Monday, May 22, 2000

Política económica del gobierno ha conducido al país al borde del precipicio

Según el economista Felix Jiménez, el régimen actual ha prefirió mantener la salud del sistema bancario, sin importarle el alto nivel de desempleo y el cada vez mayor deterioro de la vida de millones de peruanos. Esta situación podría cambiar radicalmente si se apuesta por una agresiva política de generación de empleo con imaginación y calidad profesional, que permita minimizar el costo social.

¿Qué significa adoptar una política de empleo en el Perú dehoy?.
Significa rechazar el régimen de política económica fujimorista impuesta durante diez años. ¿Por qué?, preguntará usted estimado lector. Le ruego sea paciente y lea desapasionadamente el texto que sigue. Es verdad que la ciencia y la política económica son controvertidas. Pero, justamente por esta razón, este texto está sujeto a su critica y rechazo si el rigor de su contenido y su grado de objetividad son débiles.

¿Fue beneficiosa la disminución de la inflación?.
En varias oportunidades hemos dicho que no. Primero porque se utilizó y se sigue utilizando el tipo de cambio como uno de los principales instrumentos antiinflacionarios. El resultado fue un atraso cambiario espectacular que afectó la competitividad de las actividades de exportación no tradicional y bloqueó, por lo tanto, la posibilidad de expandir los ingresos y el empleo en forma sostenida. El tipo de cambio real de los últimos diez años se mantuvo en un promedio equivalente a sólo el 44.5% de su nivel registrado en julio de 1985. El programa antiinflacionario fujimorista configuró, de este modo, una estructura de precios relativos favorable a la producción primaria, sin valor agregado, y con escasa capacidad de generación y multiplicación de puestos de trabajo.

En segundo lugar, porque la disminución de la inflación se hizo a costa de acrecentar el desequilibrio externo. No se diversificaron las exportaciones. Estas siguen siendo fundamentalmente primarias, y las importaciones crecieron por encima de las exportaciones dando lugar a déficit comerciales en todos los años del régimen fujimorista. Este déficit se acrecienta, como antes, en los períodos de crecimiento, pero no desaparece en las fases de recesión.

La trampa fujimorista de la recesión
Por otro lado, con la política económica fujimorista se dolarizó el portafolio bancario. Los depósitos y los créditos en dólares se mantuvieron durante los últimos diez años entre el 70 y 80% de sus respectivos totales. Así, la manera como se bajó la inflación, la política monetaria incapacitada para abaratar el crédito, la política fiscal orientada a servir la deuda externa y la dolarización del sistema bancario, condujeron a la economía hacia la trampa de la recesión. El fujimorismo fue incapaz de sentar las bases de un crecimiento económico sostenido, a largo plazo.

Los cuatro años de crecimiento (1993, 1994, 1995 y 1997) que los fujimoristas exhiben como logro, no fue el resultado de sus políticas de reformas y de estabilización. Con la llegada del capital extranjero a partir de 1992, el crédito bancario se abarató. Los bancos se endeudaron a corto plazo sin restricción tributaria o de encaje alguno, para luego prestar en dólares a las empresas domésticas. El lector debe saber, además, que cerca del 80% de estos préstamos domésticos en dólares fue otorgado a empresas cuyos ingresos provenían de ventas en el mercado interno, por lo tanto, son ingresos que están denominados en soles. Con estos créditos y las inversiones extranjeras en los sectores primarios, la economía creció a corto plazo. Pero, la paralización del flujo de capitales extranjeros resultante de la crisis financiera internacional (originada en Asia y en Rusia) reveló la precariedad de este crecimiento. La trampa de la recesión fujimorista se mostró en toda su magnitud.

El costo de la estabilización sobre el crecimiento a largo plazo
No es casual que los fujimoristas insistan en las reformas de segunda generación, en la perfección de la legalidad para facilitar la inversión extranjera, en la continuación de las privatizaciones, es decir, en todo tipo de factores exógenos a sus propias políticas macroeconómicas para salir de la recesión. Los fujimoristas rezan para que regrese el capital extranjero en forma de créditos, como antes, y de inversión extranjera. Pero el escenario internacional actual, con la tendencia al alza de las tasas de interés en los mercados externos, conspira contra los efectos de estos rezos. La trampa de la recesión a que nos condujo el neoliberalismo fujimorista sólo puede superarse con la fe en el retorno del capital extranjero.
En consecuencia, no es difícil imaginar, estimado lector, que las políticas macroeconómicas del fujimorismo han conducido al país al borde del precipicio. La crisis que se desate en el futuro con el actual presidente reelegido o con uno nuevo, debe cargarse enteramente al régimen de política económica fujimorista. Este y no otro es el responsable de haber generado una contradicción o un dilema entre la estabilización de corto plazo y el crecimiento de largo plazo.

El dilema entre crisis y crecimiento a largo plazo
En la economía globalizada actual, abierta y de mercado, no se puede crecer generando empleo bajo un régimen de tipo de cambio fijo, o sin incremetar el tipo de cambio real. Sólo el crecimiento liderado por las exportaciones con valor agregado, o, en otras palabras, por las exportaciones no tradicionales, puede asegurar la eliminación de la pobreza, el aumento de los ingresos y la generación de puestos de trabajo sostenibles en el tiempo. El tipo de cambio puesto al servicio de la producción y del empleo es la pieza fundamental de una nueva estructura de precios relativos para asegurar el crecimiento a largo plazo.

Pero el régimen de política económica fujimorista ha cerrado esta posibilidad. Si aumentara el tipo de cambio real en las actuales circunstancias, aumentaría la cartera incobrable de los bancos y se precipitaría una crisis financiera. ¿De qué sirve en estas condiciones haber bajado la inflación?. El lector comprenderá ahora por qué decimos que el gobierno actual ha optado por mantener la salud del sistema bancario, sin importarle el desempleo, el subempleo, la desindustrialización y el deterioro de la calidad de vida de la mayoría de la población. En consecuencia, ha apostado sólo por factores económicos exógenos para salir de este dilema.

¿Crecimiento económico o salud del sistema financiero?
El crecimiento en los dos últimos años de los depósitos del gobierno en el sistema bancario, constituye una muestra de que la reactivación y el crecimiento no son compatibles con la salud de este sistema, y no son posibles prácticamente sin la ayuda del capital extranjero, en el esquema neoliberal actual. El gobierno fujimorista nos ha "regalado" una bomba de tiempo. Cuando ésta estalle, el lector avisado no podrá echarle la culpa al régimen aprista anterior. Si los ruegos oficialistas por el retorno del capital extranjero no rinden frutos, las posibilidades de crecimiento a largo plazo de la economía estarán cerradas. El ofrecimiento del candidato presidente de aumentar el empleo será así otra farsa más entre las muchas de las que ya nos tiene acostumbrados.

Por otro lado, la oposición de Perú Posible debe responsablemente informar al país, que en las actuales condiciones optar por una agresiva política de generación de puestos de trabajo es "romper los huevos" de la política económica fujimorista. Hay que informar al país que, si el mecanismo más importante para aumentar sostenidamente el empleo y diversificar las exportaciones es incrementando el tipo de cambio real, es necesario primero desdolarizar el sistema financiero. Hay un costo que se tiene que pagar. La minimización de este costo y la identificación de quién tiene que pagarlo es un asunto de imaginación y calidad profesional. Los neoliberales están incapacitados. Ellos suelen optar por las medidas más fáciles y al margen de las grandes mayorías.



Publicado en el diario La Repúbliac el 22 de mayo del año 2000

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