización y la economía crecía por encima del 8% anual. Fueron elecciones accidentadas. Ganó Fernando Belaúnde Terry, fundador de Acción Popular, en nuevas elecciones convocadas por un gobierno militar surgido de un contragolpe de Estado. Pero también fueron los años del primer pacto infame del APRA con la derecha. Se aliaron con la Unión Nacional Odriísta (UNO) para enfrentar al líder acciopopulista durante todo su gobierno. Boicotearon su propuesta de colonización vial que favorecía la incorporación al mercado interno de vastas tierras a la agricultura y que, en perspectiva, apuntaba a la interconexión sudamericana. ¿Se acuerdan de la marginal de la selva y de su versión ampliada, la unión vial de países vecinos para alcanzar la integración del continente? Además, aliados al capital financiero de la época, la coalición APRA-UNO imposibilitó la revolución del crédito cuyo objetivo era expandirlo orientando el ahorro interno hacia el desarrollo nacional.

Se creó así una industria incapaz de articular la economía y el mercado internos, y de modificar la composición del comercio exterior. En el interior del país, particularmente en las regiones más apartadas, se sufrió este abandono: crecieron la pobreza y la migración, pero también la desesperanza y el rencor que posteriormente sirvieron de caldo de cultivo para la subversión terrorista. Esa industria, surgida de la transacción y la componenda, después parasitó y exigió una alta protección efectiva de los gobiernos militares de Velasco y Morales Bermúdez. El efecto negativo de la coalición APRA-UNO sobre el Desarrollo Nacional fue después exacerbado por el irresponsable y corrupto gobierno alanista de 1985-1990, cuyas consecuencias, ahora, muchos de sus antiguos críticos no quieren recordar: se redujo el PBI per cápita y la producción industrial en 30%; se destruyó la capacidad adquisitiva del salario; y, aumentó la pobreza de 16% a 45% y el subempleo de 42.4% a 73.1%.

Ahora, a pocos días de la segunda vuelta electoral, Alan reedita ese pacto infame. Como el aprismo lo hizo, primero, durante la “convivencia con el pradismo”, y después, con la “superconvivencia con Odría”, el alanismo aprista de hoy pacta con la mafia fujimontesinista. Este es, además de una capitulación ante los representantes del entreguismo y del mercantilismo neoliberal, un pacto de impunidad. Así como el pacto APRA-UNO pervirtió el proceso de industrialización, este nuevo pacto infame pretende castrar el reclamo de transformación del modelo económico neoliberal que la amplia mayoría de la población expresó con su voto en la primera vuelta electoral.

Durante casi 45 años perdimos la oportunidad de crecer construyendo país. No permitamos que el alanismo prolongue este drama histórico. Las propuestas del alanismo (bajar el SOAT, desaparecer los services que su propio gobierno creó, apoyar la libre desafiliación de las AFPs, bajar tarifas públicas, titulación, etc.) tienen como objetivo crear la sensación de un «cambio responsable» para que nada cambie. El alanismo, al igual que la derecha neoliberal, acepta el TLC negociado con EEUU; rechaza la nacionalización del Estado y de las actividades estratégicas; y, por lo tanto, renuncia a la construcción de un Estado soberano y de una economía nacional.

Pero la reedición del pacto infame también impedirá la cura Moral de nuestro país. Para el alanismo aprista la lucha contra la corrupción no es una política de Estado. Por eso advertimos que este nuevo pacto infame va a impedir --ya lo está haciendo-- que la decencia se instale definitivamente en todos los peruanos como el supremo valor moral de la política y de las relaciones sociales y personales.

Diario La República

Thursday, December 29, 2005

Perú: ¿el fin de la hegemonía neoliberal? (final)

En materia de salud seguimos atrasados: los hospitales no han renovado su equipo ni han incrementado su capacidad para atender la demanda creciente. Pero en medio de este panorama desolador, por primera vez en la historia moderna del Perú, la economía y el empleo crecen más en provincias; y la pobreza disminuye, muy poco es verdad, pero más allí donde el neoliberalismo meteco envileció la moral de los excluidos.

Estos problemas sociales constituyen la herencia pesada del fujimorismo y, ciertamente, también su límite social que hoy, con la aparición en el escenario político de un discurso y movimiento nacional y popular, se convierte en su límite político, en el inicio del fin de la hegemonía política del neoliberalismo. Y, por la dialéctica de los procesos sociales, en ese límite del neoliberalismo se encuentra la base social de aquel movimiento que tiene la obligación de soldar la democracia con el desarrollo nacional y de refundar la política mediante una agenda de crecimiento integrador del país. En el Perú actual, lo dijimos hace ya varios meses, esto implica basar la concepción del desarrollo nacional en ese nuevo modo de crecer y acumular capital.

Valor moral de la política

Pero para que no se trunque esta nueva oportunidad de desarrollo nacional integrador, hay que culminar la transición política hacia la democracia, practicando la decencia y combatiendo la indecencia. La transición política a la democracia se pervirtió durante el gobierno de Toledo. Este alimentó la práctica del cinismo como forma de negación de su fujimorismo en todos aquellos que apoyaron al dictador o actuaron como sus cómplices. El país necesitaba de una cura moral, de la práctica de la decencia como el "supremo valor moral en toda clase de relación –personal, social, política y profesional". Sin embargo, nada de esto ocurrió, pues en el propio seno del gobierno de Toledo se ubicaron aquellos que colaboraron con el sátrapa, que practicaron la hipocresía o afectaron sin pudor los intereses nacionales. El típico operador del fujimorismo económico y político es el primer ministro actual. Es el que dijo que "la economía crece porque se mantiene lo bueno del fujimorismo". Y, es el mismo que apela a la ética para criticar la licencia, totalmente legal, de Gonzalo García Núñez, candidato a la primera vicepresidencia en la plancha de Ollanta Humala. Ese operador del "fujimorismo", hoy encarnado por el partido Unidad Nacional, ese "experto en negocios", que imagino no conoce las fronteras de lo nacional, sabe que está infringiendo la ley y la moral, pues como primer ministro del gobierno tiene la obligación de garantizar la pulcritud del proceso electoral. Los adjetivos que usó contra García Núñez nos parece la revelación de que los "plagiarios" como él ya sienten el fin, ahora en la política y en la moral, de la hegemonía neoliberal.

Diario La República

Wednesday, December 28, 2005

Perú: ¿el fin de la hegemonía neoliberal? (I)

El propósito de este artículo no es analizar los cambios en el escenario político de la región y su influencia en nuestro país. Ciertamente estos cambios tienen importancia, y bastante; pero, para ponderar su efecto dentro de nuestras fronteras, es preciso evaluar lo que ha ocurrido y está ocurriendo en nuestro país en los últimos cinco años, es decir, en el período posterior a la década fujimorista del envilecimiento. Es este el objetivo de este artículo. Empezaremos dando cuenta de los cambios en la economía y terminaremos describiendo lo que está en germen en el campo de la política y la moral.

Fujimorismo y economía

El fujimorismo económico utilizó la apertura indiscriminada del comercio y el atraso cambiario como instrumentos antiinflacionarios. Su política monetaria alentó la dolarización del sistema financiero y su política fiscal procíclica conspiró contra la inversión pública.

Los neoliberales de los noventa tuvieron la suerte de contar con un escenario internacional, con el clima y con flujos de inversión extranjera que favorecieron el crecimiento de la producción primaria. Por su parte, la producción de no transables –como la del sector construcción– se expandió con el relativo abaratamiento del crédito por la masiva entrada de capital extranjero de corto plazo en forma de pasivos internacionales del sistema bancario. Así se reprimarizó y dolarizó la economía, haciéndola más vulnerable a los shocks externos.

La hegemonía de este modelo económico terminó cuando, al disminuir la liquidez por efectos de la crisis financiera internacional de 1998-1999, la economía entró en recesión. La presión al alza del tipo de cambio y el encarecimiento del crédito afectaron la capacidad de pago de las empresas endeudadas en dólares y con ingresos en soles, poniendo al sistema financiero dolarizado al borde de una crisis general de deuda.

Con la ruptura de la "cadena de pagos", el modelo económico neoliberal entró en una crisis terminal que reveló sus límites tanto en el patrón de acumulación y estructura del aparato productivo configurados por las políticas neoliberales, como en la inoperancia de su política macroeconómica para combatir la recesión económica.

Con el triunfo de la democracia surgió una nueva manera de crecer y acumular capital impulsado por una nueva política macroeconómica. En mayo del 2002 el BCRP introdujo un nuevo esquema institucional de política monetaria que contribuyó a modificar la estructura de precios relativos a favor de la producción no primaria orientada al mercado interno y externo.

El MEF implementó un programa de reperfilamiento de la deuda externa y un programa de desarrollo del mercado de deuda pública doméstica, tanto para asegurar la sostenibilidad de las cuentas fiscales reduciendo sus riesgos de mercado y refinanciamiento, como para fortalecer el círculo virtuoso entre el ahorro, la inversión local y el crecimiento económico mediante la expansión del mercado de capitales en moneda local. Todo esto se hizo sin la participación, directa o indirecta, del ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski y a contrapelo de su conspiración contra la nueva política macroeconómica.

Para muestra, un botón: en febrero del 2002 él aumentó el riesgo de refinanciamiento de la deuda pública, al sacar del mercado bonos Brady con tasas de interés bajas y que vencían en los años 2017 y 2022, y colocar, en su lugar, bonos globales con tasas de interés más altas y que vencen en el 2012. Además, desde que empezó su segunda gestión como ministro de Economía, hizo y aún sigue haciendo lo posible para cambiar la correlación de fuerzas en el directorio del BCRP apelando a la ética que él no practica.

Sobre el neoliberalismo

El patrón de crecimiento actual, lo hemos dicho, es distinto al neoliberal porque está creando mercados internos; está incorporando al mercado a la población pobre y provinciana del país; está avanzando hacia adentro sin cerrarse al mundo y sin crear déficit externos ni presiones inflacionarias; ya no es adicta al dólar; y, su financiamiento no depende de los flujos de capitales extranjeros. Pero, debido al corto período de crecimiento (52 meses) no han aumentado significativamente los puestos de trabajo ni ha mejorado la calidad del empleo; tampoco han aumentado los ingresos. La calidad de vida de la mayoría de la población no ha mejorado, el sistema educativo está en crisis. (Continúa mañana).

Diario La República